El sandblasting, o cómo teñir vaqueros mata gente

La crueldad del sistema en su carrera implacable por la minimización de costes tiene diversas caras. Una de las más abyectas, y aún poco conocidas, es el sandblasting, la técnica más utilizada en el mundo para el teñido de vaqueros. Sí­, esos jeans que uno compra con apariencia envejecida por aquello de estar a la moda. ¿Alguna vez nos preguntamos cómo se consigue ese efecto en la resistente tela tejana? Como tantas veces, desconocemos el origen de lo que compramos, y, tal vez, muchos consumidores se lo pensarí­an dos veces si supieran más.

El sandblasting consiste en aplicar chorros de arena a alta presión sobre la tela. Los trabajadores suelen desempeñar esta función sin las más mí­nima protección. Muchos de ellos desarrollan en pocos meses graves enfermedades pulmonares como la silicosis, la enfermedad de los mineros; pero con el sandblasting la enfermedad aparece mucho antes, pues la exposición a la toxicidad del silicio es mucho más directa. Por supuesto, existen otras técnicas para conseguir el mismo efecto en los jeans, pero, evidentemente, son más caras. Y, en un mundo donde rige la dictadura del dinero, garantizar los márgenes de beneficio es más importante que proteger la vida y la salud de las personas. Pretender otra cosa serí­a ¿utópico?

El sandblasting se utiliza de forma generalizada en las fábricas de Bangladesh en las que se produce ropa para marcas como Zara, H&M, Diesel, Levi´s o Lee. Estas marcas han prohibido formalmente el sandblasting en su cadena de producción, a raí­z de la presión que ejerció una campaña internacional de la ONG Ropa Limpia; sin embargo, esta misma organización ha comprobado sobre el terreno que la técnica se sigue utilizando en Bangladesh.

Tanto cuando la técnica se aplica manualmente como cuando se utiliza maquinaria, los trabajadores inhalan polvo de sí­lice durante jornadas de hasta 12 horas diarias de trabajo, en lugares que carecen de ventilación y de las más mí­nimas condiciones de seguridad e higiene. Algunos entrevistados para el informe de Ropa Limpia declararon que en esas fábricas se produce de noche a fin de evitar las visitas de los inspectores.

La hipocresí­a lo impregna todo con ese sabor amargo del cinismo de los poderosos. Las grandes marcas se lavan las manos prohibiendo expresamente esta técnica, pero la encargan en las fábricas de Bangladesh con unos diseños, unos precios y unos plazos que resultarí­an imposibles de cumplir sin recurrir al sandblasting. En realidad, cuentan en Ropa Limpia, las repercusiones de la prohibición formal han sido mí­nimas. Los trabajadores siguen enfermando y muriendo de silicosis. Algo tan banal como desgastar vaqueros sigue matando gente ante el silencio y la culpable ignorancia de todos.

En Bangladesh el salario mí­nimo es de menos de 30 euros al mes. Un vaquero de Levi´s se vende en la calle Fuencarral por varios meses de salario, entonces. Pero parece que a las marcas el margen de beneficio les sigue pareciendo insuficiente, como para poner coto a estas prácticas y comenzar a utilizar técnicas menos mortí­feras e inhumanas. La ignorancia ya no puede ser disculpa. ¿Merece la pena ir a la moda una vez se sabe lo que arrastra para miles de trabajadores?

Consumir es un acto polí­tico»¦