¿Por qué arden los bosques de medio mundo y qué podemos hacer (1/2)?

La Amazonia está ardiendo. Y no es el único bosque del mundo que está siendo pasto de las llamas. Canarias, Siberia o California, también han sido víctimas, como explica este artículo de Climática. O en el Congo, como recuerda Bloomberg. O Indonesia, como nosotras mismas explicábamos también en Climática. Pero aunque el interés por este fenónemo ha aumentado este verano, lo cierto es que no es algo nuevo.

En nuestra investigación sobre el aceite de palma, ya explicábamos que estos incendios llevan décadas produciéndose en Indonesia y hablábamos de cuáles son las razones que están detrás: desde la apertura de nuevas plantaciones de aceite de palma y pulpa de papel a la propia composición inflamable del suelo. Por su parte, la iniciativa Global Forest Watch Fires, del World Resources Institute, explica que los incendios tampoco son una novedad en Brasil y de hecho, este año no es el que más incendios ha registrado de momento en la última década (aunque sí que apuntan a que están más concentrados en zonas de la Amazonía):

Sin embargo, tanto en el caso de la Amazonía como en el de Indonesia, quizá una de las peores noticias sea que se ha roto una tendencia a la reducción de los fuegos que se había mantenido durante los últimos dos años (tres en el caso de Indonesia). Aunque, como ya explicábamos en Climática, a menudo estas reducciones se deben más a situaciones circunstanciales (precios internacionales de las materias primas y climatología) y menos a la voluntad política, aunque también tenga un impacto importante.

Y esto nos lleva directamente al quid de la cuestión: ¿Por qué hay picos como estos en los ciclos de incendios y deforestación?

En primer lugar, veamos cómo se ha comportado la deforestación durante los últimos años y su relación con los incendios. Mirando los datos del World Resources Institute, vemos que, aunque durante los dos últimos años se había dado una desaceleración de la deforestación, lo cierto es que aún era muy elevada. De hecho, tras 2015 se han registrado los peores datos en cuanto a deforestación desde principios de siglo, aunque siguen sin ser tan elevados como los de los años 80 y 90. Pero estamos dando pasos atrás. Y las gráficas corresponden solo a bosque primario. Hay también grandes cantidades de deforestación en bosque secundario, ya degradado por la intervención del hombre pero aún con un alto valor ecológico, que son también preocupantes. Por otra parte, como se ve en el mapa que incluimos más abajo sobre la distribución de los bosques y los cambios en el suelo, y que acompañaba a este artículo en Nature (en inglés), también ha habido reforestación. Sin embargo, la reforestación es, como pone de relieve el artículo, un asunto mucho más complejo de lo que a menudo se presenta y cuyos beneficios ecológicos aún no están bien estudiados.

 

Curiosamente esos pasos atrás comenzaron a darse poco después de que Naciones Unidas propusiera en septiembre de 2014 la Declaración de Nueva York sobre Bosques por la que 40 gobiernos, 20 entidades subnacionales y 57 multinacionales (además de organizaciones varias) se comprometieron a terminar con la pérdida de bosque natural antes de 2030. En concreto, las empresas multinacionales se comprometían a eliminar la deforestación de sus cadenas de valor (es decir, que las materias primas que utilizan estén libres de deforestación) en 2020. ¿Hay un efecto oportunista para conseguir el mayor número de tierras antes de que cumpla el plazo? Es difícil saberlo, porque el compromiso no es obligatorio y la única consecuencia va a estar relacionado con la imagen de estas empresas.

 

¿Y qué tienen que ver los fuegos en todo esto? Como ya explicamos en nuestra investigación sobre el aceite de palma, la quema de bosque es la forma más rápida de limpiar el suelo y de preparar para luego poder plantar. Se ha practicado desde que existe la agricultura y prácticamente en todas las regiones del mundo, aunque en algunas haya dejado de practicarse. Es muy controvertida por su alto impacto medioambiental, aunque en algunos casos se ha defendido que se puede practicar de forma responsable. Por otra parte, tal y como pone de relieve este artículo en The New York Times, a menudo los fuegos se dan dentro de plantaciones, y no directamente en el bosque, aunque pueden descontrolarse y acabar afectando a otras áreas.

¿Y para qué se utiliza ese suelo que se ha limpiado con los fuegos? No hemos encontrado estudios concretos que relacionen el suelo quemado y el uso que después se le da aunque, sí hay datos para casos concretos. Por ejemplo, Greenpeace publicó un informe tras los grandes fuegos en Indonesia en 2015 en los que un 20% de los incendios tuvieron lugar dentro de las concesiones para plantaciones de papel, mientras que el 16% se dieron en plantaciones de aceite de palma.

Si hablamos de deforestación en general, la información es más amplia. Así, según un estudio publicado en Science en 2018, la mayor parte de la deforestación (un 27% del total) está relacionada con la industria agrícola comercial y la producción de materias primas como la soja o el aceite de palma, especialmente en América Latina y el Sudeste Asiático. Aquí se incluiría también la producción de carne (tanto tierra destinada para soja y otros ingredientes de los piensos como deforestación para pastos) que se ha mencionado en buena parte de las notas sobre las causas de los fuegos en el Amazonas. Este tipo de deforestación es especialmente dañina porque la conversión es generalmente permanente. Hablaremos algo más sobre esto en la segunda parte del artículo, y en mayor profundidad en un libro que vamos a publicar en los próximos meses sobre el modelo imperante de monocultivo y sus impactos socioambientales.

El segundo agente de deforestación (26%) es la silvicultura que provoca cambios en la masa forestal dentro de los bosques, pero en los que se espera que haya una recuperación. Por tanto, el daño ecológico es más limitado. En tercer lugar está la agricultura itinerante (24%), donde puede haber una recuperación o no del bosque, según las prácticas desarrolladas, y por último, los incendios forestales (no se incluyen los fuegos provocados para preparar las plantaciones), que son especialmente importantes en América del Norte, Rusia y Oceanía.

Por último, no olvidemos que, aunque Brasil, la República Democrática del Congo e Indonesia es donde hay mayor deforestación (en general porque hay mayor bosque disponible), no son los únicos lugares donde se produce y ni siquiera donde la tasa crece de manera más rápida. Ghana, Costa de Marfil y Papua Nueva Guinea están incrementando su tasa de deforestación de forma alarmante.

 

Dada la complejidad de este tema, esta primera parte se centra en el problema general de la deforestación y su relación con los fuegos como el del Amazonas. En la segunda parte nos centraremos en qué podemos hacer los consumidores para ejercer presión a aquellos sobre los que debe recaer la responsabilidad primaria,  empresas y gobiernos que se benefician directamente de estas políticas. Estad atentas.

Recuerda además que en Carro de Combate dependemos de nuestros mecenas para realizar nuestras investigaciones y poder documentar casos como este sobre el terreno. Si quieres ayudarnos a que podamos seguir realizando este trabajo, puedes hacerte mecenas desde tan sólo 15 euros al mes.

Imagen: Un terreno recién calcinado para plantar aceite de palma en Indonesia en 2016. / Laura Villadiego