«La esclavitud moderna es un problema intrí­nsecamente ligado al capitalismo»

La ONG brasileña Repórter Brasil trabaja desde hace años en el combate al trabajo esclavo en un paí­s donde, según cálculos de la Comisión Pastoral de la Tierra, unas 250.000 personas trabajan en condiciones análogas a la esclavitud. En la sede de de la ONG en Sí£o Paulo, entrevistamos a Daniel Santini, responsable de la agencia de noticias de la organización.

Dice el periodista Leonardo Sakamoto, fundador de esta organización, que el trabajo esclavo es «fruto del capitalismo». Que no es sí­ntoma, sino fruto del sistema. ¿Por qué?
La esclavitud moderna es un problema intrí­nsecamente ligado al capitalismo. Hay una relación directa con el modo en que el mercado se organiza. Hay un gran excedente de fuerza de trabajo, existen brandes bolsas de miseria. El trabajador sale gratis y no hay ninguna preocupación por mantenerlo. Por eso, la esclavitud del siglo XXI es mucho más brutal que la esclavitud colonial que tan bien conocemos en Brasil: el trabajador no es un bien, es descartable. Hemos encontrado casos de trabajadores grabados a hierro, como el ganado. Aislados sin agua, teniendo que beber de un pozo infectado. Historias que ponen los vellos de punta, y a veces, en proyectos de mucho dinero.

¿Cuál es la situación del trabajo esclavo en Brasil?
Existe, por ejemplo, una relación directa entre la destrucción del Amazonas y el trabajo esclavo. Los sectores de caña y agropecuaria están entre los que emplean más personas en condiciones de esclavitud, y hay grandes proyectos que están avanzando en la selva, deforestándola. Allí­ donde hay fragilidad del aparato institucional, donde hay libertad sin regulación, se agrava la situación. Además, existe una conexión importante entre lo que sucede en rincones perdidos de Brasil y en las grandes ciudades, como el caso de Zara en Sí£o Paulo. Desde Repórter Brasil queremos mostrarle al público aquello que no está tan visible; cómo están establecidas las cadenas productivas, la tercerización de empresas como mecanismo clásico para evadir los riesgos, etcétera.

¿Cómo actúa contra este problema el Gobierno brasileño?
Hay una definición precisa de lo que es el trabajo esclavo en el Código Penal brasileño (artí­culo 149). El Ministerio de Trabajo y Empleo trabaja con ese diferencial: rescisión de libertad (amenaza, aislamiento, deuda) y dos aspectos interesantes: las condiciones degradantes y las jornadas exhaustivas (sin las paradas de descanso necesarias). La ley entiende que esas condiciones atentan contra la dignidad de la persona: es una situación que recuerda a las condiciones de la clase trabajadora en tiempos de la revolución industrial en Gran Bretaña. Pero, aunque el Gobierno brasileño ha hecho importantes avances en fiscalización «“como la creación de una lista negra de empresas que emplean mano de obra esclava-, al mismo tiempo mantiene los engranajes del sistema que están en la raí­z del problema, como el fomento del gran agronegocio exportador.

¿Hay una luz al final del túnel?
Creo que estamos al comienzo de un cambio de valores. Es el momento de pensar, ¿lo bonito es usar lo que está de moda, lo que es caro, o deben cambiar las costumbres? Es un planteamiento similar al debate en torno al transporte: ¿es el coche el mejor sistema? Tiene que ver con el momento en que está el planeta, un momento de crisis que a su vez genera una esperanza en la creación colectiva. La crisis, dice una lengua oriental, es caos más oportunidad.