Los riesgos del auge de la quinua

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La quinua, o quinoa como se ha dado a conocer en los paí­ses occidentales, se ha puesto de moda. De ser una palabra desconocida en la mayor parte del mundo ha pasado a formar parte de cartas de los restaurantes y de las recetas que ofrecen blogs y programas de televisión de prácticamente todos los continentes. Este 2013 ha sido declarado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (más conocida como FAO por sus siglas en inglés) como el Año Internacional de la Quinua, con el objetivo de dar a conocer los beneficios de este pseudocereal que se cultiva en la región andina. Pero el mensaje ya habí­a calado mucho antes. Según un informe reciente de la misma organización, entre el año 2005 y el año 2011, el volumen mundial producido de quinua aumentó un 37,3% pasando de 58.443 a 80.241 toneladas.

El Comercio Justo ha sido uno de los principales responsables de que la quinua se haya puesto de moda. Durante los últimos anos se ha convertido en uno de sus productos abanderados, gracias a las posibilidades que ofrecí­a para ayudar a comunidades pobres. Según la Coordinadora Estatal de Comercio Justo, a dí­a de hoy la quinua aporta ingresos estables a organizaciones campesinas y consolida prácticas ecológicas (y ancestrales). Sin agrotóxicos (los quí­micos con los que se riegan los cultivos transgénicos, como es el caso tan difundido de la soja) ni latifundios; se trata de cultivos, en gran parte, sostenibles social y medioambientalmente. Por ello, el presidente de Bolivia, Evo Morales, ha defendido la quinua, ese “regalo ancestral de los pueblos andinos”, como “alternativa digna” frente a la “comida chatarra” del capitalismo, esa misma comida basura que se produce “masivamente” y que, con las grandes transnacionales al frente, busca “imponer” los gustos con “alimentos globales”.

Pero la moda conlleva sus riesgos. No toda la quinua es producida bajo estos estándares éticos y muchos han acusado del aumento de precios de este pseudocereal a las tendencias en Occidente. Así­, entre 2005 y 2010, su precio se incrementó más de un 250 por ciento, lo que ha dejado a muchos campesinos sin posibilidades de adquirir el “cereal de los dioses”. En la espiral del lucro en que navega la economí­a mundial, algunos ya temen que la quinua se sume a ese puñado de plantaciones de moda para los inversores globales, como la soja, el maí­z, la caña de azúcar; con el coste que siempre impone el monocultivo. El precio ya lo están pagando los bolivianos, que han visto cómo se triplicaba el precio del cereal en sólo unos años. No es de extrañar; según fuentes oficiales, el 90% de la producción de quinua en Bolivia se destina hoy a la exportación. Y eso a pesar de que, según la FAO (2011), el hambre afectaba en 2011 al 24 por ciento de la población boliviana, unos dos millones de personas.

Este crecimiento también entraña otros riesgos, especialmente el acaparamiento de tierras y las prácticas latifundistas que pueden verse impulsadas por el deseo de muchos de sacar la máxima rentabilidad a este alimento. En este sentido, tan sólo en 2012, la superficie cultivada de la quinoa aumentó un 47% respecto al año anterior. En Perú, la producción de quinoa crece a un ritmo anual del 75%.

Ninguna moda, por muy ecológica o sostenible que pueda parecer, está exenta de riesgo. El consumo masivo puede traer consigo desequilibrios para las comunidades locales e impactos ecológicos, incluso si la planta que se cultiva es el “alimento de los dioses”.

 

Imagen: Diferentes variedades de quinua en un mercado en Perú/ Apega. Asociación peruana de Gastronomí­a

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Este post es un extracto adaptado de nuestro quinto Informe de Combate. Si quieres tener acceso a los Informes de Combate, descubre aquí­ cómo convertirte en Mecenas de Carro de Combate.