Tira del hilo de la ropa que consumes

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Hoy es el Día Internacional del Comercio Justo y, para celebrarlo, la Coordinadora Estatal de Comercio Justo (CEJS) presenta el informe Tira del hilo, en cuya redacción ha colaborado Carro de Combate. Esta investigación pretende aportar luz sobre algo que poca gente desconoce a estas alturas: que el dinero con el que pagamos la ropa de las grandes marcas que llenan los escaparates de los centros y calles comerciales va, en su inmensa mayorí­a, a manos de los ejecutivos de esas empresas multinacionales, mientras las trabajadoras y trabajadores que tejieron esas prendas, a menudo a miles de kilómetros de distancia de aquí­, intentan sobrevivir con salarios de miseria.

Lo sabemos, pero preferimos mirar para otro lado para poder seguir vistiendo sin culpa la moda de Zara o Mango. Hasta que el peso de la evidencia es tal que comenzamos a buscar alternativas. Y ese es el propósito de este informe: que más y mas personas nos neguemos a seguir manteniendo una industria basada en la sobreexplotación y la concentración de los beneficios. ¿Que exagero? Las trabajadoras del textil en el Sudeste asiático que emplean las proveedoras de Zara (Grupo Inditex) ganan alrededor de 100 euros al mes. Amancio Ortega, fundador del Grupo Inditex, ingresará en 2015 más de 960 millones de euros en concepto de dividendos del grupo empresarial de Zara. ¿Alguien se acuerda de lo que es la plusvalí­a?

El aumento brutal de las plusvalías en el sector del textil, pero no solo, se explica por la deslocalización de la producción que, a partir de los años 70, permitió a las grandes empresas multinacionales llevar su producción allá­ donde los salarios son más bajos, las condiciones laborales, más precarias, y los sindicatos, más perseguidos. Como señala Eva Kreisler, de SETEM/Campaña Ropa Limpia, mediante las cadenas de subcontratación las multinacionales deslocalizan la producción y también deslocalizan el riesgo; subcontratan responsabilidades. Las empresas no poseen los centros de producción y las subcontratas tienen que competir por conseguir los pedidos, lo que ha supuesto una dura competición en precios, con el consecuente empeoramiento de las condiciones sociales y medioambientales.

Vayamos a los datos. Según el informe Salarios Dignos de la Campaña Ropa Limpia, ninguna de las 50 compañías lí­deres del sector textil en el mundo pagan salarios dignos, a pesar de que así lo recojan en sus manuales de Responsabilidad Social Corporativa (RSC). La estructura de poder global ha permitido que las empresas del sector, reducidas a las labores de diseño, distribución y comercialización, encarguen la producción allá donde los salarios son más reducidos y las condiciones de sindicación, más precarias.

El salario medio en el mundo globalizado es de 6 euros diarios para quienes confeccionan nuestra ropa, en un sector que mueve diariamente 34.000 millones de euros solo en Europa. El 80% de los trabajadores de textil y confección son mujeres, y cada vez más de ellas viven en los paííses del Sudeste asiático y la India, que atraen las inversiones del sector con su ventaja comparativa: los bajos salarios, las jornadas extenuantes y unas pésimas condiciones de seguridad e higiene. En Camboya, manifestaciones de cientos de miles de trabajadoras exigen salarios de 160 dólares al mes; en Bangladesh exigen mejoras en seguridad. Viven situaciones crí­ticas mientras las grandes empresas del sector acumulan beneficios millonarios.

El informe Salarios Dignos subraya cómo, a pesar de enfrentar jornadas de doce y catorce horas, las trabajadoras del sector obtienen salarios que están muy lejos de ayudarles a salir de la pobreza. En el caso de Camboya, el reciente incremento del salario mí­nimo a 123 dólares mensuales queda aún lejos de los 283 dólares que la Asia Floor Wage Alliance (Alianza por un salario digno en Asia) calcula que serán necesarios para cubrir las necesidades de los trabajadores. Este incremento ha sido, sin embargo, el fruto de una larga y sangrienta lucha de los movimientos obreros y tan solo durante el año 2014 al menos 5 personas fueron asesinadas por la policí­a en protestas del textil en el paí­s asiático. La Campaña Ropa Limpia repasa el proceder de las empresas españolas líderes del sector y concluye que marcas como Inditex, Mango y Desigual deben desarrollar parámetros que garanticen el pago de un salario digno, y publicar información al respecto. Estas condiciones laborales se mantienen gracias a la debilidad o inexistencia de los sindicatos, como veremos más adelante.

En los últimos años, la sociedad civil ha denunciado este tipo de situaciones. Algunas campañas se han centrado en aspectos concretos como los derechos laborales en el sector de bienes deportivos (Campaña Play Fair) o la erradicación del trabajo infantil (campaña Rug Mark contra el trabajo infantil en la industria de la alfombra en India, Nepal y Pakistán). Sin embargo, los intentos por mejorar la situación chocan con una realidad: la deslocalización de la producción provoca que el sector de la moda busque siempre los costos más bajos, y por tanto, el país que eleve los salarios mínimos o imponga marcos más estrictos de seguridad e higiene en el trabajo, se expone a perder las inversiones extranjeras, que migran a países vecinos que ofrecen las condiciones más ‘ventajosas’ para la empresa multinacional que hace los encargos. Las empresas viven en contradicción constante entre la lógica de competitividad en el mercado, que impone una presión extrema por bajar los costos, y las buenas intenciones que reflejan sus códigos de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), que plantean todo lo que la empresa debería hacer para ser socialmente responsable, pero eso síí, sin ninguna obligación legal.

Por eso, las organizaciones sociales que trabajan por los derechos laborales entienden que la única forma de avanzar realmente sobre esta problemática global es imponer marcos jurí­dicos de carácter internacional y vinculante, que obliguen a las empresas a hacerse responsables de la producción que subcontratan. Es lo que intenta la Campaña Stop Impunity (Desmantelar el Poder Corporativo), de la que forman parte más de un centenar de organizaciones de todo el mundo, y cuya presión, junto al apoyo de Ecuador, ha conseguido llevar a las Naciones Unidas la iniciativa para elaborar un tratado internacional que obligue, tanto a los estados como a las empresas, a respetar los derechos humanos.

* Puedes podéis descargar aquí el informe Tira del Hilo.

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