Territorios y saberes para un presente habitable: aprendizajes del IX Congreso de Economía Feminista frente a la emergencia climática y social.
Autora: Belén Ferreira Wolcan

Sostener la vida se ha vuelto una tarea de supervivencia colectiva. Mientras los indicadores económicos hablan de crecimiento, las temperaturas baten récords y la crisis agraria se agrava.
La AEMET ha confirmado que el verano 2025 ha sido dos grados más caluroso de lo normal y ha superado al histórico. Además, las olas de calor han devastado el monte y dejado más de 3.600 muertes atribuibles a las temperaturas extremas. Sumado a la previsión de un otoño más caliente y más seco.
A este escenario de crisis climática se le suma la escalada de violencia, crisis de cuidados, auge de la ultraderecha, lo que revela que atravesamos una crisis planetaria que va más allá del conteo del carbono. El capitaloceno no solo produce riqueza a costa de los impactos medioambientales, sino que redefine nuestra relación con la naturaleza y los ecosistemas a través de relaciones asimétricas de apropiación y explotación. Ahora bien, en un mundo donde el colapso ecológico-civilizatorio es un presente en marcha, repensar la economía se vuelve una urgencia ética.
Nuestra época, tal como la ha descrito la pensadora feminista Donna Haraway, se caracteriza por la interconexión entre humanos y no humanos, que se encuentran inexorablemente entrelazados por lo que ella describe como prácticas tentaculares. El desafío es aprender a seguir con el problema de vivir y morir juntos en una tierra herida, favoreciendo pensamientos que ensayen un presente cuidadoso y construyan futuros verdaderamente sostenibles y vivibles.
¿Cómo se sostienen nuestras vidas? ¿Qué hacemos con un mundo dañado? Estas interrogantes abren el necesario debate respecto a nuestra interdependencia y ponen en relieve la necesidad de sostener procesos a nivel local y comunitario que impulsen acciones concretas frente a las múltiples crisis.

Foto: Lidia Ucher / Entrepueblos
El IX Congreso de Economía Feminista, que tuvo lugar el pasado 2, 3 y 4 de octubre en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla bajo el lema “Las economías feministas ante el capitaloceno: análisis y alternativas”, reunió a más de 300 voces de Andalucía, del resto del Estado y de Abya Yala (América Latina). Un espacio necesario y poderoso para compartir saberes, debatir alternativas reales al colapso socioambiental y tender puentes entre resistencias locales y causas globales.
Durante el congreso se pusieron sobre la mesa debates, rostros e iniciativas existentes tales como cooperativas, huertas comunitarias, redes de cuidados. Estas constituyen formas de interacción equilibrada entre personas y entorno, que reconocen la interdependencia y la responsabilidad mutua hacia el cuidado. Entre debates, talleres e intercambios se ha visibilizado cuán profundo es lo político de lo cotidiano. Incluso se han compartido momentos de canto y danza donde la emoción se hizo política, siendo herramientas vividas capaces de colectivizar pensamientos en momentos donde la palabra no alcanza.
¿Por qué la economía feminista ante la emergencia social y climática?
La economía feminista viene aportando a la construccion política lógicas de cuidado, naturaleza y territorios.
Las herramientas, historias y saberes que elegimos para pensar y construir alternativas situadas son importantes. Hay un gran valor en los procesos de construcción, importa desde dónde miramos, con qué narrativas y experiencias. Como ha dicho Haraway “Importa qué materias usamos para pensar otras materias, importa qué historias contamos para contar otras historias, importa qué pensamientos piensan pensamientos, importa qué conocimientos conocen”.
La economia feminista no se trata solo de una cuestión de justicia económica que aporte a reducir los impactos planetarios del (mal) funcionamiento de la economía; es, en términos sociales y culturales, solidaridad internacionalista y resistencia ante las opresiones. Aboga por salir de la lógica del despojo y de la acumulación para pensar y vivir otros modelos no funcionales al consumo. Un espacio en construcción y movimiento que cuestiona las bases mismas del sistema: qué vidas valen, qué trabajos sostienen el mundo y qué relaciones con la naturaleza nos permiten existir. Condensa ese vínculo: cuidar la tierra es cuidar el cuerpo, y viceversa.
El medio rural, profundamente habitado y sostenido por mujeres, constituye un espacio íntimo y cotidiano donde se tejen redes de cuidado mutuo. Las experiencias demuestran cuáles alternativas existen frente al colapso socioambiental, basadas en la defensa del territorio y en la producción de alimentos que fortalecen la soberanía alimentaria local.
Desde la agroecología y la recampesinización feminista, como se ha visibilizado en la ponencia “Cuerpos-territorios y rebeldías: mujeres que sostienen la vida desde la soberanía alimentaria”, la economía feminista no puede entenderse sin mirar los territorios rurales y las luchas por la soberanía alimentaria. Las mujeres sostienen la vida no solo produciendo alimentos, sino también defendiendo la tierra, el agua y las formas comunitarias de trabajo.
Un ejemplo de ello se refleja en el proyecto «Mujeres Campesinas del Sur», que pone en valor el papel de las mujeres campesinas andaluzas y latinoamericanas en las luchas por la soberanía alimentaria. Este trabajo denuncia las dificultades de acceso a la tierra y la explotación de las trabajadoras temporeras migrantes, al tiempo que aboga por “un feminismo rural en construcción”, mostrando cómo las campesinas defienden sus territorios y cultivan alternativas de vida.
En la misma línea, el documental «Campesinas, semillas de cambio» reúne experiencias de mujeres rurales que impulsan la soberanía alimentaria desde un enfoque de género. A través de relatos provenientes de Guatemala, Nicaragua y República Dominicana, se muestra cómo distintas organizaciones campesinas fortalecen sus economías familiares mediante la producción destinada a mercados locales y nacionales, al tiempo que cuestionan y transforman las desigualdades de género. De esta manera, la soberanía alimentaria se convierte en un motor de transformación social liderado por mujeres.

Foto: Lidia Ucher / Entrepueblos
Recuperar la dimensión sentipensante del territorio se vuelve una estrategia para reconfigurar la economía y disputar las jerarquías que han naturalizado la explotación. Todos los seres humanos bebemos agua, necesitamos alimentarnos todos los días, disfrutamos, necesitamos del cuidado y nos interconectamos con el medio.
A la vista está que en un mundo en emergencia social, climática y de cuidados, repensar la economía no es un ejercicio solo académico, los espacios horizontales de diálogo actúan como un marco transformador y esperanzador. Ante la tendencia a la polarización y jerarquización el intercambio es emancipatorio. En una sociedad que tiende al descuido, el cuidado es semilla de cambio. El proceso de construir paradigmas que valoren la posibilidad de vivir vidas dignas, plenas, sostenibles y compartidas desde y hacia las bases, es un gesto político de transformación. Esta apuesta inevitablemente requiere de este tipo de diálogos, intercambios y alianzas estratégicas entre distintos actores, sectores, movimientos sociales con diversas voces y experiencias. Como se ha concluido en el plenario, poner la vida en el centro exige tender puentes entre luchas feministas, antirracistas y por la tierra, sosteniendo el poder transformador de los cuidados como fundamento político. Incluso, se recoge como aprendizaje que, ante el cansancio, también la ternura y la persistencia son motor de cambio.
De ahí en más, disputar el modelo de sociedad implica cambiar el estilo de desarrollo y construir economías más justas, feministas y ecosociales.
Mercedes Sosa, mujer, voz latinoamericana canta “cuando tenga la tierra, te lo juro semilla, que la vida… será un dulce racimo”, una prédica que anhela una vida fértil,plena y compartida. Horizontalizar la economía, como antes la pirámide del poder, es el desafío presente y el camino por delante.
“La economía feminista se construye desde el cuidado y la solidaridad. Esa es la verdadera fuerza para sostener la vida frente a la crisis global.”

