1 may
2012

Una breve historia de los derechos laborales

El Cuarto Estado (el proletariado), cuadro de Giuseppe Pellizza da Volpedo

El reparto del trabajo ha sido una constante en la organización colectiva de los seres humanos. Ya en las sociedades más primitivas, unos cazaban y otros recolectaban, unos buscaban agua, otros, refugio.  Poco a poco, el reparto se fue sofisticando y empezaron a surgir las primeras profesiones. Y con ellas, las primeras desigualdades. Incluso antes de que nacieran las ciudades, las jerarquíías se habí­an consolidado y unos trabajaban para otros, a menudo considerados como simple fuerza de trabajo y no como personas. Ya entonces, surgió una conciencia de los abusos laborales y, por ejemplo, en el antiguo Egipto se han encontrado indicios de la primera huelga de la historia, en la que los trabajadores se negaron a seguir construyendo la tumba de Ramsés III.

Los romanos iniciaron una regulación más concienzuda del trabajo y su huella perdurará durante toda la Edad Media como un sistema que reflejaba principalmente el contrato que existía entre el trabajador y el empleador, que a menudo era además su dueño o su señor. Aunque la relación era muy desigual, ya se observaban entonces algunos derechos o contrapartidas que el empleador tení­a que dar a su trabajador, como la protección o el alimento. Las pocas profesiones liberales que existían se organizaban en rí­gidos gremios que decidí­an la mayor parte de los factores de producción, pero que también serví­an como asociación de mutuo socorro. En las ciudades, y en algunos casos en el campo, se dieron algunas rebeliones que a menudo teníían que ver más con el precio de los alimentos que con los derechos del trabajador.

Para que se pudieran dar los primeros pasos definitivos hacia un derecho del trabajo tuvo que llegar antes un poderoso agente de presión: la conciencia de clase. Será la Revolución Industrial la que hacinará a miles de trabajadores en fábricas mugrientas y les convencerá de que todos luchaban por la misma causa. Nacen así­ los primeros movimientos sindicales en Inglaterra y el fenómeno del cartismo y el luddismo. Al mismo tiempo, Karl Marx y Friedrich Engels daban forma a su “Manifiesto Comunista” que se publicará por primera vez en 1848 y que supondrá un antes y un después en el movimiento obrero. La I Internacional (Asociación Internacional de Trabajadores) no tardará en llegar (1864), aunque algunos países, como Inglaterra, ya habí­an concedido los primeros derechos, como la prohibición de emplear a menores de 9 años o el derecho de asociación.

El nacimiento de la Seguridad Social

Fue Alemania, sin embargo, quien dio el principal paso al establecer el germen de la Seguridad Social con la Ley del Seguro de Enfermedad de 1883. Después llegará la Ley de Seguro del accidente de Trabajo (1884) y el Seguro contra la Invalidez y la Vejez (1889). El principal objetivo era tranquilizar a los revueltos trabajadores y evitar una revolución socialista, ideología que habí­a captado numerosos adeptos. A partir de 1890, otros países europeos comenzaron a tomar medidas similares, pero la seguridad social no se extenderá hasta después de la Segunda Guerra Mundial gracias al impacto del “Informe Beveridge” (1942), que consideraba por primera vez que los servicios sociales básicos eran una responsabilidad del Estado.

Además de la protección, una de las principales reclamaciones fue la reducción de la jornada laboral, que podía alcanzar fácilmente las 14 o 15 horas diarias, incluso para los menores. Precisamente fue una gran huelga celebrada en Estados Unidos el Primero de Mayo de 1886 para pedir una jornada laboral de 8 horas la que dio lugar al Dí­a Internacional del Trabajo.

La Declaración de Derechos Humanos y los esclavos modernos

Pero la confirmación definitiva de que el trabajo digno es un derecho fue su inclusión en la Declaración de Derechos Humanos, aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1948.

Artículo 23

  1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.
  2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.
  3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así­ como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.
  4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.

Artíículo 24

Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.

Pero aún queda mucho para que esos dos artículos sean un realidad. Aunque la esclavitud está prohibida en la mayor parte de los paí­ses, el especialista en este fenómeno Siddharth Kara calcula que 29 millones de personas en el mundo aún la padecen. Y aunque muchos otros no están sometidos a condiciones de esclavitud, su salario dista mucho de una “remuneración equitativa”. La Organización Internacional del Trabajo asegura que un 30 por ciento de los trabajadores son pobres (con diferentes umbrales según el país de origen), es decir, 910 millones de personas. La crisis ha dejado además a 200 millones de personas sin empleo. Al mismo tiempo, se ha observado un incremento de las desigualdades sociales, tanto en países occidentales como en desarrollo.

El consumo ha sido la base de este modelo productivo y, desde Carro de Combate, creemos que puede cambiarse precisamente desde el mismo consumo. Saber qué se está comprando, de dónde procede y a dónde va cada céntimo que se gasta es fundamental para cambiar el ciclo. España es un buen ejemplo de lo rápido que pueden perderse unos derechos laborales que han tardado siglos en obtenerse. No dejemos que nos los sigan quitando.
faldon_mecenas

  • vicente

    Muy interesante artí­culo.
    Mi pregunta es: ¿Cómo pueden estos derechos hacerse valer en todas las partes del mundo?. “Occidente” ha luchado mucho por estos derechos y después de mucho esfuerzo las presiones del precio estí¡n desbaratando este sistema porque ¿Cómo haremos para “competir” en un mundo donde unos intentan cumplir al menos los derechos conseguidos mientras que en otros lugares estos se destrozan? El mercado al final manda y por eso es tan importante el consumo con sentido. Si un zapato es elaborado con salarios dignos, materiales pagados a su coste real, seguridad en las fí¡bricas, sanidad en el puesto de trabajo, derechos de descanso y ese mismo zapato estí¡ fabricado sin tener en cuenta esos derechos. ¿Cuí¡l serí¡ mí¡s barato? ¿Cómo saber esto para decidir a la hora de comprar?.
    Se juega en un mercado con reglas de juego muy diferentes e infelizmente el consumidor no se cree el poder de cambiar las cosas que tiene en cada acto de compra. Debemos seguir luchando con los gobiernos para que no se olviden de los derechos de los trabajadores pero también como ciudadanos tenemos una oportunidad al comprar de hacerlo saber. La demanda hace la oferta…. Hay que seguir trabajando para que esos derechos de los que hablar el artí­culo se den en todo el mundo y en algunos lugares no se pierdan.
    Por otro lado…. os animo a hacer otro artí­culo/post sobre los “deberes” que de eso se habla poco… ;o)
    Un abrazo y gracias!

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  • JEREMIAS

    EXCELENTE