El engaño de la tercerización

 

En lo últimos tiempos se ha evidenciado que el mundo capitalista globalizado lleva, con su división internacional del trabajo, a la disminución creciente de los costes laborales -es decir, a la bajada sistemática del valor real de los salarios-. En aquellos rincones del mundo donde la legislación laboral supone costes demasiado elevados para las plusvalí­as que mantienen la rueda funcionando, los olvidados de la tierra son los esclavos, esta vez, ilegales. A menudo son inmigrantes sin papeles, el eslabón más débil de la cadena. Así­, en Sí£o Paulo, la ciudad más rica de Brasil y de toda la región latinoamericana, los bolivianos se han convertido en carne de cañón para los talleres clandestinos que proveen a las grandes marcas.

En agosto de 2011, saltó el escándalo a las portadas de los diarios brasileños cuando se descubrió que proveedores de Zara utilizaban trabajadores bolivianos, incluidos menores de edad, en condiciones análogas a la esclavitud. Cuando la prensa fue detallando la insalubridad de los talleres, los precios inverosí­miles a los que se le pagaba cada prenda o la prohibición de abandonar su puesto de trabajo, los consumidores se mostraron airados. El Gobierno brasileño amenazó con incluir a Zara en la lista negra de empleadores de mano de obra esclava, que cuenta con 250 empresas, y terminó acordando con Inditex una multa de 3,4 millones de reales (1,4 millones de euros), muy por debajo de lo inicialmente solicitado. Eva Kreisler, de la ONG Ropa Limpia, afirma que Brasil tiene uno de los gobiernos más activos en la erradicación del trabajo esclavo; aunque el periodista brasileño Leonardo Sakamoto advierte de que la actuación gubernamental es «contradictoria e insuficiente»: persigue a los explotadores, pero sigue promoviendo una economí­a del latifundio y la exportación que favorece estructuralmente la explotación. Las raí­ces del problema no se combaten.  

«La tercerización es el mecanismo clásico para derivar los riesgos«, sostiene Daniel Santini, desde la ONG brasileña Repórter Brasil. «La firma dice que su proveedor subcontrató sin su autorización, y así­ se cubre las espaldas», aclara Kreisler. Ropa Limpia insiste en que las firmas deben asegurar el control de toda la cadena productiva, y de hecho así­ lo recoge el código de conducta de Inditex, que trabaja con unos 1.500 proveedores. En la práctica, cuando saltó el escándalo de Sí£o Paulo, la empresa textil argumentó que desconocí­a el proceder de sus proveedores.

Otro «coladero» para el sabotaje a los derechos laborales es el trabajo a domicilio: en 2006, un semanario portugués denunció que un proveedor de Inditex utilizaba trabajo infantil en sus domicilios en el municipio portugués de Felgueras. Porque los abusos no se limitan al «tercer mundo»: la propia Inditex ha sido denunciada por trabajadores subcontratados en la propia sede de la compañí­a en Arteixo (Galicia) para descargar mercancí­a de forma no mecanizada con jornadas de hasta 16 horas seguidas y sin convenio.

Lo decí­a el siempre lúcido El Roto en una reciente viñeta publicada en El Paí­s: «No podemos aumentar nuestra productividad al ritmo de su codicia»

 

* Extracto del reportaje ‘La historia perversa de las cosas’, de Nazaret Castro y Laura Villadiego, publicado en la revista Números Rojos (núm. 3)

* Ilustración de nuestra parceira Silvana Martins.