San Valentí­n: ¿Sabes de dónde proceden las flores que vas a regalar?

Se acerca San Valentí­n y los escaparates se empiezan a llenar de uno de los regalos estrella en estas fechas, las flores. El Dí­a de los Enamorados es una de las épocas del año con un mayor volumen de ventas de flores tanto en Europa como en Estados Unidos. Pero ¿alguna vez has pensado de dónde viene esas magní­ficas rosas que vas a regalar a esa persona tan especial?

Probablemente, pocas veces te hayas encontrado en un ramo una etiqueta con la procedencia de sus flores. Rosas, claveles u orquí­deas pueden proceder de medio mundo y haber viajado miles de kilómetros antes de llegar al punto de venta, a pesar de ser un producto rápidamente perecedero. Su belleza puede además engañar. Las condiciones de producción de las flores en muchos paí­ses en desarrollo rozan la esclavitud. Salarios í­nfimos, largas jornadas de trabajo e intoxicaciones por pesticidas son habituales en las plantaciones. Los picos de demanda, como San Valentí­n o el Dí­a de la Madre, no hacen sino empeorar las condiciones y los trabajadores se ven obligados a trabajar hasta la extenuación en los dí­as previos para poder satisfacer el consumo de millones de flores que se da durante esos dí­as.

Pero volvamos a de dónde proceden las flores que compras. Si estás en la Unión Europea, probablemente vengan de Kenia, el principal exportador de flores hacia la UE, sobre todo si se trata de rosas. Kenia abastece así­ al mayor importador mundial de flores, con un consumo de más del 50% del total de la producción del planeta y que, no obstante, tiene también una importante producción propia, liderada por Holanda.

En Kenia, buena parte de la producción se concentra en torno al lago Naivasha, donde desde hace un par de décadas las plantaciones de flores se han instalado buscando la buena climatologí­a y el fácil acceso al agua. Esto ha puesto en peligro uno de los ecosistemas más valorados hasta entonces por su gran riqueza en especies de pájaros.

Ahora, el agua del lago está descendiendo y los 300.000 trabajadores que se han instalado en la zona, 10 veces más que hace 30 años, están acabando con los recursos de la región, a la que no se ha destinado un programa de mejora de infraestructuras. La falta de un lugar adecuado para vivir no es lo único que sufren los trabajadores del lago. Varios informes e incluso la Comisión de Derechos Humanos de Kenia (KHRC) han denunciado las «explosivas condiciones laborales de los trabajadores» en la industria de las flores.

En el caso de Estados Unidos, uno de los principales proveedores es Colombia. Allí­, «las mujeres (65% de la mano de obra) trabajan a un ritmo frenético a cambio de un salario muy bajo, en condiciones insalubres», según denuncia Inspiraction.  Estas empleadas se ven obligadas a realizar muchas horas (en temporada alta, jornadas de hasta 20 horas al dí­a) para ganar lo suficiente como para sobrevivir. La mayorí­a no goza de baja por enfermedad o por maternidad, pocas están amparadas por alguna cobertura sanitaria o de desempleo y aún menos consiguen ahorrar para el futuro», continúan. La organización ha denunciado además que algunas empresas exigen que sus empleadas se hagan la ligadura de trompas o piden test de embarazo para asegurarse de que no esperan descendencia. En Ecuador, otro de los exportadores a Estados Unidos, la Organización Internacional del Trabajo ha detectado la presencia de mano de obra infantil en las plantaciones.

La peor parte es la de las intoxicaciones. Muchos trabajadores son obligados a entrar en los invernaderos poco después de haber rociado con pesticidas, para aumentar la productividad, lo que supone serios problemas de salud. Según Oxfam, algunas investigaciones médicas han revelado que dos tercios de los trabajadores colombianos tienen problemas de salud asociados a los pesticidas, que van desde náuseas a abortos.

Un sector con grandes costes de transporte

Las flores tienen que ser comercializadas poco después de ser cortadas, para que no se marchiten. Por ello, todo el proceso de distribución debe ser rápido y cuidadoso, puesto que las flores son muy vulnerables a los cambios de temperatura y a las enfermedades. A pesar de ello, la mayor parte de las flores que se venden en Europa pasan primero por Aalsmer, el gran mercado de las flores a las afueras de Amsterdam (Holanda), el más grande del mundo. Incluso en el caso de las flores producidas en un paí­s europeo y que serán vendidas en ese mismo paí­s, es posible que en algún momento pasen por Holanda.

Esto supone unos grandes costes de transporte y mucha contaminación. Para que sea rápido, el transporte debe hacerse en aviones que, además, deben estar debidamente climatizados para que las flores no se estropeen. Por tanto, el sector no puede hacer uso del transporte marí­timo, que es el que utiliza la mayor parte de los productos de comercio justo, por producir menos CO2. La dependencia del sector aéreo es tal que incluso organizaciones de comercio justo han llamado la atención en algunas ocasiones sobre el daño que supone al sector las restricciones a los vuelos con destino a la Unión Europea.

Algunas iniciativas han intentado poner en marcha proyectos de compensación de CO2 asociados al sector de las flores, pero son aún minoritarias. Sin embargo, no parece que el mercado vaya encaminado a potenciar las ventas en proximidad, que no pasen por el gran mercado de Amsterdam, para reducir así­ el impacto medioambiental de su transporte.

¿Cómo comprar flores justas?

Aún es difí­cil encontrar flores éticas en Europa. En el Reino Unido, algunas grandes empresas como Interflora ya ofrecen flores de comercio justo, pero no es el caso, por ejemplo, de España donde la misma empresa no comercializa este tipo de flores, a pesar de que el año pasado una iniciativa en la plataforma Change lo pidió expresamente. Interflora respondió con un post en su blog, asegurando que apoyaba la iniciativa, pero de momento en su página web no hay un apartado especí­fico para el Comercio Justo.

A nivel internacional, existen algunas iniciativas. En 1996 se puso en marcha el Programa de Sello Floral (Flower Label Programme, FLP por sus iniciales en inglés) para promover el cultivo de plantas según estándares social y ecológicamente sostenibles. El sello genérico de Comercio Justo Fair Trade Label también tiene un apartado especí­fico para flores. Pero encontrar un establecimiento que ofrezca alguna de las dos posibilidades es más difí­cil (Si alguien conoce alguna iniciativa, puede añadirla en los comentarios).

Comprar flores producidas cerca del punto de venta puede ser la opción más sencilla y segura. El propio vendedor de flores o algunas iniciativas de consumo responsable pueden ayudar al comprador a saber cuál es el origen de la flor y si ha sido enviada a algún gran mercado como el de Amsterdam antes de llegar a la tienda.

Pero la procedencia de las flores sigue siendo muy opaca. Como ya hemos defendido tantas veces en este blog, una mejor trazabilidad de las flores es el primer paso para que el consumidor sepa qué esta comprando. Una camiseta suele venir con una etiqueta que dice «Hecho en Colombia». ¿Por qué no una flor?

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