En Europa, más de 23.000 lugares han sido contaminados por los llamados “químicos eternos”. Los PFAS se infiltran en el agua, en el suelo y hasta en nuestros cuerpos. Invisibles y persistentes, estos compuestos se han convertido en una amenaza silenciosa que varios países buscan regular y algunos de sus fabricantes se empeñan en ocultar
Por Josefina Frixione
Es curioso que un compuesto que está hoy en buena parte de los utensilios de cocina que usamos cada día empezara su andadura en este mundo asociado al desarrollo de la bomba atómica. El popular teflón, un polímero creado por accidente a finales de los años 30, tuvo poco interés hasta que se descubrió que era un recubrimiento eficaz para los tubos que contenían hexafluoruro de uranio, un material muy radiactivo. Hoy, pueden encontrarse prácticamente en todas las sartenes y ollas antiadherentes, pero también en pinturas, los aviones e incluso los ratones de ordenador.
Sin embargo, los científicos que trabajan con sustancias químicas persistentes y contaminación han calificado a los polímeros como el teflón, las llamadas sustancias perfluoroalquiladas o PFAS (por sus siglas en inglés), como la “peor crisis de contaminación que la humanidad haya enfrentado jamás”, según Stéphane Horel, periodista de investigación de Le Monde y una de las voces más importantes en la cobertura de PFAS en Europa. “La razón es que estas sustancias químicas son tóxicas, pero también son persistentes en el medio ambiente y en el cuerpo, lo cual es la doble característica que no se desea ver en una sustancia química”, afirmó la periodista.
Los PFAS (sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas) son una familia de más de 10.000 sustancias químicas creadas por los humanos y compuestas por cadenas de átomos de carbono enlazados con átomos de flúor. Debido a su composición, se caracterizan por una fuerte persistencia en el medio ambiente, lo que los hace prácticamente indestructibles sin intervención humana. También por su gran potencial de acumulación en organismos vivos; su alta movilidad en agua, suelo y aire; y sus efectos tanto en el medio ambiente como en el cuerpo humano.
Los podemos encontrar en sartenes antiadherentes, ropa impermeable, espumas antiincendios, envases de comida rápida, cosméticos, productos de limpieza y hasta en alfombras. Estos químicos eternos se utilizan en distintas industrias desde la década de 1940, y sus usos están ampliamente extendidos debido a sus capacidades de repeler el fuego, el agua y el aceite.
¿Qué son los PFAS?
Los PFAS son más de 10.000 sustancias sintéticas, comparten un enlace carbono-flúor extraordinariamente fuerte, lo que les da propiedades repelentes al agua y la grasa pero también una persistencia casi indefinida en el ambiente y los organismos vivos. Se bioacumulan en la sangre y los tejidos.
La exposición crónica se ha asociado a cáncer de riñón, mama y testículos, disfunción tiroidea, alteraciones reproductivas, colesterol elevado y reducción de la respuesta inmunitaria a las vacunas.
“Con apenas un nanogramo de PFAS por litro de agua, esa cantidad mínima puede debilitar la respuesta inmunitaria de un niño a la vacunación”, subrayó Stéphane Horel.
Además, una dificultad añadida es que los PFAS liberados al medio ambiente pueden transformarse en otras moléculas de la misma familia, lo que complica su identificación y hace más difícil regularlos caso por caso.
“Los más conocidos son el ácido perfluorooctanosulfónico (PFOS) y el ácido perfluorooctanoico (PFOA). Muchos otros PFAS pueden transformar y producir PFAA en el medio ambiente y la biota y, por lo tanto, se consideran precursores de los PFAA”
España, un país con un problema de PFAS
En España, según una investigación de Datadista que reúne seis estudios científicos previos, se encontraron 400 puntos con presencia de PFAS. Sin embargo, aún no se realizan controles sistemáticos sobre la concentración de estas sustancias, como sucede en otros países europeos. Según este estudio, “los principales ríos de España como el Guadalquivir, Duero, Tajo y Ebro han dado niveles por encima de los permitidos en PFAS. También se han encontrado contaminación por PFAS en lagos, embalses y presas”.
Según este estudio, el 77% de los espacios naturales analizados de España contienen niveles de contaminación por PFAS, entre ellos lugares tan emblemáticos como el Mar Menor, Las Tablas de Daimiel, la Albufera de Valencia, las marismas del Guadalquivir, Monfragüe, Las Bardenas Reales, la Bahía de Cádiz, Picos de Europa, entre otros. Desde el Instituto de Salud Carlos III, Argelia Castaño, doctora en Ciencias Biológicas, realizó la única investigación de alcance nacional sobre la presencia de estos químicos eternos en la sangre de la población española. El 100% de la población estudiada tenía presencia de PFAS en sangre, particularmente de PFOS y PFOA (ácido perfluorooctanosulfónico y ácido perfluorooctanoico).
En Europa, The Forever Pollution Project, un proyecto de colaboración transfronteriza que involucró a periodistas y expertos del continente para relevar y mapear el alcance de los PFAS y del que forma parte la investigación de Datadista, reveló a través de su mapa interactivo que hay más de 23.000 sitios donde se ha detectado contaminación por PFAS y 20 plantas químicas que sintetizan PFAS que luego son utilizados por 232 sitios industriales para fabricar plásticos de alto rendimiento, pinturas y barnices, pesticidas, textiles impermeables…, entre otros productos químicos.
Además, se detectaron más de 21.500 puntos presuntamente contaminados, es decir, sitios donde no se han realizado muestreos pero que tienen una actividad actual o pasada documentada de uso o fabricación de PFAS, por ejemplo bases militares y aeropuertos; y más de 2.100 “puntos críticos” (hotspots), lugares donde la contaminación alcanza un nivel altamente peligroso para la salud humana según los expertos (más de 100 nanogramos por litro). “Empezamos a recolectar la información y luego mi colega Raphaëlle Aubert empezó a diseñar este mapa interactivo. Y de repente, nosotras decimos, que hizo visible lo invisible. Fue un shock para nosotras, pero también lo fue para el público después”, explicó Horel en entrevista con Carro de Combate.
En la comunidad de Pierre-Bénite, al sur de Lyon, se encontraron varios de los puntos críticos de contaminación por PFAS de Francia. Allí las empresas Arkema y Daikin fabrican plásticos de alto rendimiento y vierten sus residuos al agua hace décadas, afectando las plantas de tratamiento de aguas que abastecen a cientos de miles de personas.

Se sabe que la principal vía de ingreso al cuerpo humano es a través de los alimentos y el agua que bebemos. Según Horel, hoy se calcula que el 95% de la exposición proviene por la ingesta. Si bien sabemos que el consumo del agua contaminada con este tipo de compuestos químicos es dañino, la periodista advierte especialmente sobre el consumo de huevos y proteínas animales: “Los PFAS se unen a proteínas como las de la sangre, a proteínas y a huevos. Por lo tanto, si vives en una zona contaminada, la recomendación principal es no comer huevos de gallina, ya que están extremadamente cargados de PFAS”.
Otras comunidades en Europa se ven altamente afectadas, como las que se encuentran en los alrededores de la fábrica de 3M en Bélgica y de la fábrica de DuPont en Dortrecht, Países Bajos, donde, entre otras formas de lucha colectiva, todos los sábados por la mañana, un grupo de vecinos visita la planta y vierte tierra contaminada en su puerta de entrada.
En Kallinge, Suecia, la población supo que estaba bebiendo agua del grifo altamente contaminada por espuma contra incendios de una base aérea militar cercana. Esta fue absorbida por el suelo y contaminó las aguas subterráneas, por lo tanto, la comunidad presentó un litigio contra la compañía de agua por los niveles de PFOS en su sangre. La Corte Suprema dictaminó finalmente que sí era una lesión personal el que vecinos y vecinas mayores tuvieran altos niveles de una sustancia química en la sangre.
Ante todo esto, la Unión Europea reconoció oficialmente el riesgo de los PFAS pero tan solo dos sustancias de la familia, PFOA y PFOS, están prohibidas a nivel comunitario a través del convenio de Estocolmo. En febrero 2023, cinco países (Alemania, Países Bajos, Dinamarca, Noruega y Suecia) presentaron a la Agencia Europea de Sustancias Químicas (ECHA) una propuesta conjunta de “restricción universal” para todos los PFAS. “La iniciativa surgió de los Países Bajos, ya que este país se enfrenta a un grave problema de contaminación debido a una planta de DuPont en Dordrecht. La contaminación fue descubierta en 2015. Llevan más tiempo luchando y se dieron cuenta de que no ganarían si luchaban contra las empresas solos”, añadió Horel.
El proceso de evaluación sigue en marcha y se espera que la Comisión Europea adopte una decisión para modificar el reglamento REACH, que regula las sustancias químicas en la Unión Europea, pero el debate político y el intenso lobby de la industria química han ido diluyendo la ambición inicial. Mientras tanto, algunos Estados miembros, como Francia y Dinamarca, han avanzado con leyes nacionales que limitan los PFAS en productos de consumo como cosméticos, utensilios de cocina o textiles impermeables.
El proceso de evaluación sigue en marcha y se espera que la Comisión Europea adopte una decisión para modificar el reglamento REACH, que regula las sustancias químicas en la Unión Europea, pero el debate político y el intenso lobby de la industria química han ido diluyendo la ambición inicial. Mientras tanto, algunos Estados miembros, como Francia y Dinamarca han avanzado con leyes nacionales que limitan los PFAS en productos de consumo como cosméticos, utensilios de cocina o textiles impermeables.
Una publicación de la American Chemical Society explica por qué debe tratarse a esta familia de sustancias químicas como una sola clase y, por lo tanto, aplicar una regulación universal. Uno de los motivos es que los PFAS que se encuentran presentes en el medio ambiente no son necesariamente los mismos que producen las empresas: desde el momento en que se fabrican hasta encontrarlos en el ambiente estos sufren cambios que los transforman en “nuevos PFAS”, lo cual dificulta la regulación.
La industria química, liderada por grandes fabricantes de PFAS como 3M y DuPont, lleva años ejerciendo presión para frenar o diluir cualquier restricción amplia sobre esta familia de compuestos. Según The Forever Lobbying Project, las compañías gastaron millones de euros en reuniones con legisladores y campañas de relaciones públicas para cuestionar el alcance de las prohibiciones. “Es más barato gastar millones en lobby que invertir en desarrollar nuevos procesos y productos”, explicó la coordinadora de la investigación. Este trabajo también reveló cómo las empresas presionaron para limitar la propuesta de la UE a solo unos pocos PFAS en lugar de prohibir todo el grupo, un argumento que sigue dividiendo el debate regulatorio en Bruselas.
A este punto, los costos tanto para la salud como para el medio ambiente son demasiado altos. Según la investigación de The Forever Pollution Project “el coste de limpiar la contaminación por PFAS en Europa si las emisiones se mantienen sin restricciones es de 2 billones de euros en un período de 20 años, una factura anual de 100.000 millones de euros”, y aún así sería imposible restaurar todas las zonas contaminadas. Y si hablamos de salud, Horel señala que “el problema es que las personas somos los conejillos de indias. Hay que esperar décadas para poder vincular la exposición con la enfermedad, por eso no podemos esperar y hay que actuar ya”. De lo contrario, avisa, las consecuencias podrían perpetuarse por décadas.


