Tres años carrocombatientes

El 1 de mayo de 2012, en coincidencia con el Día Internacional del Trabajo, vio la luz por primera vez este blog. La fecha no fue casual y dice mucho de nuestra motivación inicial: queríamos denunciar las condiciones laborales abusivas, a veces merecedoras del apelativo esclavas, que veíamos en los países donde ejercíamos como periodistas freelance: Camboya, que después fue Tailandia, y Brasil, que ahora es Argentina. Habíamos publicado historias en los medios con los que colaborábamos y queríamos profundizar en el tema.

Tal vez lo primero que aprendimos, y lo que más ha marcado el devenir de nuestro proyecto, fue la comprensión de que las situaciones que estábamos denunciando no eran ni anecdóticas ni casuales: como una vez nos dijo el periodista brasileño Leonardo Sakamoto, no eran enfermedad, sino síntoma del sistema. Los salarios de miseria en Bangladesh o los talleres ilegales en Sao Paulo no eran comportamientos aislados, sino el modo de funcionamiento de un sistema económico capitalista que, desde los años 70, ha ido deslocalizando su producción hacia allí donde los salarios son más baratos, los sindicatos más débiles y, en fin, peores son las condiciones de los trabajadores. Y las materias primas que son procesadas en los talleres han sido compradas, muchas veces a precios de saldo, en países del Sur donde monocultivos como el azúcar ahogan por igual a ecosistemas y campesinos.

arte-cubiertas-carro-de-combate2Esa comprensión del funcionamiento global del sistema nos hizo entender que hay que hacer más que denunciar. Si el problema es sistémico, entonces no vale con cambiar Nike por Adidas, porque no vamos a mejorar la situación. Dejar de comprar a las marcas que usan trabajo en condiciones análogas a la esclavitud -o que, por ejemplo, utilizan estereotipos machistas en sus publicidades- ayuda, pero sólo desde una comprensión del conjunto: sabiendo que las grandes marcas manejan los mismos criterios de producción -le compran a la subcontrata que vende más barato-, por lo que hay que funcionar al revés: hay que buscar aquellas empresas que lo hacen bien. Y, muchas veces, se trata de pequeñas empresas, cooperativas, pequeños emprendimientos, organizaciones sociales que trabajan sobre el terreno con los productores; etc. Así que, poco a poco, la denuncia de las condiciones de los trabajadores en los cañaverales de Brasil o en los talleres camboyanos del textil nos llevaron a una discusión más profunda sobre el papel del consumo crítico y responsable en el marco de la Economía Social y Solidaria.

Cada día con más convicción, creemos que el consumo es un acto político. El sistema hegemónico pretende hacernos creer que nuestros actos de consumo son individuales y a nadie afectan, pero, muy por el contrario, dejan un amplio reguero de consecuencias sociales y ambientales que, en tiempos de la globalización, dejan huellas por todo el globo terráqueo. Por eso nos dedicamos a investigar la cadena de producción -o, mejor dicho, el ciclo de vida: porque la distribución y la gestión de los desechos es fundamental- de mercancías que están entre las más habituales de nuestra cesta de la compra, en unas fichas mensuales que llamamos los Informes de Combate. Estos informes monográficos dieron lugar al libro Carro de Combate. Consumir es un acto político que publicó el pasado mes de noviembre la editorial Clave Intelectual.

Durante estos tres años no hemos trabajado solas. Una de nuestras prioridades ha sido establecer alianzas y cooperar con otros movimientos similares. Hemos colaborado así con multitud de publicaciones y hemos participado en eventos a los que nos han invitado. También hemos organizado nosotras mismas algunos eventos, como el que celebramos el pasado mes de febrero en Madrid junto a La Marea, El Salmón Contracorriente, CECU y VSF Justicia Global Alimentaria. Hemos colaborado además con la Coordinadora de Comercio Justo para elaborar su último informe anual sobre la industria textil y hemos sido profesoras del curso sobre “Consumo consciente, responsable y transformador” organizado por Setem.

Ahora queremos volver a realizar investigaciones en mayor profundidad, como aquella inicial que hicimos sobre el azúcar, que se plasmó en el libro autoeditado Amarga Dulzura. El aceite de palma, el plástico y los cosméticos son algunos de los productos que están en nuestro punto de mira para este cuarto año que acabamos de inaugurar. Pero, para emprender investigaciones más ambiciosas, necesitamos tiempo y recursos. Por eso, una vez más, os pedimos vuestra colaboración: haced vuestra donación a Carro de Combate para posibilitar que sigamos investigando. Y que cumplamos otros cuantos años más.

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