¿Podremos consumir productos electrónicos éticos?

Nota: Esta entrada fue originalmente publicada en el blog 3.500 millones de El Paí­s y escrito por las dos autoras de este blog.

Desde su aparición en los años 60, el comercio justo ha dejado de ser una etiqueta reservada para la artesaní­a o el café y ha incrementado poco a poco la gama de productos que ofrece. Desde el textil a las flores, cada vez es más fácil encontrar una versión ética de lo que consumimos. Pero no para la tecnologí­a. ¿Por qué?

La respuesta no es que sus prácticas laborales sean mejores. Según un informe de la consultora Oekom, las empresas tecnológicas son las que mayores abusos laborales registran, por delante del textil, y el informe apunta además a las fabricantes de teléfonos móviles como las empresas menos éticas.

Una de las principales dificultades es la compleja cadena de producción de estos productos. Los aparatos electrónicos tienen miles de pequeños componentes que son manufacturados en diferentes paí­ses para luego ser ensamblados en otro paí­s. Las materias primas también se consiguen en localizaciones dispersas en una cadena en la que es casi imposible identificar la procedencia de cada una de las piezas. Ante la dificultad de conocer el proceso con exactitud, la atención se ha centrado principalmente en dos pasos: la extracción de los minerales y las condiciones de las fábricas de ensamblaje.

Los minerales necesarios en la electrónica están a menudo asociados a sangrientos conflictos y a duros abusos laborales. Uno de los casos más conocidos es el de República Democrática del Congo, paí­s donde se encuentra el 80 por ciento de las reservas mundiales de coltán, fundamental en estos dispositivos. El coltán se ha convertido en una maldición para el paí­s, cuya extracción sigue alimentando un conflicto que ha provocado más de cinco millones de muertes en los últimos 15 años.

Para presionar a las empresas a que se aprovisionen en «minas éticas» han surgido diferentes iniciativas, como el ranking realizado por «Raise Hope for Congo« sobre la procedencia del coltán utilizado. Según la página web, aún no hay compañí­as totalmente libres del  mineral sangriento, pero algunas como DellHP o Nokia van por buen camino.

La preocupación social por las condiciones en las fábricas de ensamblaje se disparó en 2010, después de que varios trabajadores de Foxconn, una subcontrata de origen taiwanés que trabaja en China, se suicidaran en pocos meses. Las largas jornadas de trabajo, la presión constante en las fábricas o la falta de una remuneración adecuada fueron señaladas como las causas principales de los suicidios. El hecho de que Foxconn trabajara para la popular Apple levantó la polvareda y el fabricante del iPhone terminó por contratar a la Fair Labor Association para revisar las condiciones en la subcontrata. La industria ha puesto en marcha otras iniciativas conjuntas, como la Electronic Industry Citizenship Coalition (EICC), para mejorar las condiciones laborales en la manufactura de productos electrónicos.

Menos se habla de la gestión de los residuos electrónicos, a pesar de que, según la ONU, cada año se producen unos 50 millones de toneladas de estos desechos que, en su gran mayorí­a, terminan en paí­ses del tercer mundo a pesar de la prohibición internacional de exportar este tipo de chatarra. O del impacto ambiental de la fabricación, aunque, en este caso, la conciencia ecológica ha hecho mella. Según Greenpeace, los fabricantes han hecho esfuerzos durante los últimos años para hacer sus dispositivos más ecológicos, pero aún están lejos de ofrecer productos respetuosos con el medio ambiente. El último ranking publicado por la ONG en noviembre de 2011 sitúa a HP como la empresa más sostenible, seguida de Dell y Nokia.

Sin duda, la siguiente pregunta es evidente. ¿Cuánto le costarí­a al consumidor un móvil o un ordenador totalmente ético? ¿Es posible conseguirlo sin cambiar las reglas del juego? ¿Qué pasarí­a si los fabricantes empiezan a abandonar la obsolescencia programada y a fabricar productos más duraderos? ¿O si a los consumidores dejara de importarles el último modelo y pensaran en su impacto social y ecológico? Sin duda, una electrónica justa dependerá de ambas partes.