El apagón que sumió en la oscuridad a la península ibérica el 28 de abril de 2025 no tuvo una única causa. Fue una tormenta perfecta de cosas que fallaron. Sin embargo, el relato se centró en el papel de las renovables. ¿Qué hubo de cierto en esto?
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Por Marta Montojo
“Y a ti, ¿dónde te pilló el apagón?” se ha convertido en pregunta de rigor para hacer a quien alguien lleva tiempo sin ver. Si estabas en la península ibérica el 28 de abril de 2025, es difícil no recordar qué andabas haciendo a las 12:30h. Especialmente para quienes el cero eléctrico sorprendió en un ascensor, o en un tren, o en un metro, o en sus oficinas o universidades, lejos de sus casas, a las que tuvieron que volver a pie. O para los dueños de las heladerías, que vieron derretirse sus negocios. Pero también habrá sido un día difícil de olvidar para quienes vivieron aquella jornada sin demasiados problemas. Incluso, al revés: quienes disfrutaron de la desconexión que ofreció el colapso del sistema eléctrico durante unas horas. Las calles de las ciudades se llenaron de personas que escuchaban agrupadas sus radios a pilas, que sacaron sus sillas a la acera para pasar tiempo en común, resucitando escenas vecinales que megaurbes como Madrid llevaban décadas sin ver.
Lo que también recordarán muchos, seguro, es el estado de confusión en que la mayor parte del país se sumió a lo largo de aquel día y, en parte, de los días y semanas que vendrían después. La confusión, la especulación, la desinformación deliberada y el cruce de acusaciones entre compañías eléctricas, el operador del sistema (Red Eléctrica Española), el Gobierno y los forofos del sector energético, contrarios y defensores de las renovables, pobladores naturales de Twitter, Bluesky, tertulias de televisión y tribunas en periódicos.
“Sin tener información, lo primero que escuchamos fueron un montón de voces que se lanzaron a decir que esto venía provocado por una falta de inercia. Decían que no había una continuidad suficiente en las renovables. Y esto de alguna forma contribuía al relato de que las nucleares se tienen que quedar”. Habla Cristina García Bajo, especialista en sistemas eléctricos, vocal de la comisión de energía del Colegio de Ingenieros Industriales de Madrid (COIIM). Esta experta atribuye la oleada de desinformación que vino tras el apagón, en parte, a la “pérdida de credibilidad en la ciencia que estamos viviendo”, aunque sin ignorar el contexto político actual de polarización en torno a la transición energética.
Meses después del apagón, aún no queda claro exactamente qué pasó, pero sí hay disponible mucha más información oficial al respecto. Lo que se sabe es que fueron oscilaciones en la red: “una alteración en la calidad de la onda”, traduce García Bajo. Algo que, en realidad, “no es nada común”, apunta.“Hasta hace poco, cuando el sistema era puramente de generación tradicional, la inercia la daban las máquinas rotativas. Cuando llegan las renovables, empieza a haber un problema, porque las renovables no giran, ni siquiera la eólica. Entonces, todos los defensores de la nuclear muchas veces aluden a este tema de la inercia”, comenta. Pero en el momento del apagón, era imposible saber por qué se había producido. “Así que quien hablaba a esas alturas estaba politizando”, zanja la especialista.
Para saber exactamente por qué han disparado cada uno de los interruptores, uno tiene que ir a cada subestación para ver las medidas que tiene cada interruptor, y esas medidas, explica García Bajo, se toman cinco veces al segundo. “Es muchísima información. Entonces, hasta que no pasan semanas, uno no puede saber por qué han disparado los interruptores y por lo tanto qué ha provocado el apagón. Quien al día siguiente del apagón decía que era un problema de la inercia y era técnico, sabía que no lo sabía”, sentencia la ingeniera.
A lo largo de las siguientes semanas y meses se han ido conociendo más detalles que permiten reconstruir el suceso, aunque todavía, en buena medida, son conjeturas. Lo que sí se sabe, a partir de informes elaborados por REE y el Ministerio de Transición Ecológica, y del resumen que hizo la Red Europea de Gestores de Redes de Transporte de Electricidad (ENTSO-E), es que el apagón se debió a un problema en el control de la tensión.
“En los sistemas eléctricos, la tensión se controla con diferentes dispositivos de la red eléctrica y mediante generadores. El voltaje no es el mismo a lo largo de toda la red, pero sí se controla de manera similar”, explica Marcial González, ingeniero electrónico industrial, con máster en energías renovables, y especializado en sistemas eléctricos.
“En el momento del apagón, había problemas ya conocidos de sobretensión en el suroeste peninsular. La tensión estaba más alta de lo normal. Los generadores en la zona estaban intentando controlar al máximo su tensión pero, según los datos que tenemos ahora, ninguno lo estaba haciendo bien”, detalla González, quien dedicó su tesis doctoral a analizar la manera de mejorar la estabilidad, fiabilidad y eficiencia de las microrredes, “utilizando técnicas modernas de control de convertidores de potencia, para integrar sistemas de almacenamiento de energía y generación renovable”.
El 18 de junio, Red Eléctrica publicó un informe en el que lo dejaba claro: “hubo generación que disparó de manera incorrecta y otra que no cumplió con la normativa de control de tensión”.
Las renovables, a pesar de que están cualificadas para participar del control de tensión, no estaban autorizadas para hacerlo por la normativa en vigor. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) acaba de actualizar la norma técnica –desempolvando una revisión que llevaba tres años en el cajón– precisamente para poner solución a este problema que evidenció el apagón.
Aún así, las críticas a las renovables continuaron, y se acrecentaron cuando ElDiario.es dio a conocer que la planta fotovoltaica Núñez de Balboa, en Extremadura, era la que había producido esas oscilaciones anómalas en la red. REE reclamó al operador de la central fotovoltaica una investigación para esclarecer qué había fallado internamente para dar lugar a esas oscilaciones que no eran «conocidas ni típicas en el sistema», según explicó la ministra de Transición Ecológica, Sara Aagesen, en una rueda de prensa. Iberdrola, dueño de la planta fotovoltaica extremeña, ha impugnado la investigación del Gobierno ante los tribunales, y acusa a REE de haber llevado a cabo una gestión “negligente” y “temeraria”.
Una tormenta perfecta
También se ha sabido que el apagón no tuvo una única causa. Fue una tormenta perfecta de cosas que fallaron, algo también altamente inusual. Entre otras, que algunas centrales se desconectaron de manera “indebida”, antes de tiempo. Así lo aseguran tanto desde el Gobierno como desde REE.
“A diferencia de otros grandes incidentes, este se produjo por una serie de circunstancias acumulativas que excedieron con mucho el criterio de seguridad N-1 y que derivaron en un problema de sobretensión y un disparo en cascada de generación”, aclaró el operador del sistema. También aprovechó su informe para desmentir que se tratara de un asunto de inercia: “el incidente no se produjo por un problema de inercia; se explica desde el balance de potencia reactiva (control de tensión) y no de potencia activa (control de frecuencia). Y es que el día 28 de abril el sistema tenía un valor de inercia superior a la recomendación de Entso-e. Esto fue así porque los grupos acoplados por restricciones técnicas eran suficientes para cubrir la demanda, proporcionar inercia, permitir el control de los flujos de energía y disponer de recursos para el control dinámico de tensión en la red de transporte”.
Marcial González ha dado con una metáfora para explicar el suceso: invita a imaginar un paso de Semana Santa y unos diez costaleros que portan a la virgen. Esa virgen es la tensión. Cada uno de los costaleros son las centrales de generación tradicional que controlan la tensión. Las renovables solo están mirando, porque no se les deja participar en ese ejercicio de sujetar a la virgen de la tensión. El día anterior, un costalero anuncia que no puede ir. Así que en vez de tener a 10 personas llevando a la virgen, habrá solo 9. Y el mismo día de la procesión, varios de esos 9 se ponen enfermos o deciden no acudir por otros motivos. Así que en un momento la virgen se tambalea y los costaleros que quedan no logran aguantarla. “Y la virgen se cae y todo el mundo llora”, continúa el experto. Entonces se empiezan a acusar unos a otros: unos costaleros señalan al patrón (en este caso, Red Eléctrica), por no haberlo organizado bien y no haber calculado el peso de la virgen de manera correcta. Otros acusan a los que no acudieron a la procesión por motivos desconocidos. Y tantos más señalan a los que se habían quedado parados mirando todo aquello sin ayudar. Pero esos últimos, que efectivamente estaban en condiciones de soportar el peso de la virgen, no tenían permiso del ayuntamiento para formar parte del grupo de costaleros.
Campaña contra las renovables
“Sin ninguna certeza, sin haber analizado ningún dato ni tener nada tangible, se atacó directamente a la gran penetración de renovables en el sistema eléctrico”, se lamenta también Ismael Morales, responsable del área de Políticas Climáticas de la Fundación Renovables, quien lo achaca a la campaña “pronuclear y de la derecha española en favor del mantenimiento de las centrales nucleares”.
Desde el partido ultraderechista Vox no tardaron en pedir “salir a la calle y ocuparla” hasta que el Gobierno diera marcha atrás con el cierre nuclear. Esas fueron las palabras que usó, entre otros, el eurodiputado de Vox, Hermann Tertsch, en respuesta al también diputado de Vox José María Figaredo, quien a propósito del apagón había afeado que el Gobierno de Pedro Sánchez se hubiera “empeñado” en cerrar las centrales nucleares.
El 29 de abril, Vox emitió un comunicado que afirmaba que “el grave apagón” había puesto de manifiesto “las vulnerabilidades de los sistemas eléctricos altamente dependientes de fuentes de energía renovables variables, como la solar y la eólica, sin un respaldo suficiente de tecnologías de generación firme y constante”.
Pero Morales insiste en que no se podía establecer una relación entre lo ocurrido aquel lunes y la composición del mix eléctrico: la penetración de las renovables ese día no era más alta que de costumbre. Incluso era algo más baja que en los días anteriores. Según los datos disponibles en la web de Red Eléctrica, el 28 de abril las renovables comportaban cerca de un 65% del mix eléctrico español. Días atrás, el porcentaje llegaba al 70%.
Pero a veces dato no mata relato. “Al final el relato que se ha quedado es que las renovables son frágiles, son vulnerables, y lo que se ha hecho es poner el gas como energía base”, denuncia Morales.
En mayo, la contribución del gas —uno de los combustibles fósiles, principales responsables de la crisis climática— al mix eléctrico nacional fue hasta un 62% mayor que el mismo mes del año anterior. Es lo que se vino a llamar “efecto apagón”.
La supuesta vulnerabilidad de las renovables
Al margen de que las renovables fueran o no culpables del apagón, ¿es cierto que hacen que los sistemas eléctricos sean más vulnerables? Cristina García Bajo arguye que, en parte, sí. Pero no porque representen un problema, matiza, sino porque aún hay trabajo por hacer en preparar los sistemas eléctricos a la mayor penetración renovable ideal para descarbonizar la electricidad en España y cumplir con los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, gases que sobrecalientan el planeta.
Esta experta apunta a tres variables que hay que considerar cuando se introducen las renovables en el modelo energético. La primera es que la producción eléctrica se descentraliza. “Y es más fácil controlar la generación cuando está concentrada”, indica la especialista. La segunda variable es que en la generación tradicional el operador controla cuándo entra y cuándo sale el recurso energético. La renovable, por el contrario, es más impredecible. “Hay veces que has previsto que habrá tanto viento y luego no lo hay, porque son predicciones meteorológicas y te puedes equivocar”. El tercer factor es que “la red estaba preparada para máquinas que giraban y ahora tenemos electrónica de potencia. Y esta, efectivamente, no aporta inercia tradicional, y mete armónicos, que es una distorsión en la red”.
Pero esto, insiste García Bajo, no es un problema. “Es una realidad y hay que adaptarse a ella”, dice, y pone de ejemplo los pasos que han dado en Reino Unido o en Australia para preparar la red a un sistema eléctrico con una participación importante de fuentes renovables. Por ejemplo, impulsando planes de estabilidad de red, creando mercados nuevos (de inercia, de control de tensión local…), permitiendo a las renovables aportar inercia sintética, y favoreciendo la mayor penetración de baterías.
“Cuando Tesla llegó y metió la corriente alterna, aquí lo que había era un sistema de generación de corriente continua, y hubo muchísimas peleas. Pero acabó ganando Tesla y lo que obtuvimos fue que es más fácil llevar la electricidad a todas las partes del mundo”, recalca.


