Guión del quinto episodio del podcast de Carro de Combate: Contaminación por fármacos

Hoy, arrancamos con un tema poco conocido y del que cada vez se sabe más gracias a las investigaciones de profesionales muy sensibilizados con esta cuestión, y es la contaminación por fármacos. Un desafío emergente que tratamos hoy de la mano de Raquel Jiménez, profesora titular en el área de ecología de la Universidad de Jaén. Raquel participa actualmente en una investigación sobre fármacos muy interesante, la cual nos va a detallar. Y gracias a mis compañeras Aurora y Laura, que nos acompañan a la mesa para explicar en qué consiste la farmacontaminación, por qué es un tema que preocupa cada vez más y cómo se está intentando atajar en estos momentos.

Como decíamos, la contaminación por fármacos comienza a ser un problema creciente, al fin y al cabo, cada vez consumimos más, y por lo tanto, se convierte en un desafío emergente como lo son los nanoplásticos. Pero es que además, los fármacos son sustancias de las cuales no podemos prescindir actualmente, porque salvan vidas y mejoran nuestra salud, así que representan un desafío mayor.

Se ha detectado la presencia de fármacos en los lodos de las depuradoras de agua, en las masas de agua subterráneas, en aguas costeras… De hecho, la mayoría de los ríos analizados en todo el mundo presenta este tipo de contaminante y, en ocasiones, en concentraciones que ponen en peligro el equilibrio de los sistemas acuáticos (tal y como demuestran los resultados del primer estudio internacional al respecto, el Global Monitoring of Pharmaceuticals Project) y que también tienen un impacto importante sobre la salud humana.

Por ejemplo, en relación a esto último que comentamos, aunque este impacto se está aún midiendo, por así decirlo, se sabe que está relacionado con la resistencia a los antibióticos, esa pandemia silenciosa que constituye una de las mayores amenazas para la salud pública global. Las últimas investigaciones han identificado cerca de 1000 compuestos activos, aproximadamente un tercio de los productos farmacéuticos disponibles en el mercado (según datos de la plataforma alemana PHARMS-UBA) en aguas, suelos, organismos acuáticos y terrestres…, de prácticamente todo el mundo.

Esta realidad podría llevarnos a pensar en las fábricas de medicamentos de países como India o China, mercados a los que se han exportado algunas de las fases de fabricación de estos fármacos por parte por ejemplo de la industria de la Unión Europea. A que no se tienen controles suficientes por parte de estos centros de producción y que son los responsables de esta contaminación ( la contaminación causada por las fábricas de medicamentos en países como India y China ha sido denunciada por organizaciones como Changing Markets Foundations y Ecologistas en Acción), pero lo cierto es que se trata de un problema global y muy ligado a los hábitos de consumo que tenemos las personas o al uso veterinario que hacemos de estas sustancias. 

Pongamos un ejemplo: en España contamos con el punto SIGRE, ese sistema de recogida que muchas personas conocereis. Acudimos a la farmacia con nuestras medicinas caducadas y las depositamos en un pequeño contenedor para que se traten y gestionen como residuo de manera adecuada. Pues bien, muchas personas no lo usan. Aunque existe una sensibilidad cada vez mayor, muchas no lo usan por desconocimiento y la mayoría de quienes lo usamos, cometemos errores de bulto. 

Por ejemplo, eliminamos restos de jarabe por el fregadero de la cocina antes de llevar el botecito al punto sigre, o llevamos las pastillas de ibuprofeno caducadas pero no el envoltorio de un antibiótico en polvo que hemos consumido. Y ciertamente es un lujo poder contar con el sistema de recogida Sigre, realmente pocos países tienen un sistema como este, pero existe aún cierto desconocimiento y un uso erróneo, aunque se supone que tres de cada cuatro hogares en España ya reciclan sus medicamentos a través del punto sigre (la tasa ha crecido un 4 % en 2024)

Este tipo de malas prácticas, en las que muchas de nosotras caemos, son muy muy habituales, y hacen que esos medicamentos acaben en vertederos o diluidos en el sistema de tratamiento de aguas residuales porque seguimos tirando los fármacos a la basura o por el fregadero, con el riesgo medioambiental que este tipo de prácticas conlleva. No solo eso, no somos conscientes del riesgo medioambiental de las pipetas para garrapatas, pulgas, etc, que suministramos a nuestras mascotas, extremadamente tóxicas para los invertebrados, y que pueden pasar al medioambiente si el animal en cuestión se baña, por ejemplo, en un río.

Y a este tipo de prácticas debemos añadir otras vías por las que el fármaco llega al medioambiente. Por ejemplo, a través del baño de los hogares. Porque hoy en día las actuales Estaciones de Depuración de Aguas Residuales, las llamadas EDAR, no son capaces de eliminar todos esos fármacos que excretamos o que acaban en el sistema tras una ducha, como ocurre con las cremas e incluso con productos de higiene o con el maquillaje. 

Sin mencionar que un 48 % de las aguas residuales en todo el mundo se descargan al medioambiente sin someterse a ningún tipo de tratamiento, tal y como recuerda el equipo del Basque Sustainable Pharmacy & Biotherapy de la EHU (Universidad del País Vasco), responsable del reciente artículo Promoting sustainable pharmacy for tackling environmental pharmaceutical pollution (Drug Discovery Today, 2026), donde señalan que el cambio climático y la escasez de agua podrían empeorar aún más la situación. 

Este grupo de investigación multidisciplinar con sede en el País Vasco cuenta con profesionales farmacéuticos que además han impulsado un título universitario sobre farmacontaminación para sanitarios y profesionales del ámbito medioambiental, para sensibilizar al respecto, y con el que hemos podido hablar para obtener más datos y poder hacernos una idea de la magnitud de este problema y de las soluciones al respecto. Y nos han contado que entre el 30 y el 90 % de un medicamento pasa al agua inalterado después de su excreción, dependiendo del tipo del que estemos hablando. 

De hecho, si quienes nos escucháis queréis ahondar más sobre este tema, publicamos a principios de año una investigación en nuestra web donde recogemos los testimonios de quienes participan en este grupo de investigación, y que están intentando hacer además una labor pedagógica y de sensibilización importante al respecto. Quienes lideran este proyecto, como son Gorka Orive, catedrático en Farmacia de la EHU, y Unax Lertxundi, jefe de la Sección de Farmacia de la RSMA (Red de Salud Mental de Araba) del Servicio Vasco de Salud (ambos, investigadores del IIS Bioaraba), nos contaban cómo la tendencia a bioacumularse, a persistir y a mezclarse con otros contaminantes como los nanoplásticos hacen de los fármacos una amenaza creciente. 

Impactos que pueden empeorar

Y el problema es que estas cifras, estos impactos, podrían empeorar en la medida en que crece el uso global de los fármacos: solo en la última década el consumo de antidepresivos ha aumentado un 40 %; también con motivo de la escasez de agua, que se agudiza o, como decimos, porque aumenta la contaminación por otros compuestos. Los fármacos, por ejemplo, si se asocian a los nanoplásticos pueden incluso intensificar su persistencia y esto es un reto para la salud pública en la actualidad.

Y para quienes piensan que este es un problema aún menor, existe un ejemplo muy llamativo, que se hizo muy popular en su día, y que demuestra que la contaminación por fármacos incluso puede provocar la desaparición de determinadas especies, porque los fármacos se acumulan en los ecosistemas, exponiendo a los animales a concentraciones muy elevadas. 

El ejemplo es el que protagonizó la población del buitre dorsiblanco bengalí a finales de los 90, el ave rapaz más abundante de la tierra y que se situó al borde de la extinción a causa de un fármaco, el caso dio la vuelta al mundo. Ocurrió en la región de Rajastán, al norte de la India, la mitad de los buitres del Parque Nacional de Keoladeo habían muerto, unos años más tarde no quedaba apenas un 1 %. Los resultados de una investigación al respecto arrojaron que la población de este buitre había sufrido un colapso, dando lugar a la caída en la población de un ave más rápida jamás registrada en la historia. Y todo ello a causa del antiinflamatorio no esteroideo diclofenaco, que se administraba, por ejemplo, a las vacas. Este fármaco, en su uso veterinario, resultaba ser extremadamente nefrotóxico para estas aves, provocándoles la muerte.

Y no solo eso, el episodio de los buitres en India puso de manifiesto cómo el rápido declive de una especie clave para el ecosistema está asociada a un aumento en las tasas de mortalidad humana (de al menos un 4,2 %, en promedio entre 2000 y 2005, para el citado caso). 

Y hay en curso otros estudios que tratan de probar el impacto ecotoxicológico de la farmacontaminación. En España, se han llevado y se están llevando a cabo algunos muy interesantes que analizan la presencia de fármacos en efluentes hospitalarios y su bioacumulación en cetáceos de la costa. De hecho, uno de ellos es el estudio pionero de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Murcia (UMU), que ha identificado ibuprofeno y azitromicina, entre otros compuestos, en el organismo de cetáceos varados, la mayoría delfines de diferentes especies, en la costa mediterránea. El proyecto Marfarisk , evidencia que los océanos están amenazados por la acumulación de contaminación química. 

Puesto que el problema preocupa y mucho, se están no solo llevando a cabo investigaciones más ambiciosas, porque por ejemplo el riesgo ecotoxicológico del 88 % de los fármacos comercializados aún se desconoce, (tal y como recoge el equipo de Generation Green Working Group, de la Universidad de Helsinki, en su publicación de 2025 Medicines and The Environment, Challenges and solutions for sustainable pharmacy), sino que se están impulsando medidas a nivel institucional y desde la iniciativa privada, de carácter integral, donde tomen parte todos los actores involucrados en el problema de principio a fin y a nivel global, siguiendo la tendencia denominada ONE HEALTH, un enfoque colaborativo que insiste en la conexión entre la salud de las personas, los animales y los ecosistemas. 

Las soluciones frente a la contaminación por fármacos

Entre las medidas que se tratan de impulsar: además de aumentar la investigación científica, tratar de ecodiseñar, por así decirlo, los principios activos, lo cual no es sencillo, para que estos sean biodegradables, y reducir su impacto sobre el entorno natural;  sensibilizar a la población acerca de la necesidad de adoptar hábitos adecuados a a hora de abastecerse y desechar medicamentos; sensibilizar a los profesionales sanitarios sobre la necesidad de reducir en consumo de medicamentos y una muy interesante y que ha dado mucho de qué hablar es la que tiene que ver con la depuración de las aguas residuales y que ha impulsado la Unión Europea. 

Como decíamos,  existe una incapacidad manifiesta de eliminar los fármacos que llegan a una depuradora de aguas residuales por completo, porque han sido diseñadas para acabar fundamentalmente con los restos orgánicos, pero no con microcontaminantes como  los fármacos. 

Por eso, es habitual que muchos de estos restos se acumulen en los lodos de las depuradoras, lodos que se emplean con frecuencia para el abono de las tierras de cultivo, pasando así el fármaco también a los suelos. Porque mientras que hay fármacos que prácticamente desaparecen, como el paracetamol, hay muchos otros que no.

Para evitar que las EDAR se conviertan en un “coladero” de residuos farmacológicos, la UE ha comenzado a tomar medidas no exentas de polémica con el fin de reducir la contaminación procedente del ciclo urbano del agua. En primer lugar, ha aprobado la Directiva de Tratamiento de Aguas Residuales Urbanas (conocida como TARU), que obliga a los Estados miembros a adaptar las depuradoras mediante la incorporación de nuevos mecanismos de control de aquí a 2045.

Lo que ocurre es que esta Directiva sigue el principio de la UE para su política ambiental de “quien contamina, paga”. Así pues, estipula que el 80 % de los costes derivados de la adaptación de las EDAR (mediante nuevos sistemas de filtrado, por así decirlo, los llamados sistemas cuaternarios) ha de recaer sobre la industria farmacológica y cosmética. Esto ha provocado que, por ejemplo, la Asociación Española de Medicamentos Genéricos (AESEG) haya manifestado su completa disconformidad.

Y es que, los costes de instalación, operación y mantenimiento de los nuevos tratamientos son elevados. y la complejidad del proceso de adaptación y la factura inicial pueden ser importantes. Los costes energéticos también serán muy altos por el uso de estos sistemas, costes a los que quizás algunos ayuntamientos más pequeños no puedan hacer frente, pues la obligación de adaptar los sistemas se extiende a las EDAR con cargas mínimas de 150.000 h-e (habitantes equivalentes) y para esas otras de menor tamaño que operan en zonas sensibles o que precisan especial protección. 

Los humedales artificiales como alternativa

En un intento por encontrar soluciones asequibles para las poblaciones más pequeñas o para entornos menos favorecidos donde estos costes sean difícilmente asumibles, están surgiendo iniciativas que tratan de buscar soluciones eficaces y menos costosas, como la que está poniendo a prueba el equipo del que forma parte nuestra invitada, que desarrolla junto a sus colegas un proyecto de investigación a través de humedales artificiales, un tipo de tratamiento con plantas, sostenible (pues no se emplean reactivos químicos), para averiguar si este tipo de respuestas basadas en la naturaleza es capaz de eliminar la carga de fármacos. Hasta ahora los resultados son alentadores, tanto en humedales que actúan como sistemas complementarios a las EDAR como en aquellos que operan de manera exclusiva en pequeñas poblaciones.

Los fármacos detectados que entran en el sistema a través de las aguas residuales se han eliminado en porcentajes altísimos, estarían cumpliendo así la Directiva, donde se señala un total de 12 compuestos que deben eliminarse hasta en un 80 % a través de tratamientos cuaternarios efectivos, como sistemas avanzados mediante filtros de carbón activo u ozono. Estos 12, de los cuales se han de elegir seis, actúan a modo de indicadores, es decir, se entiende que si la planta de tratamiento ha podido eliminar estos, puede hacer lo propio con muchos otros. 

Esto es importante porque algunas estimaciones han lanzado la friolera de 25.000 millones de euros de inversión solo en España para adaptar toda la red de plantas de tratamiento de aguas residuales que contempla la Directiva. Así que sería muy buena noticia que estos humedales fueran efectivos y menos costosos que el carbono activo y el ozono, que son los sistemas que se han planteado en las EDAR hasta el momento.

Si queréis saber más sobre la capacidad de los humedales artificiales para eliminar la carga contaminante, encontraréis un reportaje en nuestra nueva edición del Anuario de Consumo Crítico donde recogemos las experiencias del grupo de investigación internacional en el que participa nuestra invitada y de otro que opera en Álava y donde también se están recabando datos muy halagüeños al respecto.

Se ha comprobado, de hecho, como los humedales flotantes implementados son capaces de retirar un altísimo porcentaje de los productos farmacéuticos que pueden llegar procedentes de domicilios o centros sanitarios, y que podrían operar con las aguas residuales que lleguen, por ejemplo, de explotaciones ganaderas. Existen otras tecnologías avanzadas que pueden hacer esto mismo, pero esas tecnologías requieren aparataje muy complejo, personal cualificado y por supuesto, energía, de ahí la necesidad de seguir desarrollando este tipo de tratamientos sostenibles (pues no necesitan consumir tantos recursos energéticos, ahora que queremos disminuir nuestras emisiones) y más económicos para eliminar los fármacos, sustancias que en su mayoría no cuentan con alternativa terapéutica, es decir, no pueden dejar de utilizarse por el momento. 

Además de la directiva que hemos emocionado, la UE trabaja en el desarrollo de  otros marcos regulatorios complementarios. Además de la TARU, la UE trabaja sobre una nueva Directiva que modificará la Directiva Marco sobre el Agua (DMA) en vigor desde 2000, y en la Directiva sobre las Aguas Subterráneas y la Directiva sobre Normas de Calidad Ambiental con el fin de acabar con la contaminación y proteger la calidad de los recursos hídricos. Por ejemplo, se está revisando y actualizando las listas de contaminantes que afectan a las aguas superficiales y subterráneas. De hecho, se han añadido, por primera vez, una lista de fármacos a la lista de sustancias químicas nocivas prioritarias, para las que se establece un estándar de calidad ambiental, es decir, una concentración límite para ciertas sustancias en las aguas. El acuerdo alcanzado hasta la fecha (aprobado por los Veintisiete en marzo de 2026)  introduce como sustancias prioritarias, además de los productos farmacéuticos, los plaguicidas, los bisfenoles o las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS). Los Estados miembros deberán transponer la Directiva a sus respectivas legislaciones nacionales a más tardar en diciembre de 2027. Así que parece que damos pasos en favor de la calidad del agua, al menos en la UE.

Y esto es necesario. Las estimaciones indican que entre el 3 % y el 50 % de los productos farmacéuticos comprados para uso doméstico terminan como residuos. Las encuestas de la OCDE revelan que la eliminación de residuos farmacéuticos por el desagüe es una práctica común en todo el mundo, siendo precisamente el método de eliminación más dañino. Y aunque es cierto que no todos los fármacos presentan el mismo riesgo, por su nivel de ecotoxicidad, por su uso limitado, por su capacidad para biocacumularse…, la farmacontaminación es un aspecto que debe atajarse porque todo indica que es un problema que podría ir a más.

No cabe duda de que el agua del grifo que bebemos es totalmente segura, no se trata de resultar alarmistas, pero como personas consumidoras podemos hacer mucho más por preservar la calidad de los recursos hídricos. Como hemos dicho, los fármacos no desaparecen una vez son excretados, tienen un recorrido y esto, hoy en día, no se enseña, al menos no de manera general, ni a la ciudadanía ni en las facultades de farmacia o de veterinaria.

La acción de las personas consumidoras

Hemos hablado de soluciones como un mayor esfuerzo en investigación científica sobre el impacto, el ecodiseño de fármacos, para que sean más verdes, más biodegradables; la ecoprescripcion (la incorporación de aspectos medioambientales en la prescripción de medicamentos), el refuerzo del marco regulatorio para una mayor vigilancia de la presencia de fármacos en el medioambiente, o la mejora de los sistemas de gestión y tratamiento de residuos, entre otros. Pero tenemos también que hablar de lo que podemos hacer desde casa, porque muchos fármacos que contaminan no cuentan con alternativa terapéutica y es difícil asumir el gran reto de reducir su uso mediante otras vías.

Por ejemplo, podemos utilizar siempre el punto Sigre de recogida que existe en todas las farmacias de España no solo para depositar el medicamento en sí, sino su envase; no acumular medicamentos en el domicilio para más que el mes en curso, para dos meses a lo sumo; no automedicarse o no limpiar los envases de medicamentos bajo el grifo o ingerir comprimidos en vez de jarabes, pues estos últimos resultan más contaminantes. Son pequeñas acciones de las que nos han informado las personas expertas con las que hemos hablado a lo largo de este último año y que pueden marcar una gran diferencia.

Os animamos a implementarlas en vuestros hábitos cotidianos poco a poco, y a seguir informandoos sobre cómo reducir el impacto de la contaminación por fármacos.

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