¿Es realmente el «Fairphone» el primer teléfono ético?

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Actualización diciembre 2015: Fairphone acaba de lanzar el Fairphone 2 que en un principio ha solucionado algunos de los problemas aquí expuestos en la cadena de producción. 

Desde los inicios de este blog, hace algo más de un año, uno de los sectores a los que hemos prestado especial interés ha sido el de la electrónica. En uno de nuestros primeros posts, titulado «¿Podremos consumir productos electrónicos éticos?», hablábamos de la necesidad de que el concepto «ético» se introdujera en los dispositivos electrónicos y de las dificultades para controlar y trazar toda la cadena de suministro.

Una empresa holandesa aceptó ese reto y presentó hace unas semanas el diseño de su «Fairphone» (teléfono justo en inglés), anunciado como el primer móvil fabricado según principios éticos.  El teléfono ha sido muy bien recibido por algunos movimientos (ya han vendido más de 7.500 dispositivos de su primera producción, a pesar de que sólo pedí­an 5.000 compradores y que ni siquiera estaba asegurada), pero otros sectores y usuarios lo han visto con ciertas dudas y aseguran que el teléfono no es muy diferente a lo que ya ofrecen algunas marcas tradicionales.

Entonces, ¿es realmente el «Fairphone» el primer teléfono ético? La respuesta es no. Y no, no es una crí­tica, es algo que reconoce abiertamente el equipo de «Fairphone»: «Desde el principio, sabí­amos que era poco probable que la primera edición del Fairphone fuera 100 por cien justa. Pero no dejamos que eso nos desanimara a pasar a la acción y pensar en grande. Incluso si no hemos alcanzado la perfección en nuestro primer intento, sabemos que podemos intentarlo y hacerlo mejor que el status quo [del resto de marcas] y ayudar a que la industria llegue a un estandar superior». No obstante, el Fairphone sí­ que supone un paso importante para el sector, fundamentalmente por dos razones:  han intentado hacer las cosas mejor a lo largo de toda la cadena de producción y además han querido hacerlo resolviendo los problemas allí­ donde existen, no evitándolos. Y, si añadimos una tercera razón, creo que han sido bastante transparentes en el proceso y han confesado los problemas que han tenido. Veámoslo por pasos:

  • Minerales libres de conflicto: Casi todos hemos oí­do hablar alguna vez sobre el coltán y el conflicto en República Democrática del Congo. Fue uno de los primeros escándalos que saltó en torno a la fabricación de móviles y otros dispositivos electrónicos, por la violencia del conflicto que está en buena parte financiado precisamente por ése y otros minerales utilizados en la fabricación de electrónica. En el caso de Fairphone, por la información que han ofrecido durante los últimos meses, éste es probablemente el punto de la cadena en la que han puesto más cuidado. Muchas de las marcas que han tomado pasos definitivos para obtener «minerales libres de conflicto» lo han hecho abandonando Congo y buscando a sus proveedores en paí­ses como Australia. Fairphone decidió sin embargo aliarse con  algunas organizaciones que trabajan por conseguir minas libres de conflicto dentro del propio Congo (en concreto Raise Hope for CongoConflict-free Tin Initiative). Lo explican aquí­, aunque de momento está sólo en inglés. Ofrecen información sobre el estaño y el coltán, aunque no entran en detalles sobre la plata y el cobre que también aseguran que utilizan. Otras marcas, como HP, RIM (Blackberry) o Motorola, están también trabajando con estos u otros grupos similares en Congo.
  • Ensamblaje: es otro de los puntos de la cadena de producción que aparece a menudo en los medios de comunicación, especialmente a raí­z de los suicidios en el ensamblador de origen taiwanés, pero operando en China, Foxconn en el año 2010. A diferencia de los minerales, Fairphone se planteó en un primer momento fabricar el dispositivo en un paí­s con mejores derechos laborales que los de Asia y buscaron una planta de producción en el este de Europa. Sin embargo, al final se rindieron a la evidencia: todo el proceso de producción de electrónica ha sido desplazado a Asia y buscar alternativas siendo una marca pequeña es imposible. Así­ que se embarcaron en buscar alguien en China que entendiera sus principios. Ellos creen haberlo encontrado en la compañí­a A»™Hong, que tiene fábricas en Shenzhen y Chongqing. Yo soy bastante escéptica sobre el éxito que pueden alcanzar en esta etapa de la cadena (en realidad ellos también lo son), pero será interesante seguir su marcha y compararla con las mejoras que ya están llevando a cabo otras marcas en sus centros de producción en el paí­s asiático.
  • Diseño: El diseño de los sistemas operativos no se relaciona generalmente con los principios éticos, aunque sí­ con los movimientos de código libre y de cultura abierta que comparten buena parte de su filosofí­a. El equipo de Fairphone decidió incluirlo dentro de sus valores justos, aunque, sin duda, buena parte del camino en este caso estaba ya andado. Según han anunciado, su sistema operativo estará basado en Android y será completamente libre y personalizable. De momento no hay una versión disponible para el público, así­ que es difí­cil valorar si el resultado concuerda con las expectativas. Hay otro punto del diseño, el de la durabilidad del aparato, que está directamente relacionado con el siguiente punto, la vida del producto.
  • Gestión de residuos y vida del producto: Aquí­ es donde probablemente se ha dado el paso más importante: ante la tendencia generalizada de crear móviles que tengan que ser renovados continuamente (ya sea por la escasa vida del producto o por el lanzamiento de un nuevo modelo), el Fairphone está diseñado para durar el máximo tiempo posible. Para ello, Fairphone asegura que todas las piezas son reemplazables (lo que han llamado modularidad), no sólo para cambiarlas cuando se rompan o estropeen, también para poder actualizar el dispositivo simplemente renovando las piezas necesarias (y hacer así­ frente a la obsolescencia percibida, o el deseo del consumidor de cambiar de objeto aunque aún sea útil). Se comprometen también a hacerse cargo del dispositivo una vez que su vida útil termine. Además, por cada teléfono vendido, se donarán 3 euros al proyecto Cloosing the loop para que retire y recicle más de 100.000 móviles y baterí­as en Ghana, uno de los vertederos electrónicos más importantes del mundo.
  • Distribución y venta: este es el punto que más dudas me ha generado. Al hablar de la distribución y venta, el equipo de Fairphone habla principalmente del precio («que refleje el valor real del producto») y el compromiso de publicar una lista de proveedores y materiales para poder supervisar la cadena de suministro. Sin embargo, no he visto ninguna mención hacia los puntos de venta o la forma en la que se distribuirá el teléfono. De momento, la venta se está realizando a través de su página web de forma directa.

Tras haberse confirmado la producción de una primera edición limitada, a un precio de 325 euros, el dispositivo será enviado a los primeros compradores en entre septiembre y noviembre de este año. Tendremos que esperar hasta entonces para saber más sobre el primer teléfono que ha emprendido la senda hacia una electrónica más justa.

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