INVESTIGACIÓN CARNE (2/3): Miles de toneladas de vacuno relacionadas con la deforestación de la Amazonia se pierden en el mercado español por falta de transparencia

Esta investigación ha sido elaborada en colaboración con Amigos de la Tierra y publicada también en La Marea

Miles de toneladas de carne de vacuno procedente de tres empresas brasileñas señaladas por sus prácticas relacionadas con la deforestación en la Amazonia entran cada año en el mercado español. La falta de transparencia y la opacidad en el etiquetado europeo hacen que sea imposible conocer su destino final.

España importó entre 2014 y 2019 más de 20.000 toneladas de carne de vacuno de JBS, Minerva y Marfrig, tres grandes empresas de vacuno brasileñas que han sido relacionadas con deforestación en la Amazonia por diversas investigaciones tanto públicas como de organizaciones independientes, según datos recogidos por The Bureau of Investigative Journalism (BIJ) y obtenidos en exclusiva por la organización Amigos de la Tierra. La información obtenida detalla la compra de cargamentos a esas empresas por importadoras con base en España, la mayoría de ellas en Canarias.

En el periodo analizado en esta investigación, entre 2014 y 2019, España importó 48.157 toneladas de vacuno de Brasil, según Naciones Unidas, de las cuales, al menos una cifra cercana a la mitad, 20.251 toneladas, habrían sido provistas por JBS, Marfrig y Minerva, de acuerdo a los datos de cargamentos obtenidos por el BIJ. En 2019 España fue el cuarto país europeo en cuanto a volumen de importaciones de carne de vacuno de zonas afectadas por la deforestación en Brasil, y el tercer país en huella de carbono asociada, según un reciente estudio de Earthsight. Diversas investigaciones han revelado los vínculos existentes entre estas empresas cárnicas brasileñas y la deforestación en la Amazonia y en otras zonas de alto valor en términos de conservación medioambiental, como ya revelamos en el primer artículo de esta serie.

Una de las empresas que aparecen entre las importadoras es Suministros Medina S.L., principal empresa de vacuno en España y proveedora de Mercadona, quien habría importado casi 81 toneladas compradas a JBS entre 2016 y 2018. En el punto de venta, la mayor parte de la carne de vacuno distribuida por Suministros Medina está etiquetada como carne de origen nacional, salvo algunos procesados como hamburguesas y carpaccio de ternera. Desde el departamento de comunicación de Mercadona aseguran que, aunque Suministros Medina S.L. sea su proveedor, no venden “carne de vacuno [con] origen [en] Brasil”.

Entre las empresas está también José Sánchez Penate (JSP), con base en Canarias y que fabrica una conserva de carne de vacuno etiquetada como “Producto de Brasil”. Esta conserva puede encontrarse en la web de El Corte Inglés. Ninguna de las dos empresas ha podido ser contactada para elaborar esta información.

Sin embargo, en la mayor parte de los casos es imposible detectar el rastro de esta carne hasta su destino final, ya que probablemente acaba en procesados que no requieren de etiquetado de origen. Así, la mayor parte de las importadoras son o bien intermediarias o bien empresas de procesados que fabrican embutidos o conservas.

La mayoría de los supermercados consultados para esta información aseguran que siguen la legislación vigente para la trazabilidad y el etiquetado, y en el caso de la carne fresca, la mayoría asegura que el grueso de la carne es de origen nacional. Así, por ejemplo, los supermercados DIA aseguran que el 94% de la carne de vacuno que venden es de origen nacional, mientras que Carrefour tiene una política, visible en sus establecimientos de venta, de carne 100% nacional. Uno de los supermercados donde se ve una mayor diversidad en cuanto a la procedencia de la carne fresca es Alcampo, aunque el origen de la carne analizada era siempre europeo. Sin embargo, la empresa asegura que el 95% de la carne que venden es de origen nacional.

Solo en Canarias hay relación directa trazable entre algunas de estas empresas y las grandes cadenas de supermercados. Así, en junio de 2020 se anunció que tanto Egatesa como Jucarne, que importaron al menos 154 y 846 toneladas respectivamente durante el periodo analizado, formarían parte de los proveedores de productos para asaderos en Las Palmas. Ninguna de las dos empresas respondió a nuestras solicitudes de información.

Productos de la misma Jucarne pueden encontrarse a la venta en las webs de Alcampo y Carrefour en Canarias, así como Montesano, una popular marca cárnica en el archipiélago que se situó la segunda en la lista de importadoras, con más de 1.500 toneladas en los 5 años analizados. Desde Alcampo, quien confirma que Montesano y Jucarne están entre sus proveedores para el archipiélago, aseguran que en su cadena sólo incluyen algunas excepciones a la importación de carne de vacuno, como la carne procedente de Irlanda o la que venden en Canarias, por su condición de insularidad. Montesano tampoco respondió a nuestra solicitud de información.

Aunque el vacuno no es la carne que más se comercializa internacionalmente, siendo la primera el pollo, es también un producto habitual en los mercados internacionales. España es un actor relativamente pequeño en este mercado internacional, pero a pesar de su posición, importa y exporta una buena cantidad de carne de vacuno, si se compara con su consumo y producción.

Así, España sacrificó en 2019 más de 2,5 millones de cabezas de ganado vacuno con un peso total de más de 695.000 toneladas, más que suficiente para abastecer el consumo nacional. Sin embargo, España importó ese mismo año 129.931 toneladas de vacuno, principalmente procedentes de Polonia, Países Bajos y Alemania, según datos de Naciones Unidas. Brasil se situaba como el quinto país de origen y el primero de fuera de la Unión Europea, con un 7,1% del total de las importaciones. Una cifra que probablemente aumentará si se lleva a cabo la ratificación del Tratado comercial entre la Unión Europea y MERCOSUR, ya que los países de la organización latinoamericana podrán aumentar las exportaciones anuales en 99.000 toneladas de vacuno a la UE con impuestos reducidos. En total, se prevé que las importaciones de vacuno a la UE aumenten en un 30%, según Amigos de la Tierra.

La Asociación Española de Productores de Vacuno de Carne (Asoprovac) asegura que el acuerdo hará “un daño muy específico” al sector productor europeo, ya que se importarán piezas de alto valor comercial, como lomos y solomillos, que son producidos con estándares de bienestar animal, medioambiente o salud pública diferentes, lo que las hace “mucho más competitivas”. “La extrema diferencia de estándares frente a los países del Mercosur genera un sobrecoste del modelo de producción europeo que estimamos en al menos un 97%”, asegura Matilde Moro, gerente nacional de la asociación.

Falta de transparencia en el etiquetado

La legislación europea sobre etiquetado de carne es compleja. Como resultado de la crisis de la encefalopatía espongiforme bovina (conocida popularmente como la “crisis de las vacas locas”), la Unión Europea aprobó un nuevo reglamento en julio de 2000. En él establecía un sistema de etiquetado obligatorio para la carne de vacuno fresca y productos a base de carne de vacuno, fundamentalmente carne picada con más de un 50% de vacuno, en el que tenía que especificarse el país de nacimiento, de engorde, de sacrificio y de despiece del animal. Después este requisito se extendería a otro tipo de carnes, como porcino, aviar u ovino.

El resto de la carne procesada o transformada queda fuera de esta obligatoriedad y es raro ver en los supermercados productos procesados donde figure el origen de la carne de vacuno utilizada en los ingredientes. Esto incluye lasañas, macarrones boloñesa, empanadas, preparados de albóndigas de carne y hamburguesas, entre otros productos. “El etiquetado sobre carne se queda muy corto, es muy impreciso. Mantiene una niebla informativa que protege a las grandes corporaciones cárnicas”, asegura Javier Guzmán, director de la ONG Justicia Alimentaria, especializada en alimentación.

Según Andrés Muñoz Rico, responsable de Soberanía Alimentaria de Amigos de la Tierra, “es responsabilidad de los gobiernos asegurar la trazabilidad de los alimentos con el fin de garantizar la salud de las personas consumidoras y poder medir los impactos medioambientales de toda la cadena de suministro”.

Esta falta de transparencia en el etiquetado va en contra de la demanda creciente por parte de la ciudadanía, tal y como apuntó el estudio de evaluación publicado por la Comisión Europea poco después de aprobar el reglamento sobre carne de vacuno. “No podemos dejar en manos de las personas consumidoras la responsabilidad de rastrear el modo de producción de los alimentos que consume, su origen, huella ecológica y si cumple o viola los derechos humanos y laborales. El consumo responsable debe partir de una información adecuada en el etiquetado”, asegura Muñoz Rico.

Desde Asoprovac suponen que “en muchos casos la materia prima utilizada de la carne [procesada] no suele ser europea, ya que suele ser mucho más competitiva”, pero aseguran que no disponen de datos oficiales ya que esa información no se desglosa. Insisten además en que en Europa se han endurecido los requisitos a los productores locales, mientras que “abren la mano a la entrada de productos de terceros países que no cumplen estos mismos estándares”. “Esto esta ocasionando sin duda una erosión del sector agroalimentario europeo que cada vez hace a Europa más dependiente del exterior”, sostiene Matilde Moro.

Otro estudio de evaluación sobre el etiquetado de ciertos tipos de carne, encargado por la Unión Europea y recientemente publicado, confirma que el sistema no es suficientemente claro y que los consumidores tienen “poco conocimiento” sobre la información referida en las etiquetas, por lo que no se la puede considerar “totalmente precisa, clara y útil”, al mismo tiempo que “es posible que algunos consumidores se vean (involuntariamente) mal informados”.

Consumo de carne

Aunque su consumo ha ido en descenso durante los últimos años, la carne de vacuno sigue siendo la tercera más consumida en España por detrás del pollo y el cerdo, según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. En 2018 se consumieron en España 224.304 toneladas de carne fresca de vacuno, con una media de 4,90 kilos, y 11,64 kg de carne procesada per cápita. Sin embargo, el dato de la carne procesada no especifica el tipo de carne. Según Amigos de la Tierra, en España se consume una media de 52 kg de carne por persona al año, cuando los estándares de salud y los límites planetarios nos dicen que no deberíamos sobrepasar los 21 kg al año en adultos, evitando al máximo el consumo de carne procesada.

Las largas cadenas de suministros del sistema alimentario actual, la deficiente transparencia en los sistemas de etiquetado y la aún mayor relajación de los estándares de control de las importaciones de alimentos que se podrían dar con nuevos tratados como el planteado con Mercosur, ponen de manifiesto la necesidad de un mayor control por parte de los Estados que asegure la protección del consumo de la ciudadanía y del medioambiente, asegura Muñoz Rico. Así, la clave estaría en que las políticas públicas favorecieran “las cadenas de suministro cortas para lograr sistemas alimentarios más resilientes y descentralizados”. Para ello, sería necesario un derecho internacional que permita la rendición de cuentas de las empresas, algo que Naciones Unidas está negociando en la actualidad, concluye Muñoz Rico.

* Este es el segundo de una serie de tres artículos sobre carne y deforestación. Puedes leer los otros dos aquí:

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