Bangladesh y el textil, un año después del derrumbe del Rana Plaza

800px-Dhaka_Savar_Building_Collapse

Hace hoy exactamente un año, el Rana Plaza, un edificio de ocho plantas que albergaba varios talleres de textil, entre otros negocios, situado cerca de la capital de Bangladesh, amaneció con varias grandes grietas en sus paredes. Tras una inspección oficial, un técnico declaró el edificio “no seguro” y fue evacuado. Los trabajadores de los talleres fueron, sin embargo, obligados a volver a entrar en el edificio al dí­a siguiente, cuando otra inspección contradijo a la realizada la ví­spera. El dí­a 24, a las pocas horas de comenzar la jornada, las ocho plantas habí­an sucumbido al traqueteo de los generadores de energí­a y se habí­an convertido en una gran lápida para más de 1.100 trabajadores. 

El derrumbe del Rana Plaza fue el mayor accidente de la historia del sector textil. Durante varias semanas, los medios internacionales cubrieron la catástrofe y las imágenes de ví­ctimas y equipos de rescate ocuparon las portadas de mucho de los principales periódicos del mundo. Tras el impacto inicial, la cobertura internacional bajó de ritmo, pero Bangladesh ha estado bastante presente en los medios durante los últimos meses – gracias, entre otros, al trabajo insistente de organizaciones como la Campaña Ropa Limpia. Ha sido en buena parte este impacto mediático el que ha llevado a las autoridades de Bangladesh y a algunas de las marcas internacionales implicadas a tomar medidas para mejorar unas de las condiciones laborales más terribles del mundo.

Como ya contamos tres meses después de la tragedia, uno de los principales avances fue la legalización de facto – porque de iure eran legales pero no se les permití­a actuar – de los sindicatos. Su registro es ahora más sencillo y ya han empezado a organizarse en algunas fábricas, aunque aún hay denuncias de represalias por pertenecer a sindicatos. Además, en julio de 2013, el gobierno modificó la ley laboral y el salario mí­nimo se elevó un 77 por ciento hasta los 68 dólares mensuales (aún así­, sigue siendo el más bajo del mundo).

Quizá el cambio más importante han sido los esfuerzos que se han realizado por mejorar la seguridad y la estructura de las fábricas. Las marcas y el gobierno han forzado cientos de inspecciones  y algunos de los informes pueden incluso encontrarse en internet.  Algunas fábricas que no han querido mejorar sus instalaciones han sido cerradas, algo que no ha gustado, sin embargo, a muchos trabajadores que han perdido sus empleos.

El principal problema han sido las compensaciones a las ví­ctimas, tanto a los heridos como a los familiares de los fallecidos.  Según The Guardian, el fondo de compensaciones que ha sido apoyado por Naciones Unidas para pagar, entre otros, sueldos perdidos, funerales o facturas de hospitales sólo ha recaudado un tercio (15 millones de dólares) de los 40 millones que se habí­a propuesto. La Campaña Ropa Limpia ha denunciado además que, de las 29 marcas que tení­an proveedores en el Rana Plaza, sólo la mitad ha pagado. El Corté Inglés, Mango, H&M, Inditex y Primark, marcas conocidas en España, están entre las que han prometido dinero. í‰sta última, conocida precisamente por ser la reina de la ropa low cost, es la que más dinero ha puesto sobre la mesa, con 1 millón de dólares que han ido al fondo de compensación, 9 millones que, asegura la compañí­a, han empezado a ser repartidos entre los trabajadores del taller que trabajaba para ellos, más dos millones adicionales que ya han sido distribuidos. Otras, como el gigante Walmart, han hecho sólo pequeñas aportaciones.

Por otra parte, la industria internacional, en lugar de actuar como un bloque, se ha dividido en dos. Uno de los grupos “” el Bangladesh Accord for Fire and Building Safety “” reúne a más de 150 marcas, la mayorí­a de ellas europeas, como H&M, Carrefour, Inditex y Mango, aunque también hay 14 estadounidenses. El otro grupo “” Alliance for Bangladesh Worker Safety “” sólo está apoyado por 26 empresas, entre ellas Walmart, Gap y son todas estadounidenses o canadienses. Cada una ha impuesto estándares diferentes, más estrictos para el acuerdo europeo, tanto en las condiciones laborales como en las inspecciones.

Pero como ocurrió con el incendio que mató a 146 costureras en una fábrica en Nueva York en 1911, el derrumbe del Rana Plaza probablemente supondrá un antes y un después en las condiciones laborales de Bangladesh. Pero no del textil.

En busca de nuevos horizontes… más baratos

Bangladesh es el segundo exportador mundial de textil del mundo, sólo por detrás de China. Su posición en el mercado mundial es muy reciente y el boom se dio a partir de 2004, precisamente cuando en China ya se empezaba a dar una mejora de las condiciones laborales y muchas marcas buscaron proveedores más baratos. Aunque China sigue siendo el principal productor, las empresas textiles están dejando de forma progresiva al gigante asiático porque se ha vuelto demasiado caro.

Con la mejora de las condiciones en Bangladesh, si realmente se dan, podrí­a ocurrir algo similar. En una reciente entrevista a El Paí­s, la directora de sostenibilidad de H&M, Helena Helmersson, aseguraba: “Hemos negociado con gobiernos, como por ejemplo con el primer ministro de Camboya el año pasado. Esto mismo hicimos en Bangladesh en 2012 y creo que les dejamos un mensaje muy claro: las grandes empresas queremos mejoras en las condiciones laborales. Necesitamos la seguridad que nos da la estabilidad social para nuestra expansión”. Entre esas mejoras, la directora de sostenibilidad hablaba, fundamentalmente, de salarios y aseguraba que les resultaba difí­cil determinar qué supone un salario justo para los trabajadores de esos paí­ses, a pesar de que hay numerosos estudios que ya lo determinan.

En cualquier caso, las declaraciones contrastaban con otras de su CEO Karl-Johan Persson, quien aseguraba a un medio sueco que la marca ya habí­a empezado a fabricar en ífrica y que estaba buscando nuevos proveedores en el continente. El textil es uno de los sectores más movibles que existen. Los trabajadores no requieren de grandes habilidades y la inversión para montar una fábrica es baja. Por lo que se puede mover rápidamente.

Por otra parte, muchos propietarios de fábricas se quejan de que los precios exigidos por las grandes marcas son tan bajos que apenas tienen margen de maniobra para mejorar las condiciones. Es una de las denuncias que hací­a un empresario español con una fábrica en Camboya, que relató a El Mundo las condiciones en los talleres.

La historia nos enseña que el textil ha saltado de paí­s pobre en paí­s pobre – los más optimistas dicen que ha sido el desencadenante del desarrollo en muchos paí­ses – buscando a los trabajadores más baratos. La incipiente migración del textil a ífrica sugiere que, aunque Bangladesh consiga mejorar las condiciones laborales, algo que sin duda aún está lejos de ocurrir, la industria no tiene demasiadas intenciones de cambiar su explotadora lógica de producción.

Imagen: El Rana Plaza tras el derrumbe./ Jaber Al Nahian