6. El apagón de Ledesma. La caña en el norte argentino

…nuestros pueblos tienen mucho que contar aún,
y con su propio lenguaje,
no con un lenguaje que le inventan para traicionarlo”
(Miguel Barnet)

En Argentina, hablar de azúcar remite a una marca: Ledesma. Y no es una firma con buena prensa. El ingenio Ledesma es el primer productor de azúcar en Argentina, con una producción de 400.000 toneladas al año, alrededor del 20 por ciento del total del país. Además, Ledesma es uno de los mayores productores de bioetanol en Argentina, con un volumen de producción de 47 millones de litros. En 2010, Ledesma inauguró una planta de producción de bioetanol en la provincia de Jujuy y así ingresó en el Programa Nacional de Biocombustibles, que establece para una primera fase que la gasolina se mezcle con un 5 por ciento de etanol. Pero, para muchos argentinos, escuchar la palabra Ledesma, o simplemente caña de azúcar, no remite a un logotipo o una historia de éxito empresarial, sino a uno de los episodios más truculentos de la última dictadura militar.

20 de julio de 1976. El primer corte del suministro eléctrico llega hacia la medianoche en el municipio de Ledesma, provincia de Jujuy, al norte de Argentina. En principio, los vecinos pensaron que se trataba de un corte de luz más, motivado por alguna avería o por la reparación de la instalación eléctrica. Pero luego comenzaron a escucharse ruidos de frenadas y acelerones bruscos de automóviles, portazos y gritos. Y los vecinos de Ledesma percibieron que asistían a un episodio de represión y secuestro, uno de los primeros y más truculentos tras el golpe de Estado de los militares cuatro meses antes. El apagón lo había inducido el régimen para despertar el terror, y terrorífico fue lo que siguió después: 400 trabajadores y estudiantes fueron secuestrados y 55 de ellos aún forman parte de la tétrica lista de los 30.000 desaparecidos por la dictadura; no pocos pasaron años en la cárcel sin conocer siquiera los cargos formales.

Habla Donato Garnica [1]:

“A mí me encarcelan por mis antecedentes como dirigente gremial. Por esos antecedentes en el 74 me encarcelan, estuve en Jujuy casi dos años, de ahí me llevan a Buenos Aires, ahí he estado el resto; he estado en La Plata, he estado en la cárcel ésa, la más moderna del mundo, en Caseros y en Devoto.

>> El administrador de la empresa me acusaba a mí de que yo era comunista, buscaba esos puntos para que haya un justificativo de mi detención. Lo único que hacen aquí es acusar de comunista. Si usted es un hombre combativo ya le dicen que usted es comunista.

>> Ledesma tiene su propio ejército, tiene la gendarmería, tiene policía secreta. Lo están lo vigilando a usted y son obreros del Ledesma.

>> La represión en Calilegua (Ledesma) ha sido muy grande, hay actualmente diez desaparecidos. Se han llevado de todo, el asunto ha sido imponer terror”.

La caña en el norte argentino

Más allá del trauma del apagón de Ledesma, la caña de azúcar escribió capítulos fundamentales en las provincias de Salta, Jujuy y Tucumán, al norte de Argentina. Tras analizar la situación de Salta a fines del siglo XIX y comienzos del XX, la investigadora María Fernanda Justiniano concluye que “la actividad azucarera posibilitó que un puñado de familias pudiera acaparar los ingentes beneficios que les proporcionaban las fértiles tierras linderas al Río Las Pavas y la explotada mano de obra de los grupos originarios de la región chaqueña” [2].

En Argentina, si bien la caña no alcanzó la relevancia que tuvo en las economías de Brasil o Cuba, sí fue determinante en las provincias productoras, no sólo en su economía, sino “en la organización del territorio, la dinámica demográfica y las peculiaridades del mercado de trabajo y del sistema de poder” [3]. En Tucumán, Salta y Jujuy, que todavía hoy se encuentran entre las provincias más pobres de la Argentina, las pésimas condiciones de trabajo se mantuvieron con estrategias como el peonaje por deudas. Los beneficios empresariales se sostenían gracias a la influencia de la Sociedad Rural, la poderosa oligarquía del campo argentino, mientras los trabajadores rurales eran, las más de las veces, braceros, a veces venidos de otras regiones, que llegaban para la zafra y permanecerían sin trabajo hasta la siguiente. Así lo explicaba uno de esos trabajadores, boliviano, en los años 80: “Nosotros queremos trabajar, y que se nos pague lo que corresponda. Pedimos lo que nos corresponde. No somos efectivos, somos cosecheros temporarios. Venimos por seis o siete meses, y al cabo de la cosecha se vamos (sic) sin un peso para mantenerse hasta conseguir otro trabajo. Eso es lo que nosotros queremos: llevarnos algunos pesos al cabo de la cosecha para poder mantenernos hasta conseguir otro trabajo” [4].

En algunas regiones, los braceros, cansados de la miseria y el hambre, comenzaron a organizarse para exigir mejoras de su situación laboral. Pero he aquí que llegó la dictadura, la represión, que se encargó de contener y disciplinar a sindicatos y estudiantes revoltosos. En el norte argentino, uno de los grandes beneficiados de aquellas prácticas fue, sin lugar a dudas, Carlos Blaquier, presidente de Ledesma desde 1970.

La alianza de empresarios y represores

Si el pueblo argentino ha conseguido sentar en el banquillo de los acusados a muchos de los responsables políticos del sangriento régimen militar, no ha ocurrido otro tanto con los empresarios que fueron cómplices de aquellos delitos y se beneficiaron de la represión. Un informe de la Comisión Nacional de Valores argentina publicado en marzo de 2013 lo atestigua: según la CNV, un grupo de empresarios y oligarquías locales se aliaron con los militares en procesos de represión que afectaron a cientos de sindicalistas y más de un centenar de empresarios. Además de acabar con los sindicatos, esta alianza tenía otro objetivo: promover un proceso de acumulación de capital; algunos empresarios se quedaron fuera del nuevo modelo económico pensado para el país, pero los que quedaron, agrandaron su fortuna. El de Ledesma es un caso de libro: el ingenio azucarero no sólo ha consolidado su posición en el sector de la caña, sino que ha expandido sus negocios hasta convertirse en uno de los grupos empresariales punteros del país.

Porque la represión violenta era un modo abyecto y brutal de someter a la población, pero no era lo único terrible del régimen; tal vez, ni siquiera lo peor. Supo leerlo mejor que nadie el recordado periodista Rodolfo Walsh, que vio morir a una hija antes de que lo mataran a él el 25 de marzo de 1977, un día después de publicar su célebre Carta Abierta a la Junta Militar con motivo del primer aniversario del funesto régimen. En esa misiva, Walsh recordaba que el objetivo de aquel terror era imponer medidas económicas impopulares, que “traban el desarrollo de las fuerzas productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación” [5]. Un programa, el neoliberal, que, animado por el economista estadounidense Milton Friedman y sus Chicago Boys, caló en el Cono Sur a fuerza de represión y dictadura: Chile, Uruguay, Argentina, Brasil. Toda la región fue tomada por dictaduras sin las cuales los pueblos latinoamericanos no habrían consentido la implementación de programas encaminados a aumentar la concentración de la riqueza en cada vez menos manos [6].

Escribe Walsh: “En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada (…). Basta andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez con que semejante política la convirtió en una villa miseria de 10 millones de habitantes”. El programa era claro: privatizaciones, austeridad, moderación salarial. Argentina fue el paradigma en la ejecución de las medidas, que terminaron de implementarse en los años 90, bajo el gobierno de Carlos Menem. Veinte años después del golpe militar, la pobreza había aumentado un 600 por ciento y el tejido industrial había quedado hecho añicos.

¿El fin de la impunidad?

En 2012, Blaquier fue encausado como cómplice en primer grado de la privación ilegal de libertad agravada de 29 personas en el apagón de Ledesma. Pero, aún a la espera de juicio, aquellos crímenes siguen impunes. Las cosas podrían cambiar tras el fallo judicial que, en abril de 2013, procesó al empresario Marcos Jacobo Levin por considerarlo responsable de las torturas infringidas en la provincia norteña de Salta al sindicalista Víctor Cobos, a quien, junto a quince compañeros, secuestraron en su domicilio y retuvieron en una comisaría de la zona que funcionó como centro de detención clandestino. Los magistrados consideraron probado que la policía y la empresa trabajaron juntas a fin de apartar al sindicalista de sus funciones, en enero de 1977 [7]. El objetivo compartido del empresario y los represores: aniquilar el movimiento sindical. La sentencia de la Cámara Federal de Salta fue recibida con esperanza por quienes siguen esperando justicia para los desaparecidos y torturados en Ledesma, que serán juzgados por el mismo tribunal.

Mientras, el ingenio Ledesma sigue dando algún escándalo cuando de condiciones laborales se trata. La denuncia más reciente fue en febrero de 2013, cuando representantes del Sindicato de Obreros y Empleados del Azúcar detallaron al Ministerio de Trabajo la situación de los vehículos que usan los trabajadores y el alojamiento. El acta del sindicato habla de “deplorables condiciones de seguridad y carentes de mínimas condiciones de higiene, elementos de prevención de riesgos, ventilación, señalizaciones, licencias y límites de capacidad”.

NOTAS AL CAPÍTULO

1. Testimonio recogido en Ricardo Nelli, La injusticia cojuda. Testimonios de los trabajadores del azúcar del Ingenio Ledesma, ed. Punto Sur, Buenos Aires, 1988.
2. En el artículo “El poder del azúcar en el proceso político salteño a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX”. http://www.scielo.org.ar/scielo.php?pid=S1669-90412005000100008&script=sci_arttext
3. D. Campi y P. Juárez, “Despegue y auge azucarero en Perú y Argentina”, 2006.
4. Relato de Milton Cortez, en Ricardo Nelli, óp. Cit.
5. Ver “Próxima estación: Rodolfo Walsh”, en El Mundo, 25 de marzo de 2013.
6. Para una explicación extensa de esta tesis, ver Naomi Klein, La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, Madrid, Paidós, 2010.
7. “Un fallo histórico procesa a un empresario por delitos de lesa humanidad”, en El Mundo, 10 de abril de 2013. http://www.elmundo.es/america/2013/04/10/argentina/1365619837.html