Tribuna: ¿Es el aceite de palma ahora un aliado del medio ambiente? No, UICN no ha dicho eso

El aceite de palma es hoy en día sinónimo de polémica y, lo que es más importante aún para la industria mediática, de clicks. En Europa lleva un tiempo siendo así, pero en España es una tendencia más reciente. De hecho, cuando en Carro de Combate lanzamos un crowdfunding para financiar nuestra investigación sobre el aceite de palma, estuvimos a punto de no conseguir llegar al mínimo necesario porque no despertó el suficiente interés. Eso fue a finales de 2015. Durante el 2016, nos dedicamos a visitar plantaciones por medio mundo y empezamos a publicar los primeros reportajes. Cuando a principios de 2017 saltó la polémica sobre las consecuencias del aceite de palma sobre la salud, nuestra página web empezó a tener decenas de miles de visitas al día y medios de todo tipo empezaron a llamarnos.

Desde entonces, cualquier cosa que suene a aceite de palma pasa rápidamente a ocupar sitios privilegiados en las páginas de buena parte de los medios españoles. Así que cuando hace un par de días la Unión Internacional para la Conservación para la Naturaleza (UICN) presentó un detallado informe sobre los efectos del aceite de palma sobre la biodiversidad la tinta (o las pulsaciones de teclado) corrieron como la pólvora. Y esta vez con mayor ahínco, porque el mensaje era diferente al que nos habían acostumbrado hasta ahora: evitar el aceite de palma no pararía la destrucción de biodiversidad, dice el informe.

Algo de lo que ya habíamos advertido en esta web. De hecho, hace unos meses publicamos un editorial (“El boicot al aceite de palma no es la solución“) preocupadas por la tendencia perniciosa que estaba teniendo la polémica sobre el aceite de palma, ya que vez de promoverse un replanteamiento de la forma en que nos alimentamos, o producimos energía, los consumidores estaban buscando sustitutos directos del aceite de palma para seguir consumiendo las mismas galletas, pizzas o bollos.

Y eso, como bien avisan los científicos del UICN, puede tener un efecto de desplazamiento del problema. “El aceite de palma está diezmando la gran diversidad de especies del sureste asiático, conforme se va tragando grandes extensiones de bosques tropicales. Pero si lo remplazamos por cultivos de colza, soja o girasol, podrían sufrir otros ecosistemas naturales y otras especies. Para poner fin a la destrucción, debemos esforzarnos por producir aceite de palma libre de deforestación, y asegurarnos que todos los esfuerzos para limitar el uso de aceite de palma cuenten con información científica sólida y confiable para entender las consecuencias,” , explicó según un comunicado el principal investigador Erik Meijaard.

Pero de ahí a los artículos que algunos medios han publicado en los que parece que ahora el aceite de palma es el paradigma de la biodiversidad hay un abismo. De hecho, la misma UICN lo compartía así en su Twitter (entre otros tweets):

Uno de los artículos más preocupantes es el de Xataka, titulado “En un giro de guión sin precedentes, el aceite de palma resulta ser una herramienta imprescindible para defender la biodiversidad”, en el que según el artículo, la UICN no habría podido ser más clara y habría dicho: “cualquier otra, sería mucho peor” (A pesar de estar entre comillas  como si hubiera sido sacada del informe, nosotras no hemos conseguido encontrarla). En cualquier caso, en ningún momento IUCN dice que el aceite de palma sea una herramienta imprescindible para defender la biodiversidad. El informe dice, sin embargo, que “en la actualidad la mayor parte del aceite de palma es producido sin consideraciones mínimas de los impactos medioambientales y sobre la biodiversidad” y que el “aceite de palma certificado hasta el momento sólo ha demostrado tener un impacto negativo marginalmente inferior sobre la biodiversidad a la del cultivo en general”.

Es importante leer el estudio con cuidado porque es realmente una herramienta muy valiosa para entender mejor los impactos sobre la biodiversidad del aceite de palma, especialmente porque traza una radiografía bastante completa de las complejidades de un mundo en el que es importante conjugar la conservación del medio ambiente con aspectos económicos y sociales. Algo sin duda esencial si tenemos en cuenta que casi 19 millones de hectáreas de tierra son plantaciones industriales con aceite de palma (el total aumenta si se tienen en cuenta las pequeñas plantaciones) y que la mayoría están en países en desarrollo. Y dados los importantes impactos medioambientales de esta planta, pero también de otras, cómo se organiza y para qué se usa el suelo agrícola es algo que hay medir cuidadosamente. No en vano, según el estudio, la agricultura y la acuicultura son la mayor amenaza para la supervivencia de especies animales, ya que un total de 9251 especies están amenazadas por sus actividades.

Sin embargo, comparar el impacto medioambiental de los diferentes cultivos es tremendamente complejo y no se puede hacer sólo en términos de suelo necesario para producir una hectárea. Algo que, por cierto, el estudio no hace de esa forma categórica que han transmitido la mayor parte de los medios. Cada monocultivo tiene una gran cantidad de impactos asociados y, al mismo tiempo, cada uno de ellos producen una gran variedad de productos y subproductos diferentes, por lo que su productividad tampoco puede ser únicamente medida en términos de tonelada de aceite producida por hectárea. Tampoco todos los suelos tienen el mismo valor ecológico, y otros cultivos no compiten tan directamente por el suelo con bosques tropicales como el aceite de palma. Simplificarlo en una escala del más malo al menos malo es prácticamente imposible, hay demasiados ‘dependes’.

El estudio lo expresa de la siguiente manera: “Dado que la palma aceitera produce más aceite por área que los otros cultivos destinados a aceites importantes, esta sustitución probablemente llevará a un incremento neto del area global agrícola. Sin embargo, estos efectos difieren de forma importante según los modelos y dependen en supuestos sobre elasticidad de la demanda, futuros incrementos en el rendimiento [de las cosechas], y varios factores más. Por tanto, los efectos sobre la biodiversidad derivados de la restricción de las importaciones son muy inciertos y dependen de qué cultivos se expandan y dónde esta expansión ocurra”.

Por otra parte, el estudio está planteado partiendo de la hipotésis de base de que la demanda de aceites vegetales va a continuar creciendo de forma estable. “El aceite de palma está aquí para quedarse”, decía UICN en su comunicado de prensa. Es prudente plantear esa posibilidad, porque es mejor partir del peor escenario posible, pero sin duda es importante repensar nuestro uso de los aceites vegetales en general, tanto en alimentación, cosmética y energía y proponer eso como principal solución.

Podría haber, además, escenarios peores, como, por ejemplo, que la apuesta por un aceite de palma con estándares más estrictos eleve los precios y que la demanda se desplace de todas formas hacia esos otros aceites vegetales porque se habrían vuelto más baratos. De hecho, el estudio reconoce que una de las lagunas en las que hace falta más conocimiento es sobre este comportamiento de los costes, así como también del valor económico de la preservación de esos mismos bosques que se están deforestando (porque sí, también se pueden generar recursos económicos importantes incluso preservando la biodiversidad).

De nuevo, hay demasiados ‘dependes’ y las soluciones son probablemente más estructurales que centradas en una única industria.

Recuerda que puedes consultar nuestra investigación sobre el aceite de palma aquí. Si quieres leer el ebook que hemos escrito sobre la industria del aceite de palma, puedes conseguirlo haciéndote mecenas de Carro de Combate a partir de 15 euros anuales. Además del libro, tendrás acceso a muchos otros materiales y nos ayudarás además a seguir investigando. Hasta el 23 de julio entrarás además en el sorteo del libro de Brenda Chávez ‘Tu consumo puede cambiar el mundo’. 

Las imágenes están sacadas del estudio de UICN.