Una semana para decir No a los Plásticos

¿Has intentando alguna vez que tus residuos de todo un año quepan en un tarro de cristal como el de los influencers de Instagram? ¿Cuántos días tardaste en desistir? Si eres como el común de los mortales (es decir, alguien con mucho trabajo, poco tiempo, en ocasiones un@ o vari@s hij@s, y ninguna tienda a granel de camino a casa), probablemente unos pocos días, o incluso menos. Porque por mucho que luchar por los oceános (tod@s recordamos la foto de esa pobre tortuga con una pajita en la nariz) o usar bolsas de tela esté de moda, lo cierto es que el uso del plástico se ha vuelto un absurdo tal que cada vez es más común encontrarse naranjas peladas y metidas en bandejas de poliestireno o paquetes de galletas con más plástico que harina.

Y eso que el plástico es prácticamente un recién llegado a nuestras vidas. Los primeros precursores del plástico sintético se desarrollaron en el siglo XIX, a partir de productos naturales como el caucho. Así en 1839, Charles Goodyear mejoró la resistencia del caucho aplicándole azufre: acababa de inventar el látex. En 1856, James Parkes inventó la Parkesina, considerada el primer material plástico creado artificialmente. La Parkersina podía formar películas finas y transparentes que serían fundamentales en la aparición del cine; poco después apareció el PVC y, finalmente, en 1909, con la baquelita, llegaba el primer plástico totalmente sintético.

Sin embargo, su uso comenzó a expandirse sólo a partir de mitad del siglo pasado. Desde entonces, se calcula que se han producido unos 9.200 millones de toneladas de plástico, de las que casi 7000 millones se han convertido en basura que ni siquiera se sabe exactamente cuánto tiempo tardará en desaparecer. La mayoría, unos 6300 millones de toneladas, no ha sido reciclado. Y las islas de plástico no están sólo en medio del Pacífico. Recientemente, sabíamos que el 95 por ciento de los residuos del Mediterráneo son plásticos. Y España está en cabeza en malos hábitos: arrojamos 126 toneladas de plásticos al día; el segundo país que más plásticos vierte al Mediterráneo, tan solo detrás de Turquía, según afirma WWF.

Nuestros nuevos modelos de vida, cada vez más acelerados, son los principales culpables. Jornadas de trabajo cada vez más largas, mayores posibilidades de ocio fuera de los hogares o la rápida urbanización nos han quitado tiempo de tareas fundamentales como cocinar o simplemente reflexionar qué compramos y cuál es su impacto.

Y los modelos de distribución se han adaptado – y han promovido también –  a esta nueva realidad. Los pasillos de los supermercados se llenaron así de plásticos que en muchos casos ni siquiera tienen sentido y que hemos aceptado a veces por la falta de reflexión, pero a menudo por la falta de alternativas. Sin embargo, si nuestros modelos de consumo llevaron al problema, nuestros modelos de consumo pueden promover un cambio, asegura Esther Miquel Pericás, una consumidora concienciada que a través del grupo de Facebook Zero Waste España está promoviendo un boicot de una semana a los productos envasados con plástico entre el 3 y el 9 de junio (ver el evento). «Mucha gente no puede sostener un boicot indefinido […]; no se puede permitir consagrar buena parte de su tiempo libre de ir de un sitio a otro para buscar productos sin plástico», asegura Miquel, quien pone como ejemplo familias en las que ambos padres trabajan y que tienen que hacer una gran compra semanal durante su tiempo libre. «Entonces pensamos que un boicot de una semana es algo relativamente fácil de seguir, es un esfuerzo a corto plazo».

El principal objetivo es forzar a las empresas a reducir sus embalajes y a los puntos de ventas a promover prácticas más sostenibles, asegura Miquel, aunque también puede servir de ejercicio para que los consumidores se den cuenta de las opciones a su alcance y del poder de sus compras. “Somos más fuertes a través de nuestro consumo que a través de nuestro voto”, afirma Miquel.

Así el boicot no buscaría necesariamente que los consumidores cambien sus hábitos a largo plazo sino forzar a las empresas a ponérselo más fácil para que consumir de forma sostenible esté al alcance de todos. Y por ello la visibilidad concentrada de las acciones durante un periodo corto de tiempo es fundamental para que las empresas entiendan el mensaje. «Es necesario forzarnos no sólo a nivel individual, que eso lo puede hacer un número relativamente pequeño de personas […], es necesario presionar a nivel público y político al sector de la alimentación para que cambie sus prácticas de envasado», explica Miquel.

Por ello, el esfuerzo de tod@s es fundamental. Si te planteas sumarte al boicot, te damos algunos consejos para que sea más fácil:

  • Recuerda que en un boicot la visibilidad es clave. Habla a tus amig@s y conocid@s del boicot en el que estás participando y por qué es importante. Y habla también con tender@s y trabajador@s de los supermercados (aunque much@s de ell@s son l@s más concienciad@s, a pesar de las prácticas de las empresas en las que trabajan).
  • Comparte también en tus redes sociales artículos y noticias sobre el boicot, e incluso cambia de forma temporal tu foto de perfil.
  • Lleva tus propias bolsas a la frutería y tuppers a la pescadería y la carnicería. De nuevo, explica a client@s y tender@s por qué lo haces.
  • Pide agua del grifo en los restaurantes, aunque esté incluida la embotellada en el precio del menú. Explícale al camarero o camarera por qué lo haces.
  • Prepara la semana con antelación. Si piensas que vas a necesitar comprar algo totalmente indispensable que sólo puedes encontrar envuelto en plástico, porque no ofrecen más alternativas, cómpralo la semana de antes. Pero infórmate antes de las alternativas.
  • Practica el boicot positivo y compra en aquellos sitios en los que tengan prácticas más sostenibles.

Si quieres profundizar sobre la problemática del plástico, recuerda que hemos liberado nuestro Informe de Combate sobre el plástico. Los Informes de Combate son fichas sectoriales en las que repasamos de forma didáctica las principales características de una empresa o producto y sus problemáticas, además de aportar ideas de alternativas. Nuestr@s mecenas reciben en exclusiva los informes como agradecimiento al apoyo que nos ofrecen para poder seguir investigando de dónde procede lo que consumimos, aunque los liberamos de forma gradual. Si tú también quieres ayudarnos, puedes hacerte mecenas aquí desde tan sólo 15 euros al año.

Imagen: Zero Waste España