Las soluciones a la farmacontaminación: el concepto One Health

Tres de cada cuatro hogares españoles reciclan sus medicamentos según datos de SIGRE, entidad creada por el sector farmacéutico para la correcta gestión medioambiental de los residuos de medicamentos y responsable de los puntos de recogida selectiva que encontramos en las farmacias españolas. La cifra, sin embargo, suscita un gran interrogante: ¿qué hacen con los medicamentos caducados o en desuso el resto de los hogares? 

Una vez recuperados y seleccionados, los residuos farmacéuticos se pueden procesar para evitar que entren en el medioambiente. Pero depositados en el cubo de la basura o arrojados por el WC o el fregadero de la cocina complican mucho las cosas. Así pues, apelar a la responsabilidad ciudadana parece vital para frenar la farmacontaminación.

Sin embargo, la cuestión precisa de una mirada transversal que implique a todos los actores involucrados en la concepción, elaboración, distribución y consumo de fármacos. Es decir, que dé lugar a una farmacología sostenible de principio a fin, actuando en todos los pasos del ciclo de vida del medicamento. Necesita, por tanto, alinearse con un concepto que escucharemos cada vez con mayor frecuencia: el de One Health, un enfoque colaborativo que insiste en la conexión entre la salud de las personas, de los animales y de los ecosistemas. 

Reciclaje de medicamentos en España: La tasa de reciclaje de fármacos aumentó, según SIGRE, un 4,3 % en 2024 respecto al año anterior en España. En concreto, se recogió una media por habitante de 105,6 gramos de estos residuos a través de los Puntos SIGRE que se encuentran a disposición de la ciudadanía en las más de 22.150 farmacias de todo el país, un sistema nada común a nivel internacional y que supone una fortaleza en la lucha contra la farmacontaminación.

“El concepto One Health no debe solamente definir el problema como tal sino que debe servir de guía para la solución, intentando buscar esa colaboración multidisciplinar, muy transversal, a la que hemos querido también aporta la variable de la educación y la formación, un ámbito donde este problema no se contempla aún; vamos a tener que esperar a que todo esté un poco más contaminado para poder impartirlo en todas las universidades”, se lamenta el catedrático e investigador Gorka Orive. “La parte sanitaria a la que pertenezco ha vivido un poco de espaldas a todo esto, lo que se enseña en facultades de todo el mundo es que el viaje del medicamento, una vez lo consume una persona, acaba en la fase de excreción, pero los fármacos no desaparecen una vez son excretados, tienen un recorrido y esto, hoy en día, no se enseña de una forma reglada en las facultades; es algo que nos preocupa especialmente, los futuros profesionales deben ir con esto en la cabeza”, señala el jefe de Sección de Farmacia de la Red de Salud Mental de Araba Unax Lertxundi.

One Health significa obtener un fármaco que siendo igual de eficaz y seguro para el paciente sea además sostenible para el medioambiente.

En el artículo especial El impacto ambiental de los medicamentos: una mirada desde la farmacia hospitalaria, Orive, Lertxundi y otras colegas investigadoras llaman la atención sobre todas aquellas soluciones que deberían abordarse de inmediato, además de la cuestión de la formación, adoptando precisamente esa visión integradora One Health. Caben destacar, por ejemplo, el uso racional del medicamento y la promoción de medidas no farmacológicas, que toman cada vez más fuerza entre los profesionales sanitarios; el ecodiseño de fármacos, para que sean más verdes, más biodegradables; la ecoprescripcion (la incorporación de aspectos medioambientales en la prescripción de medicamentos), el refuerzo del marco regulatorio para una mayor vigilancia de la presencia de fármacos en el medioambiente o la mejora de los sistemas de gestión y tratamiento de residuos, entre otros.

Quizás de todos ellos, el ecodiseño de fármacos sea el punto más peliagudo, por su complejidad. Los inhaladores habituales, por ejemplo, contienen un gas propelente con una importante huella ambiental y el oxazepam, un tipo de ansiolítico, puede permanecer décadas inalterado en una masa de agua. Otros fármacos, como los antidepresivos, presentan estructuras químicas de PFAS, muy persistentes en el medioambiente. Y los hay que se bioacumulan en los organismos. Diseñar por ejemplo fármacos eficaces y seguros que se biodegraden al cabo de unos minutos excretados sería una magnífico punto de partida, entre otros motivos porque debemos tener en cuenta que una gran parte del agua residual en todo el mundo (aproximadamente un 50 % según diversos estudios) no se depura.

El caso de los propelentes de los inhaladores: La SEICAP (Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica) señalaba en 2022 que los propelentes hidrofluorocarbonados (HFC) que contienen los actuales inhaladores de cartucho presurizado (pMDI) contribuyen al calentamiento global como gases de efecto invernadero. “En nuestro país, alrededor del 52 % de los inhaladores utilizados son pMDI, con una media anual de 15 millones de unidades vendidas, lo que se traduce en la emisión de aproximadamente 400.000 toneladas equivalentes de CO2 anuales”, indicaba la SEICAP y añadía: “En este momento ya se están investigando nuevos propelentes menos contaminantes que podrían producir hasta un 90 % menos de huella de carbono».

“El ecodiseño aquí en España se ha aplicado sobre todo al tema de los envases, pero lo que es la propia molécula del principio activo, no es una cosa sencilla de hacer. Yo trabajo en una farmacia de un hospital y tenemos 700 medicamentos diferentes, cada uno con una estructura química muy diferente, sustituir los 700 por moléculas nuevas que sean biodegradables es un  proceso que va a llevar muchos años, no va a ser inmediato; lo que sí se puede hacer es apostar por el punto de vista regulatorio de tal forma que se premie a los laboratorios que diseñen fármacos más verdes y que se penalice la utilización de fármacos más contaminantes”, explica Lertxundi, quien recuerda que muchos fármacos que contaminan no cuentan con alternativa terapéutica y, por tanto, no pueden dejar de utilizarse por el momento. “Los ingleses tienen una frase que me gusta mucho que dice que el medicamento más verde es aquel que no se prescribe y no se utiliza, pero no hay que olvidar que hay otros fármacos que no son prescindibles”, explica. 

El reto de reducir el consumo de fármacos: El gran reto ahora mismo sobre la mesa es reducir el uso de los fármacos. En el caso de los antibióticos en salud humana, se persigue un 27 % en DHD (Dosis Diaria Definida por 1.000 habitantes/día) entre los años 2019 y 2030. El objetivo se sitúa en un 50 % para medicina veterinaria, según el Plan Nacional Frente a la Resistencia a los Antibióticos 2025-2027. Un cambio de actitudes frente al consumo de antibióticos o el desarrollo de la medicina personalizada pueden marcar la diferencia. Esta última, gracias a tratamientos específicos para cada paciente y donde cobran relevancia los beneficios del deporte o la actividad física (cada vez más evidentes), especialmente sobre síntomas de la patología mental.

Sensibilizar e investigar en farmacontaminación

Para la investigadora Emma Martínez, los resultados de sus estudios refuerzan la necesidad, por ejemplo, de mejorar los sistemas de tratamiento de aguas residuales, pero también de seguir investigando el impacto acumulativo de los contaminantes emergentes: “Los cetáceos, por su posición en la cadena alimentaria, pueden actuar como especies centinelas que nos alertan sobre el estado de salud del medio marino. Además de contribuir al bienestar y la conservación de estos animales, este conocimiento puede servir de base para el desarrollo de medidas y políticas públicas orientadas a la mitigación de la contaminación marina y a la protección de la seguridad alimentaria de las poblaciones humanas que dependen de los recursos marinos”. Y añade: “El éxito dependerá no solo de la inversión en infraestructuras, sino también de la inversión en investigación científica continua, monitoreos y políticas que fomenten el uso responsable de los fármacos y la correcta gestión de las aguas residuales”.

Y es que, aunque en los últimos años se ha avanzado de forma significativa en la detección y el estudio de los contaminantes emergentes, todavía existe una importante falta de información sobre su distribución real en el medio marino y, especialmente, sobre sus efectos a largo plazo en la fauna y los ecosistemas. Por esta razón, la investigadora insiste en reforzar la investigación, la divulgación y la educación ambiental, así como promover políticas públicas que mejoren la gestión de las aguas residuales y fomenten un uso más responsable de los fármacos.

Actualmente, el equipo de Martínez trabaja en un proyecto centrado en los efectos neurotóxicos de estos contaminantes emergentes, así como de otros compuestos históricos que aún persisten en las aguas en mamíferos marinos. Estos contaminantes pueden afectar el desarrollo cerebral en edades tempranas, aumentando el riesgo de trastornos del neurodesarrollo e impactando en otras funciones que podrían comprometer procesos fundamentales para la supervivencia de los individuos. Se trata de un proyecto financiado por la CARM a través del Programa Regional de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia 2024 de la Fundación Séneca, del que ya han obtenido, según Martínez, resultados preliminares muy interesantes.

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