Por mucho que al Señor Roig le moleste, tenemos la capacidad de reconquistar las cocinas
Claudia Polo (@soulinthekitchen)
La cocina solo existe cuando se pica, saltea, sofríe, guisa, fríe. Entendida exclusivamente como patrimonio, pierde su función final: alimentar. Solo tiene poder si se ejecuta. Sin embargo, en su reproducción, no puede evitar mantener viva la historia. Es, por lo tanto, un mecanismo que de forma irremediable arrastra nuestro pasado mientras responde al presente, construyendo el futuro.
Algunos dirán que la manera en la que vivimos nos dirige hacia un lugar sin cocinas caseras. La respuesta a la sociedad de la productividad parece venir en bolsas de atmósfera modificada. A no ser que las personas, las que al fin y al cabo convertimos el producto en alimento, decidamos que tiene que ser de otro modo. Las respuestas culturales a cambios en la sociedad no son fuerzas irrefrenables que actúan por encima de nosotras. A veces, sí que son inconscientes. Pero siempre, siempre, siempre, son las personas —con capacidad de aprendizaje y reflexión— las que ejercen las acciones. Por mucho que al Señor Roig le moleste, tenemos la capacidad de reconquistar las cocinas.
Y es que las consecuencias del neoliberalismo empiezan a notarse. Estamos cansadas. La sensación de no poder más no tiene vuelta atrás. La ansiedad es una epidemia y somos conocedoras de la fuente: una forma de vida que nos ahoga y exprime. Cómo comemos es parte del problema. Lo hacemos con prisa, muchas veces con culpa. Con demasiada información. O con demasiada duda. Lo hacemos porque no nos queda otra manera de hacerlo. Cómo comemos es también la solución. Y la respuesta es única. Cocinando.
Considero importante recalcar que no creo en soluciones individuales. Cocinar debe ser una respuesta colectiva. Debe ocurrir a través de estructuras que nos permitan acceder a alimentos de calidad, de un sistema público de mercados que llegue a todos los barrios, de una educación pública en donde la gastronomía y la nutrición sean prioritarias, de un modelo laboral que priorice nuestro bienestar, conciliación y salud frente a la producción. Nada de esto llegará sin la queja.Sin la inconformidad.
Cocinar te fuerza a la pausa. No queda otra. Y en la pausa ocurren muchas cosas. Primero, te das cuenta de que existes, de que tu cuerpo está contigo y de que te encuentras, ahora mismo, en tu cocina, frente a tus fuegos, con unas verduras delante de ti, el aceite siseando, el olor al ajo bailando en la sartén. Una presencia que igual no habías tenido en todo el día y que se traduce inmediatamente en salud. También te coloca en relación con otras personas, con otros paisajes.
Es más sencillo visualizar un campo, con sus montes, con sus cultivos, con las personas que los trabajan, con sus bosques colindantes… si cortamos un tomate, que si abrimos un tetrabrik de gazpacho. Cuando eso ocurre, es probable que la empatía se despierte. En ese ejercicio también nos damos cuenta del valor del tiempo, de lo que realmente cuesta que se hagan las cosas.
Cocinar nos mantiene vivas. Mantiene vivas quiénes somos y el lugar del que procedemos.
Hemos visto cómo durante el transcurso del genocidio, Israel ha provocado la hambruna extrema al pueblo gazatí, impidiendo la entrada a gran escala de ayuda humanitaria. Desde 1967 se estima que ha arrancado de raíz unos 830.000 olivos, símbolo palestino con mucho significado identitario, económico y territorial. Y mientras tanto, la cocina palestina se alza como afirmación. Iniciativas como Menú de Gaza, un libro que nace del trabajo conjunto del periodista Mikel Ayestaran, la familia Hammad y la revista 5W y denuncia el uso del hambre como arma de guerra, reivindican el poder de lo cotidiano como forma de resistencia. O cuentas como las de @renadfromgaza, @hamadashoo, @leenfromgaza o @gazamom, que muestran cómo, con el sonido de los drones de fondo, con adaptaciones de platos tradicionales hechas con recursos mínimos, la cocina es mucho más que alimento: es memoria. Lo que se cocina existe.
Este artículo fue publicado en el Anuario de Consumo Crítico 2025/26. Ya puedes reservar tu copia del nuevo Anuario de Consumo Crítico 2026/27 aquí.
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