Turismo masivo y la oportunidad perdida de San Juan de Gaztelugatxe

La pandemia devolvió a la comunidad la popular ermita, famosa por su aparición en Juego de Tronos, pero la población local teme volver a perderla ahora que la serie se pone de nuevo de moda

La pequeña ermita de San Juan de Gaztelugatxe solía ser un lugar con un “encanto especial”, recuerda Gorka Lopategi, un paisajista que ha vivido en la localidad cercana de Bakio durante casi tres décadas. “Estábamos orgullosos de traer a nuestros amigos cuando venían a visitarnos”, asegura. Situada en un islote rocoso a tan sólo 35 kilómetros de Bilbao, el largo puente que llevaba hasta la capilla era, en el pasado, un placentera escapada en cualquier momento del día o del año.

En 2017, la isla se convirtió en ‘Rocadragón’ en la séptima temporada de la popular serie Juego de Tronos, y el turismo inundó la zona. Hasta el punto de que tanto Lopategi como la mayoría de los habitantes de la comarca dejaron de ir a la ermita. “Se ha perdido la magia que tenía San Juan”, contaba Lopategi en las semanas previas a la pandemia, cuando fuimos a comprobar el impacto que el turismo estaba teniendo en la zona. 

En 2019, meses antes de que la pandemia paralizara el mundo, más de 700.000 personas visitaron el pequeño enclave. Su escalera de 241 peldaños, por la que John Snow caminaba en la serie, era uno de sus principales reclamos. Porque, en la realidad, la pequeña ermita de San Juan apenas guarda parecido alguno con la inmensa Rocadragón. Pero el trasiego de coches y autobuses era continuo, contaba la alcaldesa de Bakio Amets Jauregizar, y las campanas de la ermita no paraban de repicar. Pero los turistas nunca se quedaban en Bakio. “Vienen un montón de excursionistas que vienen a pasar el día pero suben, dan las campanadas y se van”, explicaba la alcaldesa. 

Los peores miedos han vuelto a resurgir este verano, cuando la ermita de San Juan ha vuelto a bullir con el retorno de un turismo que ha dejado atrás los miedos de la pandemia. Y SOS Gaztelugatxe, la plataforma que varias personas de la comarca crearon para defender la zona frente a la explotación turística, ha vuelto a cobrar sentido. “La situación de este verano está haciendo que vuelvan a sonar las alarmas. La Diputación de Bizkaia está volviendo a potenciar pública y masivamente el turismo de masas en la zona lo cual es totalmente insostenible”, se queja Lopategi. 

Un lugar especial

San Juan tiene un significado especial para la población local, explica el historiador Antón Erkoreka. “Desde el punto de vista artístico no tiene mucho valor, pero desde el punto de vista emocional y espiritual, la conexión social y económica [con la población local], ha tenido un papel muy importante para ellos”, asegura el Erkoreka. La ermita, originaria del siglo X – aunque hay quien cree que podría ser mucho más antigua – ha sido restaurada en numerosas ocasiones. Y durante generaciones, la iglesia ha sido el centro de ceremonia locales, mayoritariamente dedicadas a San Juan Bautista, cuya cabeza era venerada allí. Tiene además un papel en la cultura pesquera de Bermeo, y los atuneros aún hacen sus rituales alrededor de la capilla. “Gaztelugatxe siempre ha sido muy importante como pulmón para la gente de Bakio. Es donde íbamos a hacer deporte o a bañarnos”, recuerda Amets. “Siempre ha habido una conexión con una identidad muy fuerte. Pero el arraigo que nosotros teníamos con San Juan ha cambiado. Ya no vamos”, continúa. 

La zona de San Juan no tiene sólo un importante lugar en la cultural local; es además un biotopo protegido debido a las singularidades de su ecosistema. Una de las especies más emblemáticas en la región es el cormorán moñudo, un ave marina que vive en lugares rocosos e inaccesibles de la costa, como es San Juan, explicaba Jon Hidalgo tras nuestra visita a la zona. “Es un ave que está retrocediendo en todos los sitios, pero no podemos asegurar que sea por el turismo”, explicaba Hidalgo, responsable de la Fundación Lurgaia, una organizació dedicada a la conservación de la biodiversidad y la gestión del patrimonio natural. Hidalgo, sin embargo, asegura que el alto volumen de turismo al que ha llegado San Juan no encaja con la definición de ‘espacio protegido’. “Si declaras algo como biotopo tienes que ser menos permisivo y limitar ciertos usos”, explica. “Y San Juan está declarado como biotopo protegido, pero no hay una protección real”.

Pequeñas victorias

En los meses previos a la pandemia, la Diputación Foral de Bizkaia tenía entre sus planes ampliar la capacidad de visitas a la ermita con la construcción de dos parkings y un centro para visitantes en los alrededores. El primero de los parkings tenía extensión de 1600 metros cuadrados y capacidad para 51 vehículos, y el segundo, de dimensiones mayores, estaba destinado a  autobuses. Ambas construcciones, junto al centro para visitantes, fueron denunciadas por SOS Gaztelugatxe por su enorme impacto paisajístico y su cercanía al biotopo, y se recogieron más de 100.000 firmas, explica Lopategi.

La plataforma proponía como alternativa la puesta en marcha de dos lanzaderas desde las dos localidades más próximas, Bermeo y Bakio, para reducir el impacto sobre el biotopo e incrementar el beneficio económico para la población local. “Los coches pasan por aquí, pero nadie se para [en el pueblo]. Nos llevamos el impacto negativo y ninguno positivo”, se quejaba la alcaldesa de Bakio

Tras la pandemia, la diputación desistió de construir el aparcamiento alegando que con las nuevas restricciones ya no era necesario. “El motivo de renuncia a construir el parking anunciada por Diputación ‘debido la pandemia’ es falso. En realidad fue debido a las más de cien mil firmas recogidas y charlas informativas que dimos por toda la región”, alega Lopategi. “Es la primera vez que un proyecto de la diputación se echa para atrás por la presión ciudadana”, asegura Lopategi. Poco antes de la pandemia, la plataforma SOS Gaztelugatxe había pedido además a la Fiscalía del País Vasco que se iniciaran diligencias de investigación para valorar si el plan de construcción suponía un daño para el medio ambiente y si la administración pública había actuado en fraude de ley al haber aprobado el proyecto sin tener en cuenta las características ecológicas únicas del enclave. 

De momento, el acceso a la ermita se ha limitado a 1.462 personas al día. Un importante descenso desde el máximo de 3000 visitantes diarios que se había propuesto, aunque no implementado, antes de la pandemia, pero aún insuficiente. “El estudio de capacidad de carga habla de un máximo de 400 o 500 personas al día”, asegura Gorka Lopategi. El ayuntamiento de Bermeo ha puesto además en marcha una prueba piloto para un autobús lanzadera desde el pueblo que incluirá una visita guiada a la ermita. 

Los lugareños temen, sin embargo, que la situación no dure mucho tiempo. La fiebre de Juego de Tronos se está reviviendo con la precuela ‘La casa del Dragón’, aunque San Juan ya no sea una de las localizaciones de la nueva serie. La diputación, con el beneplácito del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, ha aprobado además el proyecto de ampliación del Museo Guggenheim dentro de la reserva de la biosfera de Urdaibai, a pocos kilómetros de San Juan. “Como todo el mundo sabe, el país que destruye su suelo se destruye a sí mismo», asegura Lopategi. “Pero mientras nos duren las fuerzas y la energía seguiremos defendiendo este espacio natural único”

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