Grandeza y miserias del rí­o Magdalena. El desembarco de las multinacionales españolas en América Latina

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Gas Natural Fenosa y Endesa «“hoy propiedad de la italiana Enel- son, junto a Iberdrola, las multinacionales de origen español que, desde su desembarco en el continente, entre los años 90 y 2000, han consolidado posiciones de liderazgo en América Latina. Igual que los sectores de las telecomunicaciones (Telefónica), la banca (Santander, BBVA), la extracción de hidrocarburos (Repsol, Cepsa), el turismo (Sol Meliá, NH), la industria textil (Inditex, Mango), la prensa (Prisa, Planeta), las redes de agua y saneamiento (Agbar, Canal de Isabel II) o la construcción (FCC, Acciona y Sacyr Vallermoso, que encabeza el grupo que construirá el nuevo Canal de Panamá). Estas grandes firmas han convertido a España en el segundo inversor en Latinoamérica. En Colombia iniciamos la serie de reportajes sobre su papel en Latinoamérica, elaborado gracias a la financiación de los lectores de Fronterad. Aquí­ tenéis un extracto del primero de ellos.

No es el más largo ni el más caudaloso, pero el Magdalena es, con sus más de 1.500 kilómetros, la principal arteria fluvial de Colombia. El rí­o que inspiró a Gabriel Garcí­a Márquez para escribir novelas como El amor en los tiempos del cólera recorre el paí­s de sur a norte, desde el Macizo Colombiano hasta el mar Caribe. El Gran Rí­o de la Magdalena acoge a sus orillas multitud de poblaciones que recuerdan los tiempos en que el rí­o, navegable, era un medio fundamental de comunicación y un elemento central para el desarrollo del paí­s. Es más que un rí­o: es un sí­mbolo nacional. El «Rí­o de la Patria».
Cerca todaví­a del nacimiento del Magdalena, en el departamento (provincia) del Huila, se encuentra La Jagua, un pueblo de calles empedradas y solitarias, de esos en que el tiempo parece detenerse. Es un pueblo tranquilo, de poco más de mil habitantes, al que acuden visitantes atraí­dos por la antigí¼edad de sus casas coloniales y por su riqueza cultural de raí­ces indí­genas. Es también, dicen, un pueblo de brujas. Cuenta la leyenda que son de dos tipos: hechiceras o voladoras. Uno puede o no creer, pero, como dicen por aquí­, «pues que las hay, las hay».
Aquí­, el Magdalena pasa con un caudal todaví­a pequeño, pero gran fuerza y vitalidad. El rí­o ordena la vida de la gente: es fuente de sustento de los pescadores, baña las tierras más fértiles y es el lugar de recreo por excelencia. Pero hoy está amenazado: la empresa Emgesa, filial colombiana de la multinacional italo-española Enel Endesa, está construyendo la central hidroeléctrica de El Quimbo. Ha encontrado la oposición de los vecinos, que se han unido en la asociación Asoquimbo, que agrupa a miles de afectados por las obras.
Zoila es una de las activistas más decididas con las que cuenta la comunidad. Cuando llegamos a su casa es de noche en La Jagua y, como durante todo el año, hace calor. La casa de Zoila se ha convertido en un baluarte de la resistencia: por la cocina, que comunica con un patio interior repleto de árboles y plantas, pasan cada dí­a los vecinos para comentar la situación, intercambiar información, organizarse. También los más jóvenes: uno de los hijos de Zoila formó su propia asociación en defensa del rí­o. Un hermoso mural adorna la casa de Zoila y anuncia su condición de punto de encuentro. Desde aquí­, Zoila, mientras mantiene el fervor polí­tico cuida de sus cuatro hijos, su padre, los gatos, el perro. Su esposo, dice, colabora más en casa desde que ella está en Asoquimbo. Divergen en algunos planteamientos, pero están de acuerdo en lo esencial: la necesidad de defender la belleza del Magdalena y los sonidos que lo habitan. «Ahora que todaví­a está vivo, hay que proteger el rí­o. Si no, ¿qué les vamos a decir a nuestros hijos, que no peleamos por defenderlo?», se pregunta Zoila.
Tiene motivos para estar preocupada. Muy cerca de La Jagua, en el municipio de Hobo, se construyó la primera gran represa de la región: Betania, una central hidroeléctrica de gran tamaño inaugurada en 1987. Cuando se anunció el proyecto, los vecinos aceptaron de buena gana el discurso de la empresa y las autoridades: la hidroeléctrica vení­a a traer progreso al Huila, una región agrí­cola del interior del paí­s, la puerta de entrada a la Amazonia. A los opitas «“como les dicen a los originarios del Huila- les prometieron progreso y empleo, y ellos lo creyeron: votaron masivamente a favor de la represa. Veinticinco años después no ven los resultados. «El pueblo de Hobo sabe bien qué trae la represa: antes, aquí­ se cultivaba arroz, cacao, maí­z; ahora, la mayor parte de la gente sobrevive como puede vendiendo agua en la carretera», cuenta Gilberto, uno de los afectados por el proyecto…
Aquí­ puedes leer el reportaje completo. Te recomiendo que lo imprimas antes de leerlo, pues es muy largo para la pantalla.
* Las fotografí­as de esta serie de reportajes son de Jheisson A. López, que ha sido mi compañero de viaje en esta aventura.