Bangladesh: el cóctel perfecto para la industria textil (y sus tragedias)

Hace tres semanas, un edificio de ocho plantas que albergaba fábricas de textil se derrumbó en Savar, una localidad cercana a la capital de Bangladesh, Dacca. Tras muchos dí­as levantando escombros, las tareas de rescate se dieron por finalizadas hace un par de jornadas. La cifra oficial de muertos es de 1.127 personas.

La tragedia es el peor desastre de la historia de la industria textil en el mundo, lo que ha llevado al paí­s asiático a ocupar las portadas de diarios de medio mundo. Es una de las pocas veces en las que se ha hablado de forma tan extensiva sobre las condiciones de trabajo en Bangladesh, a pesar de que el textil, junto a la electrónica, son los dos sectores que reciben mayor atención por parte de los medios (también son los que peores condiciones sufren).

No es una casualidad que esta tragedia haya ocurrido en ese paí­s asiático y lo cierto es que tampoco es una sorpresa. Otras de menor escala se habí­an sucedido durante los últimos años. La industria textil rastrea el mundo en busca de los paí­ses que le ofrecen la obra de mano más barata, que además ni siquiera necesita demasiadas habilidades, y las autoridades más “manejables” para que no pongan problemas a sus dantescas condiciones laborales. Y Bangladesh reúne todas estas caracterí­sticas, hasta el punto de que en pocos años se ha convertido en el segundo exportador mundial de textil. ¿Qué ha hecho de Bangladesh un paraí­so para el sector textil y un infierno para sus trabajadores?

1. Bangladesh es un paí­s reciente: Bangladesh nació como paí­s en 1971, después de una cruenta guerra de independencia y varios siglos bajo el dominio de otros. Tras la caí­da del imperio británico en India, a finales de los años 40, el territorio quedó dividido en dos paí­ses: India, de mayorí­a hindú, y Pakistán, de mayorí­a musulmana. Este paí­s estaba a su vez dividido en dos regiones separadas por 1.600 kilómetros de territorio indio (un absurdo cartográfico, lo llamarí­a Manu Leguineche): Pakistán Oriental, el actual Bangladesh, y Pakistán Occidental, el pedazo de tierra que hoy en dí­a se sigue llamando Pakistán. La llamada “Guerra de Independencia de Bangladesh” (1971)  fue brutal y costó la vida de hasta 3 millones de personas, según las estimaciones más elevadas. Sin embargo, no fue sólo un conflicto independentista. Una parte de la sociedad de Bangladesh se alineó con el ejército de Pakistán, lo que provocó además una guerra civil interna.

2. Bangladesh es un paí­s dividido: Y a pesar de que han pasado más de 40 años, Bangladesh sigue siendo un paí­s dividido. De hecho, mientras se sacaban cadáveres de los escombros, las protestas entre varias facciones polí­ticas tomaban las calles y dejaban 40 muertos en violentas protestas. La inestabilidad es, por tanto, una de las constantes en el paí­s, que se ha recrudecido además durante los últimos años con los juicios que tienen como objeto, precisamente, los crí­menes cometidos durante la guerra de Independencia. No obstante, la inestabilidad no ha llegado al punto de amenazar a las multinacionales, ya que Bangladesh, de mayorí­a musulmana, habí­a mantenido en una tradición moderada (aunque se está radicalizando).

3. Bangladesh es un Estado casi fallido: Por estas y otras razones, Bangladesh se ha situado durante los últimos años entre los paí­ses con riesgo de convertirse en fallidos. La situación fue especialmente preocupante durante la crisis polí­tica de los años 2006-2008 que llevó al enfrentamiento en las calles entre las facciones. Desde entonces ha mejorado bastante — en 2009 llegó a estar en el puesto 18 de los Estados fallidos, mientras que ahora está en el 29. Como todos los paí­ses de esa lista, la corrupción es rampante. El hecho de que el edificio siniestrado hubiera recibido la visita de un inspector el dí­a antes de la tragedia que certificó los graves problemas de la estructura y que no se cerrara de inmediato dice mucho de la voluntad de las autoridades en el paí­s. Otro aspecto que se debe considerar es la nula funcionalidad de la justicia en el paí­s, también carcomida por la corrupción, que hace que poco importe lo que la ley diga.

4. Bangladesh es un paí­s superpoblado: Bangladesh es el paí­s, no insular o ciudad-estado, con una mayor densidad de población del mundo. Sus 150 millones de habitantes (algunas cifras hablan incluso de 164 millones) se concentran en una superficie similar a la de Grecia. Esto provoca un problema añadido: no hay tierra para todos y la poca que hay está siendo expropiada para dar alas al lucrativo negocio inmobiliario (pese a los bajos sueldos, un piso en Dacca puede tener un valor similar al de España). Por lo que todos acaban huyendo a las ciudades para intentar encontrar un trabajo de lo que sea. Bangladesh es así­ un paraí­so de la mano de obra abundante, y por ello, barata, con el salario mí­nimo más bajo del mundo, 38 dólares mensuales (ahora, tras la tragedia, se discute incrementar este salario).

5. Bangladesh es un paí­s constantemente expuesto a desastres naturales: Bangladesh es uno de los paí­ses más afectados por el cambio climático y los desastres naturales. Cada año, las intensas inundaciones dejan a miles de personas sin hogar, lo que deja a sus habitantes más indefensos aún si cabe. En el momento de escribir estas lí­neas, un nuevo ciclón se acerca al paí­s y 20.000 personas han sido desplazadas.

6. Bangladesh es uno de los paí­ses más pobres del mundo, y por ello, tiene ventajas para las multinacionales: Bangladesh lleva décadas entre la lista de los paí­ses más pobres del mundo. Según el Banco Mundial, se sitúa en el puesto 152 de 181 del ranking de paí­ses según los ingresos per cápita (780 dólares anuales, año 2011). Esta posición le ha supuesto interesantes ventajas para la industria. De hecho, el sector textil se desarrolló en Bangladesh en los años 70 después de que el tratado Multi-Fiber Arrangement (MFA) impusiera cotas máximas de importación de ropa de los paí­ses en desarrollo hacia los desarrollados. Algunos de los más pobres, como Bangladesh, quedaron fuera de la regulación, por lo que la industria comenzó a moverse a estos territorios. El tratado, que sin duda determinante para el desarrollo de la industria del paí­s, expiró en 2005. Sin embargo, ahora su condición como uno de los paí­ses menos desarrollados le permite exportar, por ejemplo, a la Unión Europea, sin estar sujeto a aranceles. Un privilegio que la UE le ha amenazado con suprimir si no se mejoran las condiciones en las fábricas.

7. Bangladesh entra, simplemente, dentro de la lógica del textil: El textil es uno de los sectores más fácilmente deslocalizable. No requiere de una mano de obra con grandes competencias y la maquinaria utilizada es básica. Su principal objetivo es obtener mano de obra barata y abundante, algo que, como hemos visto, no le falta a Bangladesh. Gracias a ello, como informa la campaña Ropa Limpia, el coste de la mano de obra en el sector textil supone entre el 1 y el 3 por ciento del precio final de la prenda.

La mayorí­a de los expertos (defensores de derechos humanos, sindicalistas, polí­ticos…) con los que he hablado coinciden en que no hay paí­s (al menos abierto, poco sabemos de lo que pasa en Corea del Norte, por ejemplo) con peores condiciones laborales en sus fábricas que Bangladesh. En pocos territorios se mezclan tantas variables que hacen tan débil a su “mano de obra” para obtener mejoras en sus condiciones.  Lo de Bangladesh se veí­a venir, ni era el primer derrumbe (en abril de 2005, la fábrica Spectrum, que fabricaba para empresas como Inditex o Karstadt Quelle, se derrumbó dejando 64 muertos y unos 80 heridos), ni el primer incidente que desvelaba la trágica situación de los trabajadores del paí­s.

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En los próximos dí­as, como segunda parte de esta artí­culo, publicaremos una lista de proyectos de empresas socialmente responsables o de comercio justo operando en Bangladesh