Entrevista a Alicia Puleo: «Una sociedad basada en la igualdad y el cuidado sería una sociedad ecofeminista»

 

La filósofa Alicia Puleo es una de las autoras más destacadas en el pensamiento ecofeminista. Autora de libros como Ecofeminismo para otro mundo posible (2011)​ y Claves Ecofeministas. Para rebeldes de aman a la Tierra y a los animales (2019), sus reflexiones nos ayudan a entender la necesidad urgente de una convergencia entre las demandas del movimiento feminista y del ecologismo. Porque, a fin de cuentas, ambas propuestas comparten un núcleo central tanto en su diagnóstico como en la búsqueda de soluciones al desafío planetario que enfrentamos: la necesidad de poner en el centro la sostenibilidad de la vida y no, como pretende el sistema socioeconómico en el que vivimos, la reproducción del capital.

Nazaret Castro: ¿Por qué se dice, desde las perspectivas ecofeministas, que la destrucción de la naturaleza y la desvalorización del cuerpo de las mujeres tienen una raíz en común y, por tanto, la búsqueda de soluciones también debe ir a esa raíz? ¿Podríamos decir entonces que el sistema capitalista de producción, distribución y consumo es patriarcal?

Alicia Puleo: Históricamente, en numerosas culturas y, por supuesto, en la nuestra, se ha dado una devaluación de la Naturaleza y de aquellos seres a los que se considera “más naturales”. Ya en la Antigua Grecia, Aristóteles afirma que mujeres, esclavos y animales “son para el hombre libre”, es decir, para el griego. La justificación que daba el filósofo era que sólo “hacían cosas con el cuerpo”, mientras que el hombre libre, el griego, era capaz de razonar, era espíritu capaz de controlar y dominar la materia y las emociones. La contraposición entre Cultura y Naturaleza ha continuado hasta la actualidad. En el siglo XIX se negaba la entrada de las mujeres en la Universidad porque eran “más naturales”, más emocionales, más atadas a su cuerpo y el ejercicio mental, se afirmaba, afectaba su tarea fundamental que era reproducir y mejorar la especie humana. Los varones, en cambio, podían dedicarse a mejorar la civilización, cultivar el pensamiento. Hoy, todavía, el cuerpo femenino sufre una cosificación que no afecta al masculino. Las mujeres han sido naturalizadas y la Naturaleza feminizada, concebida como una fuente de recursos infinitos que sólo existen para el Hombre. La voluntad de dominio y el desprecio de la naturaleza como identidad patriarcal ha tomado diferentes formas en la Historia, la actual es el neoliberalismo depredador, una voluntad de dominio que no conoce límites y que nos lleva al abismo. En ese sentido, el capitalismo en su necesidad de expansión infinita es una de las formas de la voluntad de dominio patriarcal. Es hora de reconocer que las actividades del cuidado que se asignaron a las mujeres han de ser enseñadas también a los hombres y reconocidas como plenamente humanas. El cuidado ha de ser hoy cuidado de humanos, animales y ecosistemas. Una sociedad basada en la igualdad y el cuidado sería una sociedad ecofeminista.

N. C.: El feminismo es, tal vez, el movimiento social que en este momento tiene más fuerza a nivel internacional, y está siendo capaz de entrelazar transversalmente consignas de género, raza y clase. Ahora bien, ¿crees que las demandas ecologistas, antiextractivistas o en defensa de la soberanía alimentaria están calando lo suficientemente profundo en el movimiento? ¿Qué tan ecofeminista es el feminismo ‘mainstream’?

A. P.: Queda mucho por hacer para que el feminismo adquiera conciencia ecologista; y también para que el ecologismo sea realmente feminista y no tome a las mujeres y al feminismo como meros instrumentos para llegar a sus propias metas, como han hecho históricamente otros movimientos sociales. Mi propuesta ecofeminista es una invitación a la conciencia ecologista y animalista desde la crítica al sexismo y al androcentrismo , no una exigencia al feminismo del tipo “el feminismo tiene que ser necesariamente esto o lo otro”, como se oye a veces desde distintos frentes. El feminismo es la lucha de las mujeres por la igualdad y la libertad, no necesita más para ser reconocido como feminismo. ¿Por qué se le exige tanto, como si fuera el culpable de todas las injusticias? ¿Será que no se nos reconoce a las mujeres el derecho a mirar por nuestros propios derechos? El ecofeminismo es una parte del feminismo, es una de sus corrientes. Intenta responder a nuevos problemas y sensibilidades de nuestra época. No pretende deslegitimar al feminismo no ecofeminista. Tampoco el feminismo debe deslegitimar al ecofeminismo por ser “eco”. Lo que debemos comprender es que la mayor parte del feminismo, como gran parte de la sociedad, no ha tomado nota aún de la situación geológica e histórica tan especial que vivimos. Por lo tanto, no siente la necesidad de preocuparse por cuestiones tales como la insostenible sociedad de consumo, la emergencia climática, o la destrucción medioambiental llevada adelante por las grandes corporaciones en sus prácticas de agricultura y ganadería industriales, megaminería, la inconcebible violencia ejercida sobre los animales silvestres y “de consumo”, etc. Sin embargo, como he señalado en mis libros Ecofeminismo para otro mundo posible y Claves ecofeministas, todas estas son cuestiones que afectan a las mujeres. La sororidad internacional pasa por comprender la necesidad de ecojusticia para las mujeres pobres de los países empobrecidos. La crítica al androcentrismo nos abre una ventana feminista a la empatía más allá de nuestra especie. Ante el anunciado colapso ambiental y civilizatorio de mediados de este siglo, el ecofeminismo es una forma de feminismo que busca preservar la Tierra que es nuestro hogar común.

N. C.: El fenómeno Greta Thunberg y Fridays For Future ha evidenciado que las nuevas generaciones vienen demandando una respuesta urgente y radical frente a la inacción que volvió a escenificarse en la COP25 celebrada en Madrid. ¿Ves probable que esas demandas se entrelacen con la fuerza con la que está enraizando el feminismo en esas generaciones?

A. P.: Me parece asombrosa la indiferencia de gran parte de la población ante la emergencia climática que amenaza el futuro de la humanidad y de otras formas de vida en la Tierra. Estamos viendo, por ejemplo con los incendios de Australia, el futuro que nos espera si siguen aumentando las temperaturas medias y, a pesar de ello, no hay una reacción generalizada, un para todo y decir: ¡hasta aquí hemos llegado! ¡hay que corregir el rumbo! Los políticos no tomarán decisiones difíciles mientras no tengan una ciudadanía que lo exija con firmeza. Greta Thunberg y Fridays for Future representan esa gran esperanza. Son jóvenes que han comprendido que se les está robando el futuro y reclaman responsabilidades y acciones efectivas. Ojalá adquieran la fuerza del feminismo. Creo, sin embargo, que es difícil porque las cuestiones a las que responde el feminismo son más inmediatas y afectan ahora mismo su vida cotidiana: el acoso sexual, la maternidad forzada, la violación, el sexismo en general… Tomar conciencia de la injusticia climática y de las formas en que ésta les afectará en un par de décadas requiere más y mejor información científica, más empatía con humanos y animales afectados en el presente y una actitud decidida de prevenir el daño futuro, lo cual es más difícil. Difícil pero no imposible. Las redes sociales y el contacto entre iguales propio de la juventud pueden sorprendernos gratamente en poco tiempo.

N. C.: ¿Cómo podemos pensar una estrategia para que converjan esas demandas en el campo de acción del movimiento feminista? (por ejemplo, visibilizar cómo las mujeres son las principales afectadas por el avance de proyectos extractivos y de las catástrofes climáticas… o acciones comunicativas, se me ocurre una acción performática como la de Lastesis chilenas que coloque en el centro la cuestión ambiental, la defensa de la vida en todas sus formas…)

A. P.: Un aspecto importante, a mi juicio, es informar sobre las consecuencias que un medioambiente tóxico tiene para la salud de las mujeres. Pocas saben que, como muestra la endocrinóloga Carme Valls-Llobet en su manual Medio Ambiente y salud (Cátedra, Colección Feminismos, 2018), muchos productos de limpieza o los agrotóxicos usados en la agricultura industrial, por ejemplo, y que llegan en los alimentos que consumimos actúan como xenoestrógenos (estrógenos externos) en el cuerpo y producen un incremento de las enfermedades autoinmunes y de los cánceres ginecológicos. Y dar a conocer, como señalaba antes, la situación de las mujeres pobres que en el Sur global soportan las fumigaciones intensivas y el envenenamiento del agua en sus territorios. El ecofeminismo es, así, autocuidado y justicia global. Y me parece que tu referencia a Lastesis chilenas es más que acertada. Lastesis marca un camino. ¡Esperemos recorrerlo pronto!