Biodiversidad versus monocultivo: el impacto medioambiental del aceite de palma

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Desde hace varias semanas, buena parte del Sudeste Asiático está sumido en una pesada bruma procedente de la isla de Sumatra, cuyos bosques arden para dar paso a grandes plantaciones de monocultivos. La palma aceitera es uno de los favoritos, una planta que ya ocupa ocho millones de hectáreas sólo en Indonesia. Los incendios son tan voraces que el humo ha llegado incluso al sur de Tailandia, a más de 2500 kilómetros de distancias, mientras que en Singapur, a unos cientos de kilómetros, apenas es posible ver a unos metros.

Sobrevolar en avión Malasia o Indonesia, los principales productores mundiales de este tipo aceite, es como hacerlo sobre una gran plantación de palma y durante decenas de kilómetros las pesadas hojas de esta planta son el único verdor que se puede contemplar. La palma africana ha sustituido los ricos bosques tropicales de la región, poniendo en peligro no sólo a las comunidades locales, sino también a decenas de especies que son únicas en la región, como los orangutanes, el rinoceronte de Sumatra o los elefantes pigmeos de Borneo.

La industria aceitera ha defendido durante décadas la expansión de las plantaciones de aceite de palma porque, asegura, su alta productividad hace que sea el tipo de aceite menos daniño para el medio ambiente. Así, aseguran, para conseguir la misma cantidad de aceite de palma se necesitan hasta 10 veces menos suelo, que con la soja o el girasol. Sin embargo, la rapidez con la que se ha expandido este tipo de aceite, que supone más de un 30% del consumo mundial, ha puesto en serio peligro ecosistemas frágiles y únicos que son difícilmente recuperables.

Así, según el Banco Mundial, Indonesia es el tercer país que más gases de efecto invernadero emite debido a la acción de los incendios y a la deforestación que, dice WWF, arrasa 300 campos de fútbol cada hora sólo para plantar aceite de palma.  Sin embargo, algunos especialistas como Alain Rival, del Centro Francés de Investigación Agrícola para el Desarrollo, aseguran que sólo una pequeña parte de la deforestación corresponde al aceite de palma.

La competición por el agua es otro de los grandes problemas asociados a la palma aceitera, debido a su insaciable sed. Así, según FAO, la palma aceitera requiere aproximadamente del doble de agua que la mayor parte de cítricos, legumbres o tubérculos y un 50 por ciento más que los cereales.

Este modelo de monocultivo se está imponiendo también en otras regiones del mundo como América Latina y África Occidental. En Carro de Combate queremos investigar, entre otros aspectos, los impactos medioambientales asociados al aceite de palma . Pero para poder hacerlo, necesitamos llegar al mínimo de financiación propuesto en nuestra campaña de crowdfunding en Goteo. Si nos quieres ayudar, puedes hacerlo aquí.

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