5 formas de comprar directamente (o casi) a los agricultores

Los agricultores en España se han echado a las calles con buenas razones. Denuncian que los precios que reciben actualmente por sus cosechas son insuficientes para cubrir siquiera los costes de producción y que la situación es insostenible. Y las medidas que el gobierno ha anunciado no les parecen suficientes.

Las causas son complejas y explicarlas en profundidad requeriría de un análisis profundo de cadenas de producción, volatilidad de los precios, mercados financieros, políticas públicas y comportamiento del consumidor, entre muchos otros elementos. Es lo que hacemos en nuestro libro ‘Los monocultivos que conquistaron el mundo’ en el que analizamos cómo todos estos elementos definen la industria agroalimentaria actual.

Así, diseccionamos el proceso de concentración y homogeneización que ha tenido lugar en la industria agroalimentaria durante las últimas décadas y que ha llevado a que el control de los alimentos repose cada vez en menos manos (no necesariamente los productores, a menudo en los intermediarios). Esto no sólo ha afectado a los agricultores que cada vez tienen una menor capacidad de decisión sobre su modelo de negocio y que se enfrentan a condiciones cada vez más precarias. También ha cambiado radicalmente nuestro modelo de alimentación a uno más rápido, con más alimentos procesados y menos frescos, que nos está causando problemas de salud.

Sin embargo, en el caso del campo español, buena parte de las causas – no todas – se centran en el modelo de distribución y consumo. Ese modelo de distribución infla los precios que le llegan al consumidor pero, en muchos casos, sigue sin pagarle lo suficiente al productor en origen. Esta tabla publicada en El Economista lo resume a la perfección.

 

COAG lo expresaba así en un estudio reciente: «Los agricultores y agricultoras estamos en el medio de la cadena de valor, en la parte ancha de un doble embudo: frente a 945.000 explotaciones agrícolas y ganaderas (INE, 2016), en uno de los cuellos del embudo está la distribución comercial, fuertemente concentrada: los seis primeros grupos de distribución comercial concentran el 55,4% de la cuota de mercado en España, según cifras de Kantar Worldpanel para junio de 2019. Pero por el otro lado, en el otro estrechamiento, le compramos nuestros insumos a menos empresas, que son cada vez más grandes y poderosas (véanse las fusiones Monsanto + Bayer, Dow + DuPont, Syngenta + ChemChina…)».

Como consumidores, poco podemos hacer con respecto a ese segundo embudo. Sin embargo, sí podemos intentar ensanchar la boca del primer embudo, buscando alternativas de distribución que sean más beneficiosas para los productores. Con una compra de proximidad, también contrarrestamos otro de los grandes problemas del campo local: la competencia de productos procedentes de otros países, muchos de ellos con regulaciones más laxas que las europeas y, por tanto, con menos costes de producción (pero con un mayor impacto socioambiental). Y reduciremos la huella de transporte de nuestra compra.

Durante los últimos años se han incrementado las propuestas que permiten comprar directamente a los productores o reduciendo los intermediarios. Estas son las algunas de las principales:

1- Mercados de productores o agricultores: Durante los últimos años han proliferado los mercados en los que los agricultores venden su propia mercancía, generalmente de proximidad. Hay que diferenciarlos de los mercados tradicionales, en los que la venta la realizan también intermediarios, aunque sean pequeños. En el caso de los mercados de productores, al ser los propios agricultores los que realizan la venta, su periodicidad suele ser menor (una o dos veces al mes, por lo general). Suele haber mercados prácticamente en cada provincia, muchas veces impulsados por las administraciones. Un ejemplo es el Mercado de Productores de Madrid que se celebra una vez al mes en Matadero, mientras que en Barcelona hay diversos Mercats de Pagès. Zaragoza celebra todas las semanas un mercado agroecológico en la Plaza del Pilar, mientras que en Valladolid (el PRAE) suele ser un par de veces al mes.

2- Compra online: La compra online de alimentos parece que no termina de convencer a los españoles. Así, según un estudio del Observatorio para la evolución del comercio electrónico de alimentación, sólo un 2% de los consumidores españoles compra alimentos sólo a través de internet mientras que un 20% mezcla compra online y presencial. El resto compra únicamente en los establecimientos, un cifra que además aumentó un 10% en 2019 con respecto a 2018. Sin embargo, algunas propuestas han tenido éxito. Una de ellas es Farmidable, un proyecto que acorta los canales entre consumidor y distribuidor para que la compra se haga de forma casi directa y pueda recogerse en puntos abonados, como colegios o centros de trabajo (aunque también puede recibirse en casa).

3 – Grupos de consumo y colmenas: Los grupos de consumo fueron una de las primeras propuestas para estrechar las relaciones entre productores y consumidores. En estos grupos, los consumidores se organizan para comprar directamente al productor. La idea es que, al realizar compras conjuntas, el proceso se simplifique y se compartan gastos. En la web Grupo a Grupo, de la organización SoDePaz, hay un mapa con grupos de consumo en toda España. Las colmenas, un modelo procedente de Francia, son similares pero requieren de menos compromiso por parte de los consumidores, ya que no tienen que comprar de forma regular y tienen mayor libertad para escoger los productos. La Colmena que dice sí

4 – Las tiendas ecológicas: son otra de las propuestas que primero nacieron. Algunas surgen de cooperativas u organizaciones de consumidores que terminaron abriendo un espacio físico. Algunos ejemplos son Landare, en Pamplona, uno de los más veteranos de España; Som Alimentacio, en Valencia, o Germinando, en Madrid.

5 – Los supermercados cooperativos: Son la última novedad – en España, puesto que en otros países llevan años funcionan – en las propuestas para un consumo más directo y responsable. En general, estos supermercados proponen crear supermercados con una base de cooperativistas fijos que sostengan el supermercado pero que lo apoyen también con algunas horas de trabajo al mes. A cambio, pueden beneficiarse de precios reducidos en productos ecológicos y de proximidad.En la actualidad se están formando varios supermercados cooperativos en Madrid y Barcelona:

  • La Osa: La Osa es el primer supermercado cooperativo de Madrid que ha confirmado su apertura en septiembre de 2020 en el distrito madrileño de Tetuán.
  • SuperCoop: Es la otra propuesta en Madrid, en este caso en Lavapiés. Han lanzado un crowdfunding para poder recaudar los fondos que les quedan para abrir el supermercado en la primera mitad de este año.
  • Foodcoop: Esta es la principal propuesta en Barcelona para abrir un supermercado de este tipo. Están también buscando socios cooperativistas para que sea posible.

Una mención especial merece la Gastroteca puesta en marcha por la Generalitat de Catalunya y donde aglutinan links y recursos para encontrar todo este tipo de iniciativas en Cataluña.

Sabemos que hay muchas más propuestas, y estas son sólo algunos ejemplos. Como siempre, tenéis los comentarios abiertos para hacer las sugerencias que creáis convenientes.