La planta de la controversia: una introducción a la industria del aceite de palma

Cuando Iep Diah era pequeña, lo primero que veía nada más salir de casa para ir al colegio era una gran palmera. El árbol, que medía varias veces lo que ella, daba cada poco tiempo unos frutos de color rojo anaranjado que sus vecinos recogían afanosamente. Poco a poco, Iep se dio cuenta de que su palmera no era única y que los árboles de frutos rojos se expandían cada vez con más rápidez en la zona en la que vivía, en Aceh Tamiang, al norte de la isla indonesia de Sumatra. Y percibió también que la selva moría a su paso. Hoy, sobrepasados los cuarenta años, Iep es una de las activistas medioambientales más activas contra la expansión de esta voraz industria.

La historia de Iep Diah podría calcarse sin demasiados cambios, poco más que el nombre de personas y lugares, para contar lo que ha ocurrido en cada uno de los países en los que el aceite de palma se ha expandido durante las últimas décadas. Un aceite del que apenas se producían millón y medio de toneladas hace 30 años es, hoy en día, el aceite vegetal más consumido del mundo, con un tercio de la producción mundial con cerca de 50 millones de toneladas. Y a medida que el consumo del aceite de palma crece, historias como las de Iep se repiten. Comunidades desplazadas, selvas arrasadas, trabajadores con duras condiciones laborales y, con demasiada frecuencia, esclavitud moderna. The Economist lo resumía así en agosto de 2015: “el aceite de palma se ha convertido en el símbolo de los peores excesos en el mundo de la agricultura: en los países en desarrollo era más fácil y barato continuar ampliando sus cultivos en bosques vírgenes que mejorar la productividad de las que ya tenían”.

Esas historias son las que hemos buscado en esta investigación de Carro de Combate. Hemos viajado durante el último año a seis países diferentes -Colombia, Ecuador, Malasia, Indonesia, Tailandia y Camerún, y visitaremos Guatemala en el futuro, nuestro séptimo destino- y hemos recogido los testimonios de campesinos, activistas, organizaciones internacionales, analistas y, cuando han querido contestarnos, empresas y gobiernos. Hemos aprendido también cómo funciona la industria, la ingeniería financiera que opera detrás o sus últimas innovaciones.

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Cargando el fruto de la palma en Montes de María (Colombia). Foto: Jheisson A. López.

Durante las próximas semanas iremos desgranando poco a poco todas esas historias que hemos ido recogiendo. Historias a menudo amargas, como la de Iep. Pero no todas. También nos hemos encontrado con campesinos contentos de conseguir mejores rendimientos de sus tierras, especialmente en Indonesia, donde el aceite de palma ha sido una herramienta de los planes gubernamentales para la reducción de la pobreza en el país. O trabajadores cuyas condiciones laborales han mejorado desde que se han implantado los sistemas de certificación sostenible. O activistas que están consiguiendo importantes logros para frenar los pies a la industria, para defender los ecosistemas locales y las formas de vida que están asociados a ellos. O que, como sucede en Colombia, reivindican el cultivo de alimentos como el mejor antídoto contra la guerra.

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Recolectando palma en Tumaco (Colombia). Foto: Jheisson A. López.

Es la planta más apetecida por diversas industrias -la alimentaria, la cosmética, los agrocombustibles- y, tal vez por ello, es la planta de la controversia. Nuestra vida hoy sería muy diferente si no tuviéramos aceite de palma o si su consumo fuera marginal. Los cosméticos tendrían una composición diferente, la producción de biocombustibles no crecería tan rápidamente y, sobre todo, la industria alimentaria sería radicalmente distinta. Pero su imparable expansión tiene una alta huella, tanto social como medioambiental, que los consumidores tienen el derecho de conocer. Y, como todo lo que hacemos en Carro de Combate, ese ha sido el principal objetivo de esta investigación: ofrecer información lo más contrastada posible sobre una materia prima que forma parte de nuestra vida cotidiana.

¿Por qué el aceite de palma?

La Elaeis guineensis, como se conoce científicamente esta planta, es originaria de África Occidental y crece sólo en zonas tropicales con una alta humedad y temperaturas constantes y elevadas. Son las tierras situadas entre los paralelos 7 al norte y sur del Ecuador, una franja que comprende poco más de una treintena de países situados en el Sudeste asiático, África Occidental y la parte central del continente americano.

Allí donde se dan las condiciones adecuadas, el cultivo de la palma no sólo es sencillo sino que además tiene unos rendimientos por hectárea mucho más altos que otras plantas productoras de aceite. La media mundial es de 3,8 toneladas por hectárea (t/ha); pero el algunas plantaciones llega a las 6 toneladas y, los ensayos genéticos de alta producción han llegado a ofrecer un rendimiento de más de 10 t/h. Este ha sido uno de los argumentos más utilizados por los defensores de la palma: para producir la misma cantidad de aceite procedente de cualquier otra planta, ya sea el olivo, el girasol, la soja, o la colza, se necesitaría una extensión de tierra mucho mayor. Sin embargo, la ecuación no es tan sencilla: la expansión de la palma aceitera se ha producido a costa de bosques de alto valor ecológico, pues ambos necesitan las mismas condiciones climáticas para existir. La devastación ha sido inmensa en países como Indonesia y Malasia -que controlan, a día de hoy, el 86% de la producción mundial-, y en muchos otros lugares ya han sonado las voces de alarma .

Efectivamente, los casos más llamativos se han visto en Indonesia, donde cada año los incendios provocados para limpiar el bosque provocan enormes nubes de humo que obligan a cerrar colegios y condenan a los habitantes a convertir sus casas en prisiones de las que no pueden salir para no sufrir las consecuencias de la polución. En otros lugares, aunque la situación no ha llegado a tales extremos, hay casos que han llevado a algunos expertos a decir que detrás de toda plantación industrial de palma aceitera hay un proceso de deforestación más o menos importante.

Precisamente ésa ha sido una de las luces de alarma: el número de hectáreas destinadas -muchas veces, más sobre el papel que en la realidad- al cultivo de aceite de palma aumenta constantemente y en algunos países se han hecho enormes concesiones para proyectos muy poco transparentes. Tanto es así que algunas de ellas no han sido todavía explotadas, provocando las sospechas de que lo que interesa en realidad son los frondosos bosques que existen en esos territorios.

A día de hoy, más de 18 millones de hectáreas se destinan a este tipo de plantaciones, y que las concesiones crecen a un ritmo imparable. Según el informe Planète Huile de Palme, de la organización Grain, sólo en África Occidental, en los últimos 15 años se han firmado más de 60 contratos para el establecimiento de plantaciones de palma que afectarían a más de 4 millones de hectáreas. Por poner sólo algunos ejemplos, en Sierra Leona, entre 2011 y 2012 la compañía Socfin consiguió un total de 11.500 hectáreas para el cultivo de la palma y el caucho; en Liberia, la Golden Veroleum Liberia ha firmado un contrato de 220.000 hectáreas para los próximos 65 años (de ellos ha plantado tan sólo unos 10.000); y en Nigeria, la compañía Biase Plantations, dispone de unas 5.500 hectáreas. Aún peor, en la República Democrática del Congo, el Gobierno ha cedido más de 400.000 hectáreas a la sociedad Atama Plantation, según el informe Planète Huile de Palme.

El crecimiento sin control y la deforestación asociada a las plantaciones son sólo algunos de los efectos medioambientales del aceite de palma. Para comenzar, la deforestación cambia la resistencia del suelo a las lluvias o las crecidas de los ríos: las tierras donde no hay vegetación no son capaces de mantener los grandes caudales de agua, provocando graves inundaciones que han llegado a expulsar a las gentes de sus casas. Además, la desaparición de estas grandes masas arbóreas suponen la expulsión y finalmente desaparición de un buen número de animales, como viene sucediendo en Indonesia, donde se ha destruido prácticamente el ecosistema en el que vivían los orangutanes. En otros lugares, son los químicos utilizados para acelerar el crecimiento de las palmeras cuando se plantan los que están provocando las quejas de los campesinos, que ven cómo sus fuentes de agua terminan siendo inaccesibles por los residuos vertidos desde los grandes viveros.

Un fijo en nuestra cocina

Todo esto puede parecernos muy lejano, si no fuera porque consumimos aceite de palma cada día, probablemente en todas nuestras comidas. El aceite de palma es un ejemplo paradigmático de cómo ha cambiado nuestra alimentación en unos pocos años: si hoy es prácticamente imposible evitar este alimento en nuestras comidas cotidianas, hace tan sólo tres décadas probablemente nos habría costado encontrarlo en España. Hoy en día, nuestras abuelas no sabrían identificar una buena parte de los productos que tenemos en la nevera, señalaba Javier Guzmán, responsable de VSF- Justicia Alimentaria Global durante la presentación de este proyecto de investigación sobre la palma, allá por septiembre de 2015. Lo mismo sucede en otros países del mundo, y en el Sur global este proceso se da a menudo con mucha mayor celeridad. La mejora en el nivel de vida de millones de personas ha provocado un aumento del consumo de grasas, entre ellos los aceites vegetales, especialmente el de la palma, cuyo precio sigue siendo asequible a pesar de haberse disparado en las últimas tres décadas. Paradójicamente, nuestras sociedades, cada vez mas ricas y opulentas -aunque, es verdad, también más desiguales- han pasado a alimentarse peor.

Hoy, el aceite de palma se encuentra aproximadamente en el 50% de los productos diarios de consumo que se venden en Estados Unidos y Europa. Uno de cada dos. Lo encontramos en las galletas, chocolates, bollería, dulces, leche de fórmula, margarina y sopas envasadas, por ejemplo. Está también en muchos de los aceites que se utilizan para freír y, además, forma parte de los componentes de higiene diaria como pasta de dientes, gel o champú. En Estados Unidos la demanda se ha multiplicado por seis desde el año 2000 y, en Europa es todavía mayor. Como veremos en el curso de esta investigación, cobra aquí relevancia la política de fomento de los agrocombustibles de la Unión Europea. Durante años, los agrocombustibles han sido promocionados como una alternativa sostenible al cambio climático; sin embargo, los estudios más recientes han demostrado que, sobre todo en el caso del biodiésel a base de aceite de palma, pueden resultar más lesivos para el ambiente que el propio petróleo.

Sin embargo, la demanda de Europa o Estados Unidos por sí sola no sería suficiente para movilizar las ingentes sumas de dinero e intereses que se ponen en marcha cuando hablamos del mercado de la palma. El verdadero filón está en los mercados emergentes: China (primer importador mundial de este aceite, el consumo de aceite de palma se ha doblado desde 1996, y el consumo de aceites vegetales en el país ha pasado de 3 kilos al año en 1980 a 23 en 2009), India, Pakistán, Brasil, Sudáfrica. Allí, los alimentos transformados no han hecho más que comenzar a extenderse y las grandes superficies se encuentran en proceso de implantación. A menudo, la expansión acelerada de la palma se sostiene gracias a las políticas y subsidios estatales; en el caso de Colombia, ese decidido apoyo estatal ha ido de la mano de la promoción de un mercado nacional de agrodiésel.

Por si faltaba algún ingrediente para la cuadratura del círculo, el sistema financiero se ha encargado de ponerlo. De la noche a la mañana, estos pequeños frutos rojos se han convertido en un Eldorado agrícola para multitud de fondos de inversión, negocios agrícolas, grandes conglomerados agroalimentarios y, por supuesto, algunos magnates con efectivo en el bolsillo. El aumento del precio del aceite de palma, las buenas perspectivas de crecimiento, el deseo de desarrollo de muchos países, y el impulso por parte de los organismos internacionales -añadido a las ganancias que genera la explotación de la madera que se encuentra en las nuevas concesiones-, han convertido a la palma aceitera en objeto de deseo.

Los proyectos de desarrollo de aceite de palma cuentan no sólo con el beneplácito de los países receptores, sino con políticas favorables en cuanto a fiscalidad, legislación y precios. También en Colombia, donde el auge de la palma de aceite ha llegado de la mano de la brutal violencia de los paramilitares, que, con total impunidad, sembraron el terror en varias regiones del país a finales de los años 90 y obligaron a desplazarse a pueblos enteros en territorios como el Chocó o Montes de María. Cuando esas comunidades campesinas, indígenas o afrodescendientes volvieron a sus territorios, los encontraron irreconocibles: donde antes había tierras fértiles para el cultivo de alimentos que convivían en armonía con la vegetación local, ahora hay sólo palma. Dicen ellos, y lo refrendan prestigiosas organizaciones sociales, que en esos territorios la palma es, más que un lucrativo negocio -que también-, un modelo para el control del territorio. Allí, pero también al otro lado de la frontera, en Ecuador, el negocio de la palma se vincula sin dificultades a negocios ilícitos, desde el comercio ilegal de madera al narcotráfico; y todo ello bajo la mirada atenta de los grupos paramilitares, esos mismos que amedrentan a quien osa oponerse a ese modelo de desarrollo. Aquí, enfrentarse a la palma puede costar la vida, y a menudo lo hace. Que se lo cuenten si no a Daira Quiñonez, que ha visto morir a su marido y a su madre, y ella misma vive exiliada en la capital colombiana, lejos de Nariño, su tierra natal, esa que las comunidades negras intentaron defender con su sangre. Y lo mismo sucede Centroamérica, en países como Guatemala y Honduras.

Además, las agencias de Cooperación al Desarrollo de diversos países europeos, el Banco Mundial y muchos fondos de inversión (como el Fondo Africano para la Agricultura) respaldan en ocasiones supuestos proyectos de desarrollo relacionados con la palma. Así ha sucedido en la isla de Sumatra (Indonesia) o en la República Democrática del Congo, donde una empresa financiada por diversas organismos de cooperación europeos, -entre ellos la AECID española- ha sido acusada de acaparamiento de tierras, y de mantener a sus trabajadores en condiciones de semiesclavitud.

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Un trabajador recoge el fruto de la palma aceitera en Sumatra, Indonesia. Foto: Laura Villadiego

La cadena de la palma

De unos pocos centímetros al plantarse, en pocos años su tallo puede llegar a alcanzar varios metros de alto; se trata de una especie que comienza a producir a partir de los 3 o 4 años de vida (aunque su mayor producción se alcanza entre los 20 y los 25), y cuya cosecha se realiza a lo largo de todo el año. El fruto (unos pequeños frutos rojos de forma ovalada, de entre 3 y 5 centímetros de largo, similares a una bellota) se agrupa en enormes racimos, que pueden llegar a pesar entre 15 y 25 kilos. La recogida se hace manualmente, pues es necesario cortar el racimo, y la dificultad estriba principalmente en la altura que haya alcanzado la palmera. A partir de los 10 años de vida aproximadamente, la palmera empieza a sobrepasar los dos metros de alto, por lo que es necesario utilizar una sencilla herramienta, que generalmente es una sierra empalada sobre un palo para cortarlo.

Hoy en día, de estos frutos rojos se extraen dos tipos de aceite: el de palma y el de palmiste, que son utilizados para cocinar o para multitud de otros usos, como la fabricación de jabón, cosméticos, margarina. Se consiguen dos aceites: el que procede de los frutos, que es el que se llama aceite de palma, y el que procede del hueso, el de palmiste. Del de palma a su vez se obtienen otros dos compuestos, uno sólido, la estearina, y otro líquido, la oleína, que tienen docenas de usos diferentes.

La investigación de Carro de Combate

Hasta aquí esta introducción a la extensa investigación que Carro de Combate que, como muchos de nuestros lectores y lectoras ya saben, pudimos financiar gracias a la campaña de crowfunding a través de Goteo que lanzamos en septiembre de 2015. Un año después, publicamos los primeros resultados: los perfiles de Indonesia y Ecuador. En los próximos meses, iremos lanzando los reportajes correspondientes al resto de países que hemos visitado (Malasia, Colombia, Camerún) y a temáticas como los impactos socioambientales, las condiciones laborales, los sellos de aceite de palma sostenible, los mercados financieros, los impactos sobre la salud y los modelos de desarrollo en disputa en los territorios afectados. Nuestra previsión es publicar el último de estos reportajes en marzo: será el dedicado a Guatemala, un país que sumamos a la investigación gracias al apoyo de la organización Entrepueblos.

Esperamos que os resulte de interés esta nueva página que, con más profundidad que otras veces, conserva el espíritu de Carro de Combate: aportar al consumidor crítico información acerca de los impactos socioambientales de lo que consumimos. Porque, si el consumo es un acto político, la primera batalla es la de la información.


Bibliografía y referencias:

Planéte Huile de Palme, les paysans paient le prix fort pour lhuile végétale bon marché. Grain en septiembre de 2014.

A recipe for sustainability. The Economist. 1 agosto 2015.

Miles de incendios arrasan la selva de Indonesia por culpa del aceite de palma. Laura Villadiego. Eldiario.es. 22 noviembre 2015

Carrere, Ricardo en el informe: Palma aceitera: de la cosmética al biodiesel. La colonización continúa. Movimiento Mundial por los Bosques. 2006.

Alain Rival y Patrice Levang: La palma de la controversia. La palma aceitera y los desafíos del desarrollo. Center for International Forestry Research, 2014.

Planète Huile de Palme: les paysans paient le prix fort pour l’huile végétale bon marché. Op. citada.

Chema Caballero: “Campesinos que no se cansan de luchar”. El País. 17 de febrero de 2015.

Elaisha Stokes “Riot on the plantation”, Aljazeera , 4/10/2015

Los intercambios desiguales y perversos entre Nigeria y los poderes corporativos colonialistas: de los combustibles fósiles a las plantaciones industriales de palma aceitera y a REDD

J. C. Zuckerman y M. Hudson. “Cuando el aceite de palma se interpone en la vida de los niños”. El País. 3 de diciembre de 2015.

Feronia Inc. Una Diosa desnuda. De cómo las empresas acaparadoras de tierras son rescatadas con fondos públicos de cooperación al desarrollo.

Conflict palm oil, Rainforest Action Network, septiembre 2013

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