El gasto militar mundial lleva 10 años consecutivos de incremento. La invasión de Ucrania por parte de Rusia sirvió para que cada país acelerara el proceso de alcanzar el 2% del PIB. En España, el presupuesto oficial del Ministerio de Defensa ha aumentado un 41,7% en siete años, aunque el estipendio real es mucho mayor.
Por Óscar F. Civieta
“Si quieres la paz, prepárate para la guerra”. Esta falacia, atribuida al escritor romano Vegecio, cuyas obras se dataron entre los siglos IV y V, está marcando 17 siglos después la hoja de ruta de los líderes mundiales. El genocidio que Israel está perpetrando en Palestina, y, principalmente, la invasión de Ucrania por parte de Rusia, son el perfecto ardid para armarse hasta los dientes. Aunque la realidad es que esta espiral armamentística comenzó mucho antes.
Según el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), el gasto militar mundial aumentó hasta los 2,7 billones de dólares en 2024 (el 2,5% del Producto Interior Bruto –PIB– mundial), marcando el décimo año consecutivo de incremento. Esto supuso además un incremento del 9,4 % en términos reales respecto a 2023, el aumento anual más pronunciado desde, al menos, el final de la Guerra Fría.
Excepto Malta, la totalidad de los Estados del área europea (incluida Rusia) incrementó sus reservas bélicas. Y va a ir a más, ya que en marzo de 2025 la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen presentó el plan ReArmar Europa, con el que se pretende disparar el gasto en 800.000 millones de euros. Entre los países de la OTAN – guiados por el mando supremo de los EEUU –, todos los gobiernos acrecentaron su desembolso, llegando a los 1,5 billones de dólares (lo que representa el 55% del dispendio total).
En Oriente Medio, la cifra se fue hasta los 243.000 millones de dólares (+15%). Sobresale, como era de prever, el caso de Israel, con un aumento del 65% (para alcanzar los 46.500 millones de dólares). No hay que olvidar a China, el segundo país con mayor gasto militar del mundo, el cual engordó un 7% en 2024, lo que deparó un total de 314.000 millones de dólares.

España ya supera el 2% del PIB en gasto militar
Aunque pueda parecer algo reciente –e impelido por la invasión de Rusia en Ucrania–, la realidad es que ese objetivo de llegar al 2% del PIB en gasto militar es un compromiso que los miembros de la OTAN adquirieron en la cumbre de 2014 en Gales. Entonces, acordaron alcanzar ese porcentaje en una década. Casi todos cumplieron, y los que se estaban quedando atrás fueron conminados a acelerar como respuesta irrefutable a la espiral belicista. Es el caso de España.
El presupuesto del Ministerio de Defensa ha aumentado un 41,7% entre 2018 y 2025. Sin embargo, la realidad del estipendio militar en España es muy distinta, y algunas organizaciones antimilitaristas llevan años denunciándolo. Para cifrarlo con concreción, hay que ir mucho más allá de las cuentas oficiales de Defensa, y sumar una miríada de partidas, de evidente cariz militar, dispersas y escondidas por otros ministerios y bajo diversos conceptos.
De hecho, en la base de datos del Centre Delàs disponen de un cuadro al respecto en el que se comprueba la evolución con tres tipos de cómputos: ‘Total del Ministerio de Defensa’, ‘Total Defensa con el criterio OTAN’ (en el que se suman, entre otras, las clases pasivas militares, la Guardia Civil o el apoyo a la innovación I+D del Ministerio de Defensa) y el ‘Total gasto militar final’ (adicionando la diferencia entre el presupuesto inicial y el liquidado, además de los intereses de la deuda pública).
Con el primer cálculo, el presupuesto militar ha pasado de 10.198 millones de euros en 2018 a 14.453 en 2025 (el ya referido +47,1%). Utilizando el segundo método de conteo, la evolución es de 17.604 a 25.146 millones (+42,8%). Y con el tercer modelo de valoración, de 19.850 a 42.249 millones (+112,8%). Esta última cifra supondría que el gasto militar español está ya en el 2,59% del PIB. (Añadir cuadro)
Oficialmente, empero, España sigue por debajo de ese porcentaje. Por ello, cuando la presión por alcanzarlo se intensificó, el Gobierno escudriñó esas partidas diseminadas por los Presupuestos para, ahora sí, comenzar a considerarlas como de carácter eminentemente castrense, y, por ende, justificar que se estaba cada vez más cerca del manido porcentaje.
Aún quedaba para llegar, así que España inició un proceso armamentístico acelerado, que, desde el Gobierno (ante las dudas de sus socios de coalición), se vende como algo que va más allá de ‘armarse hasta los dientes’, y que incidirá, por ejemplo, en las condiciones laborales de la tropa y la marinería; en desarrollar y adquirir nuevas capacidades de telecomunicaciones y ciberseguridad para hacer frente a los ciberataques, o en modernizar los sistemas de telecomunicaciones cifradas de las Fuerzas Armadas y adquirir nuevos satélites, antenas y radares.
Al albur de lo anterior, Pedro Sánchez presentó, en abril de 2025, el Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa de España y Europa, que consiste en un incremento de 10.471 millones de euros, que saldrán de tres fuentes: la reorientación de algunas partidas del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia; los ahorros generados por el buen desempeño de la economía española, y, por último, el margen que dan ciertas partidas que se incluyeron en los Presupuestos Generales de 2023 que ya no se necesitan.
Para justificarlo, se recurrió al repetido ardid de que para “garantizar la seguridad de España y sus ciudadanos en el actual contexto geopolítico y tecnológico” es imprescindible elevar la “inversión” – utilizando su terminología – en Defensa. Lo deja muy claro la ministra Margarita Robles en el prólogo del informe Spain defence & security industry (el más importante y completo del sector). Basta con leer el titular de su columna: ‘Invertir en Defensa es invertir en paz’.
Imprescindible para convencer a la ciudadanía de que este desboque militar se hace ‘por su bien’ es el papel que están jugando las Comunidades Autónomas. A ello se refieren en el informe El gasto del control social militarista, elaborado por Juan Carlos Rois y el Grup Antimilitarista Tortuga. En él resaltan que, “actualmente, la inmensa mayoría de las comunidades autónomas tiene suscritos convenios de colaboración con el Ejército o el Ministerio del Interior para la promoción de sus valores y de esa difusa ‘cultura de la defensa’, que desde la organización denominan “adoctrinamiento militarista”.
Además de ese desembolso excepcional, hay que sumar las modificaciones presupuestarias para recargar el gasto militar (que se aprueban en casi cada Consejo de Ministros) y que, con las cuentas prorrogadas, se convierten en las herramientas más apropiadas para que el Gobierno pueda mover el dinero a su antojo (cargando unas partidas y descargando otras) y sin pasar por el Parlamento. Un mecanismo deliberadamente opaco, que ha exigido a Sánchez reiterar su compromiso de “no restar un solo euro a la financiación del Estado del bienestar y la agenda medioambiental”.
Gracias a todo este esfuerzo crematístico, España, subrayó el presidente del Gobierno, «alcanzará el 2% del PIB en Seguridad y en Defensa este año, en 2025», y no en 2029 que era lo inicialmente previsto. La pregunta es: ¿será suficiente? No para el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, que ha pedido ahora aumentar el gasto en defensa al 5% del PIB para 2032. De momento, desde el Ejecutivo estatal español se ha rechazado la ‘invitación’.
El negocio de las empresas de armas
Está muy en duda que este proceso iniciado a escala mundial coadyuve a garantizar la seguridad de los ciudadanos, pero hay absoluta certeza de que está siendo un negocio harto lucrativo para los fabricantes de armas. Así, las cuentas del primer semestre de 2025 en las cinco empresas armamentísticas más importantes de España reflejan importantes crecimientos. Así, Airbus tuvo un beneficio neto de 1.525 millones de euros, un 85% más que en el primer semestre de 2024, e Indra aumentó su beneficio en un 88%, hasta los 215 millones de euros. La excepción es la empresa pública Navantia, que, aunque aumentó sus ingresos un 6,6% en 2024 (hasta los 1.528 millones de euros), también tuvo un resultado neto del ejercicio de -197 millones de euros (-122 en 2023).

Por otra parte, el último informe oficial acerca de las exportaciones españolas de “material de defensa”, correspondiente al primer semestre de 2024, detalla que el valor de las exportaciones realizadas en esos seis meses fue de 1.976,1 millones de euros, con un aumento del 12,7% respecto a lo exportado en el mismo periodo de 2023. El 74,9% de las mismas tuvo como destino países de la UE y de la OTAN. El resto se repartió entre 65 países, entre los que destacan Ucrania con 130,1 millones de euros, India (84,8 millones), Brunéi (79,5 millones) y Arabia Saudí, con 50,1 millones de euros. Sin embargo, el detalle de las principales operaciones, aquellas que superan los 10 millones de euros, plantea recelos razonables acerca de si la denominación ‘material de defensa’ es la más idónea.
La huella de carbono militar
Es una perogrullada, pero también es necesario subrayarla: si tienes más armas, puedes matar más. Ergo, el efecto directo de este aumento desaforado del gasto militar son las muertes (asesinatos) de personas en todo el mundo. Pero hay muchos más impactos, y uno de los más destacados es el medioambiental.
Otro informe de Centre Delàs, en este caso en colaboración con Ecologistes en Acció, estima que el cómputo de las emisiones GEI (Gases de Efecto Invernadero) del conjunto del sector militar en España en el año 2023 fue de 5.144.754 tCO2e, que equivaldría a un promedio de 34,7 tCO2e por militar y de 42,95 tCO2e por trabajador de la industria militar. Un parangón para valorarlo: la huella de carbono de un militar es seis veces más alta que la de cualquier otro ciudadano.
Ampliando el foco más allá de las fronteras españolas, el estudio El clima bajo fuego cruzado, elaborado por International Physicians for the Prevention of Nuclear War (IPPNW Germany), Centre Delàs, Tipping Point North South, Stop Wapenhandel y Transnational Institute (tni), subraya, entre otras, tres conclusiones alarmantes. La primera es que la huella de carbono militar total de la OTAN pasó de 196 millones de toneladas métricas equivalentes de CO2 (tCO2-eq) en 2021 a 226 millones de tCO2-eq en 2023, es decir, 30 millones de toneladas más en dos años: el equivalente a más de 8 millones de coches adicionales en las carreteras.
Además, en segundo lugar, la media anual de la huella de carbono militar de la OTAN es de 205 millones de tCO2-eq, superior a las emisiones anuales de GEI totales de muchos países individuales. Si las fuerzas armadas de la OTAN fueran un país, se situaría como el 40° generador de contaminación por carbono, más arriba en el ranking que Etiopía o Países Bajos.
Y por último, si todos los miembros de la OTAN cumplen el objetivo del 2% del PIB, entre 2021 y 2028 su huella de carbono militar colectiva será de 2.000 millones de tCO2-eq, superior a las emisiones de GEI anuales de Rusia, uno de los principales países productores de petróleo.
Y esta huella probablemente seguirá aumentando porque parece que la consigna de Vegecio va a seguir resonando con fuerza. Con el compromiso del 5% anual sobre la mesa, lo más probable es que se siga proclamando la paz mientras se continúa invirtiendo en la guerra.
Este artículo fue publicado en el Anuario de Consumo Crítico 2025/26. Ya puedes reservar tu copia del nuevo Anuario de Consumo Crítico 2026/27 aquí.


