Bangladesh, tres meses después de la tragedia

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Hoy, hace tres meses, un edificio de ocho plantas que albergaba fábricas de textil se derrumbó en Savar, una localidad cercana a la capital de Bangladesh, Dacca. Bajo los escombros, murieron, según las cifras oficiales, 1.129 personas. Durante dí­as, la tragedia ocupó portadas de medio mundo y se habló de un punto de inflexión para mejorar las condiciones laborales del paí­s, uno de los más pobres del mundo y el que registra los salarios más bajos para los trabajadores del textil. Pero ¿qué ha pasado desde entonces? Repasemos primero la cronologí­a de los eventos durante las últimas semanas:

24 de abril de 2013: se derrumba el edificio Rana Plaza donde trabajaban más de 3.000 personas en fábricas de textil. El dí­a anterior el edificio habí­a presentado graves grietas y los trabajadores de otros establecimientos, como tiendas y bancos, no habí­an acudido a su puesto por miedo. Los empleados textiles fueron obligados a trabajar.

29 de abril: primera reunión de los representantes de varias marcas para mejorar la seguridad en las fábricas en Frankfurt.

13 de mayo: H&M e Inditex firman el primer acuerdo para mejorar la seguridad en las fábricas. El gobierno anuncia un aumento del salario mí­nimo y la legalización de los sindicatos.

23 de mayo: una investigación del gobierno de Bangladesh sobre el derrumbe muestra que el edificio tení­a serios defectos de construcción. El informe recomendaba además la cadena perpetua para el propietario del edificio así­ como los dueños de las 5 fábricas que se encontraban alojadas dentro.

30 de mayo: las principales marcas textiles de Estados Unidos, Gap y Wal-Mart, aseguran que crearán su propio plan de seguridad en las fábricas y que no se unirán al firmado por el resto de compañí­as.

8 de julio: 70 marcas, casi todas europeas, presentan un plan de seguridad en las fábricas en Bangladesh. El acuerdo incluye inspecciones a las fábricas y es de obligado cumplimiento. Las marcas se han comprometido además a poner a disposición del público su lista de proveedores en el paí­s.

27 de junio: Estados Unidos suspende el acuerdo preferencial con Bangladesh por la falta de seguridad y los abusos laborales en el paí­s. Curiosamente, las exportaciones de textil de Bangladesh a Estados Unidos no se beneficiaban de este acuerdo, por lo que la industria no se ha visto afectada.

10 de julio: 17 marcas estadounidenses presentan su propia plan de seguridad. El plan establece un año de plazo para inspeccionar todas las fábricas proveedoras y, según sus firmantes, se centra principalmente en asegurar la seguridad del trabajador y darle voz en las empresas. No hacen referencia a la obligatoriedad de su cumplimiento en su nota de presentación.

15 de julio: Bangladesh aprueba una nueva legislación laboral.

¿Ha habido cambios positivos en Bangladesh?

El derrumbe supuso sin duda la apertura de un debate internacional sobre las condiciones laborales en la industria textil y tanto el gobierno como las empresas actuaron rápidamente para minimizar el impacto negativo sobre su imagen. No en vano, las mayores marcas del mundo estaban conectadas de forma directa o indirecta a las fábricas derrumbadas, en un paí­s que es el segundo exportador mundial de ropa. Los anuncios de grandes planes y proyectos por buena parte de los actores ha sido constantes durante los últimos meses, pero ¿ha habido realmente avances? ¿Se puede ser optimista?Este es un pequeño balance de las consecuencias del derrumbe en el paí­s:

1. El cambio de la legislación laboral ha sido positivo: Sin duda, hay muchos aspectos que se pueden mejorar, pero Bangladesh ha dado un paso fundamental para mejorar la situación laboral con la legalización de los sindicatos – técnicamente se ha facilitado su formación, antes eran legales pero las empresas podí­an vetarlos, por lo que en la práctica, no habí­a – y la ratificación de las Convenciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) 87 y 98 sobre libertad de asociación y negociación colectiva. Está por ver cómo se crean esos sindicatos y cómo se insertan en la negociación con las empresas, ya que en la mayor parte de los paí­ses asiáticos, el movimiento sindical apenas tiene fuerza, aunque esté legalizado. No obstante, la propia OIT ha asegurado que los cambios son insuficientes y que la creación de sindicatos aún no es totalmente libre.

2. La seguridad en las fábricas mejorará: Aún es pronto para saber si ha habido mejoras reales. El gobierno cerró tras la tragedia varias fábricas que tení­an serios riesgos de derrumbe o incendio. Los dos acuerdos previamente mencionados entre las principales marcas se dirigen fundamentalmente a evitar otro desastre similar. Probablemente no volvamos a ver una tragedia de caracterí­sticas parecidas en el paí­s.

3. Una comisión para aumentar el salario: el gobierno ha creado una comisión para aumentar el salario mí­nimo que, según ha prometido, será retroactivo y las empresas tendrán que pagar a partir del 1 de mayo. Aún no hay una cifra para ese nuevo salario, pero el margen se establecerá en el salario que se cobra en Camboya, uno de sus mayores competidores en el sector, que se sitúa ahora en 80 dólares. Laos y Birmania son otros de los paí­ses que podrí­a absorber parte de la demanda de Bangladesh.

4. Caos en la tragedia: El gobierno de Bangladesh ha demostrado que no está preparado para gestionar grandes catástrofes y que tampoco está dispuesto a ayudar a los familiares de las ví­ctimas a encontrar a los desaparecidos. No hay un número oficial de desaparecidos pero se calcula que son varios cientos, que no están contabilizados, por tanto, en la cifra de muertos.

5. Lentitud en las compensaciones. Uno de los anuncios que varias marcas hicieron fue el compromiso de pagar compensaciones y hacerlo de forma rápida. De momento, sólo Primark ha comenzado a pagar las indemnizaciones. El gobierno dio dinero a algunas ví­ctimas, aunque éstas han considerado la cantidad demasiado baja. En el caso del incendio de Tazreen, que en diciembre de 2012 se llevó más de 100 vidas, ni las marcas ni las empresas han pagado las compensaciones, a pesar de que el tiempo estipulado por un tribunal ya ha expirado.

Este balance muestra una realidad inequí­voca: aquellos asuntos de los que más se ha hablado en la prensa internacional son los que más han mejorado. Del interés y la presión que medios y consumidores mantengan sobre la industria textil dependerá fundamentalmente el futuro de Bangladesh.

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