Nuevo capí­tulo de Amarga Dulzura: la industria del azúcar en Camboya

Este capítulo forma parte del libro ‘Amarga Dulzura’ que investiga la industria del azúcar y que puede conseguirse haciéndose mecenas de Carro de Combate.

Actualización Septiembre 2015: Actualmente, Carro de Combate está investigando la industria del aceite de palma para hacer un trabajo similar al de Amarga Dulzura. Si nos quieres ayudar, puedes participar en nuestra campaña de crowdfunding en Goteo.

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El agrio sabor del desarrollo | Camboya

Srae Ambel significa, en camboyano, “campo de sal”. “¿Dónde están las salinas?”, pregunto nada más llegar al polvoriento pueblo, situado al sur de Camboya. “Yo también pregunté lo mismo la primera vez”, me dice Neary, una de mis compañeras de viaje. “Pero aquí­ nunca ha habido salinas. El nombre no tienen ningún sentido”. En realidad, no es tan estúpido. Srae Ambel no está muy lejos del mar, en una rí­a que se adentra algunas decenas de kilómetros y que dan un gusto salado al aire. Es probable que en algún momento las aguas se almacenaran para extraer la sal.

Lo que nunca hubo en Srae Ambel fue caña de azúcar, pero ahora la dulce planta está tomando las tierras de la región. El olor salado se mezcla ahora con el del azúcar quemada, en una especie de caramelo agobiante. Los primeros tallos aparecieron hace unos siete años, junto a las apisonadoras. Chay Ty lo recuerda bien. Un dí­a, unos hombres vinieron a hacer un agujero en las tierras en las que ella y sus vecinos solí­an plantar su arroz. Ella se extrañó y preguntó al jefe de la comunidad. “Sólo toman muestras para hacer unos análisis”, le respondió. Unas semanas después, las máquinas empezaron a aplastar y a limpiar el terreno, sin previo aviso. Así­ es cómo se enteró de que le iban a quitar la tierra.

Srae Ambel fue uno de los distritos de Camboya más castigados por los Jemeres Rojos. Ya antes de la guerra civil que enfrentó a la guerrilla comunista con el entonces gobierno republicano de Lon Nol, la provincia de Koh Kong, donde está Srae Ambel, era una de las más pobres y despobladas del paí­s. La malaria hací­a estragos en esta remota área y nadie querí­a ir a vivir allí­. Sólo los guerrilleros soportaban las duras condiciones. A partir de 1975, cuando Pol Pot y los suyos llegaron al poder, la zona se convirtió en un punto clave para el control de las fronteras, por su situación estratégica en medio del golfo de Tailandia. En sus aguas fueron capturados, entre otros, tres extranjeros (un neozelandés, un inglés y un canadiense) cuyo bote se habí­a extraviado en su camino de Singapur a Bangkok y que después serí­an asesinados junto a otras 17.000 personas en el centro de detención Tuol Sleng, en la capital de Phnom Penh. En todo el paí­s, unos dos millones de personas, la cuarta parte de la población de la época, perecieron en los apenas cuatro años de poder de los comunistas.

Lo que ocurrió en Koh Kong en aquellos años está poco documentado. Parece que la zona fue aún más despoblada y allí­ sólo quedaron los comunistas de origen tailandés, que fueron masacrados por no pertenecer a la pura “raza khmer” que perseguí­a el movimiento comunista. Tras la caí­da del régimen en 1979, el nuevo gobierno animó a los habitantes a repoblar la zona, para contener a la guerrilla todaví­a latente que se escondí­a en los cercanos Cardamomos, una cadena montañosa que llega casi hasta la frontera con Tailandia. Los habitantes cuentan que los saqueos de comida y otras posesiones eran frecuentes. La provincia era entonces conocida como el “Lejano Oeste”, un lugar de paso de la prostitución, la trata de personas y el comercio ilegal de animales, además de uno de los principales vergeles de marihuana del paí­s. Los últimos aliados de Pol Pot no dejaron la zona hasta 1998, tras la muerte de su lí­der en el norte.

Casi quince años después, Koh Kong sigue siendo una zona deprimida que va saliendo poco a poco de su aislamiento. Un aislamiento que, sin embargo, le habí­a servido para conservar su riqueza natural. La apertura de una nueva carretera que conecta con la capital, Phnom Penh, hace unos años fue el pistoletazo de salida para el expolio. El turismo comenzó a llegar poco a poco (sigue sin ser masivo) atraí­do por los ricos paisajes, gracias a esa nueva moda llamada ecoturismo. Los Cardamomos, hasta hace poco uno de los bosques tropicales más ricos del Sudeste Asiático, van cayendo lentamente ante la tala ilegal orquestrada por el ejército con el beneplácito del gobierno. La arena de sus costas es vendida a Singapur y los animales de sus selvas acaban a menudo en el mercado ilegal de especies exóticas. La caña sólo ha sido la última en la larga lista de heridas que sus tierras han sufrido.

La nueva Koh Kong está ligada a un nombre, el de Ly Yong Phat. El senador del Cambodian People”™s Party, el partido que ha estado mayoritariamente en el gobierno desde la caí­da de los Jemeres Rojos, es uno de los principales hombres de negocios de Camboya, un okhna que se dice en el idioma jemer. La prensa local lo llama “el rey de Koh Kong” porque su influencia llega a cualquier rincón de la provincia. Posee un casino, un hotel y grandes extensiones de tierra, entre ellas, las plantaciones de azúcar de Srae Ambel. El gobierno de Camboya otorgó en julio de 2006 la gestión sobre el terreno donde plantaba Chay Ty y otras 200 familias a dos empresas azucareras, la Koh Kong Sugar Industry Co y la Koh Kong Sugar Plantation Co., Ltd. En total se concedieron unas 20.000 hectáreas a una Unión Temporal de Empresas (joint venture) entre la compañí­a tailandesa Khon Kaen Sugar (KSL), que tení­a el 50 por ciento de las participaciones, otra empresa taiwanesa, llamada Vewong, con el 30 por ciento, y el propio Ly Yong Phat, con el 20 por ciento restante.

Poco después, empezaron las labores de limpieza del terreno. El arroz y las verduras fueron sustituidos por caña de azúcar y las paredes blancas de una fábrica comenzaron a montarse. Las familias se quedaron así­ sin su principal medio de subsistencia y sin ningún tipo de compensación.

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