¿De dónde procede el pescado que consumes?

Pocos libros de historia que incluyan las primeras etapas de la civilización humana no reseñan que la domesticación de plantas y ganado ha sido una de las bases para el desarrollo de sociedades complejas. Se cree que los primeros animales en ser domesticados hace unos 10.000 años fueron especies pequeñas, como cabras y ovejas, seguidas de los pollos. La cría de peces, sin embargo, no parece que entrara en esos primeros planes de asentamientos humanos y los primeros indicios de acuicultura no se han encontrado hasta ocho mil años después en China. Mucho ha cambiado desde entonces. En la actualidad, aunque las capturas salvajes siguen siendo superiores a la producción en granjas, la acuicultura es uno de los métodos de producción de alimentos que más rápido crece y casi la mitad del pescado que consumimos procede ahora de piscifactorías.

Las innovaciones en los métodos de pesca el pasado siglo, especialmente la aparición de los conocidos como dispositivos de agregación de peces (FAD en sus siglas en inglés), ya permitieron un incremento de la ingesta de pescado y que especies antes  para se convirtieran en comunes. Un buen ejemplo de ello es el atún. La acuicultura ha puesto otras especies sobre nuestra mesa. Sin duda una de las más exitosas ha sido el caso de las gambas, ahora omnipresentes, que se crían en piscinas como ésta en Vietnam:

Incluso hemos empezado a consumir especies que antes nos eran desconocidas y que proceden de miles de kilómetros. El mejor ejemplo, al menos en España, es el de la polémica panga, muy controvertida por sus métodos de producción. Pero, aunque estamos acostumbrados a ver en los medios las poco salubres jaulas que muchos vietnamitas tienen en su casa, y cuya producción se destina generalmente al mercado local, en piscifactorías certificadas como sostenibles, la panga se cría así:

Todos estos cambios han permitido que el pescado llegue a mucho más lugares y que el consumo per cápita se haya incrementado rápidamente. Así, según la FAO en 2016 se sobrepasó por primera vez en la historia los 20 kilos de consumo per cápita de pescado en el mundo. Pero ha cambiado no sólo la cantidad y el tipo de pescado que comemos, sino también la forma en la que lo hacemos y cada vez más lo compramos congelado para luego cocinarlo.

Fuente: The State of World Fisheries and Aquaculture 2016. FAO

Sin embargo, el desarrollo de la industria pesquera no tiene sólo una historia positiva. La granjas de gambas han sido una de las principales razones de la deforestación de manglares en el mundo, unos frágiles ecosistemas fundamentales para la supervivencia del resto de especies marítimas, ya que muchas anidan en ellos. La sobrepesca ha llevado a la sobreexplotación de especies, muchas de las cuales están en peligro de extinción, o a las llamadas capturas accidentales, que amenazan animales que normalmente no comemos, como delfines o tortugas, pero que son arrastrados por los sistemas de captura. La necesidad de reducir costes, en un mundo en el que la presión por bajar precios es infinita, y la falta de control han llevado a que el trabajo de personas y la esclavitud sean habituales en los barcos que pescan en alta mar. Irónicamente, la externalización de los impactos ha llevado también a que sea más barato producir gambas y pelarlas en Vietnam para transportarlas congeladas hasta Europa, que hacerlo cerca de casa:

Llevamos varios meses investigando de dónde procede el pescado que consumimos. Pero aún nos quedan muchas preguntas que investigaremos en los próximos meses. Con todo ello queremos publicar antes de finales de año un relato en profundidad, centrado en tres de las especies más polémicas -a saber: las gambas, la panga y el atún-, que cuente a través de historias humanas cuáles son los impactos que generan estas industrias y cómo la concienciación del consumidor están impulsando reformas.

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